Temas beisboleros

El robo de bases

Sigfredo Barros

Corría una tarde calurosa del verano de 1865 cuando dos equipos jugaban al béisbol en una localidad norteamericana. El elenco Filadelfia Keystone colocó un corredor en primera base. Y, cuando nadie se lo esperaba, el hombre anclado en la inicial salió corriendo y llegó quieto a la segunda almohadilla.


Enrique Díaz, Víctor Mesa y Eduardo Paret (en la gráfica) fueron grandes robadores de base de nuestro béisbol. Foto: José Luis Anaya

Todo el mundo en el estadio rompió a reír. El árbitro fue hasta la intermedia y conminó al corredor a regresar, pero este le replicó que le enseñara una regla en el béisbol prohibiendo lo que él acababa de hacer. Sin proponérselo, Edgar Edward "Ned" Cuthbert se había convertido en el primer robador de bases de la historia.

Jugada siempre polémica, una de las más arriesgadas del béisbol, tuvo una época dorada a principios del siglo pasado, principalmente porque la pelota era muerta, con muy poco bote, los batazos de cuatro esquinas escaseaban y anotar carreras resultaba algo verdaderamente difícil.

Después, a partir de 1920, con el advenimiento de una bola mucho más viva por la aparición del centro de corcho y de caucho, comenzó una era de tremenda ofensiva, con bateadores capaces de conectar 40, 50 y hasta 60 jonrones. Ya no hacía falta arriesgar a un hombre, pues con un solo swing se podían marcar anotaciones, y por lo tanto estafar bases co-menzó a perder adeptos.

Con altibajos constantes, esta jugada se ha mantenido así hasta nuestros días. Un ejemplo: en la pasada 52 Serie Nacional se perpetraron 322 estafas en 368 juegos, a 0,875 por partido, lo cual dice a las claras que se prefiere depender del batazo. Como datos interesantes digamos que Enrique Díaz robó 726 en 26 campañas, para ser el líder; seguido por Víctor Mesa, 588 en 19 temporadas; mientras Eduardo Paret alcanzó 474 en 18 ediciones.

Valdría la pena preguntarse: ¿cuán difícil es avanzar una base únicamente apoyado en la velocidad?

Un reciente estudio realizado por expertos en esa nueva ciencia de la estadística llamada Sabermetria demuestra que los intentos de robar una base decrecen en un gran porciento a medida que es menor el tiempo en que el lanzador suelta la pelota y el receptor recibe, cambia la bola hacia la mano de tirar y dispara hacia la almohadilla.

De hecho, cuando pitcher y catcher combinan sus respectivos tiempos hasta reducirlos a tres segundos y 25 centésimas los intentos de robo sumaron 687, con el 61,4 % de efectividad. Pero con 15 centésimas más de demora, 3,40, el porciento de intentos exitosos se elevó hasta 68,7. Otras 15 centésimas más de tiempo al corredor, o sea, 3,55 segundos, permiten el 73,9 de éxito a los presuntos estafadores. Y si el lanzador y el receptor se demoran más allá de 3,55 los robos de bases aumentan hasta el 77,1 %.

El promedio de un buen receptor para recibir la pelota y tirar a la base es de dos segundos; el de un lanzador de movimientos rápidos en el box es de 1,4; sumados ambos es de 3,4. La coordinación necesaria entre los dos para reducir ese tiempo es primordial, teniendo en cuenta, además, que al corredor no le basta con ser rápido, tiene que ser también hábil y estudioso de las características del pitcher y el catcher rival.

A "Ned" Cuthbert le fue mucho más fácil hace casi siglo y medio atrás. Nadie lo esperaba. Hoy en día estafar una base es todo un arte.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

Subir

 

 

ecoestadistica.com