Después
del triunfo de la Revolución, Cuba ha obtenido 13 medallas en los
Torneos Centrobasket, principal termómetro del área, aunque ninguna
de ellas durante el presente siglo, en el cual existe una tendencia
marcada al retroceso del deporte de las canastas en la mayor de las
Antillas, así como un aumento gradual del nivel de los contrincantes
directos, entiéndase Puerto Rico, República Dominicana, México y
Panamá.
Como es lógico, el panorama resulta aún menos alentador si
extendemos el diapasón a todo el continente, donde Argentina, Brasil
y Venezuela —en menor medida— han escalado y siguen a la zaga de
Estados Unidos, tradicional dominador.
En la Isla, con nostalgia se suspira por los tiempos gloriosos
del metal bronceado en los Juegos Olímpicos de Munich 1972, o el
octavo y cuarto puesto en los Campeonatos Mundiales de 1970 y 1974
en Yugoslavia y Puerto Rico, respectivamente, e, incluso, por las
tres citas estivales consecutivas de las mujeres entre 1992 y 2000.
Precisamente, en la década del noventa se vibró como nunca con la
Liga Superior masculina, espectáculo que levantó tanta expectación
como la Serie Nacional de Béisbol, amén de los reñidos duelos entre
Capitalinos, Centrales y Orientales, jugados a altas temperaturas y
con aceptable calidad, la cual se reflejó en los conjuntos que
intervinieron en los Centrobasket de 1995, 1997 y 1999, en los que
lograron sucesivas coronas a costa de los quisqueyanos primero y dos
veces sobre los boricuas.
Todo eso desapareció de un porrazo, casi sin darnos cuenta se
apagó la fiebre del baloncesto en el archipiélago. Deserciones a un
lado, comenzó un abrupto descenso del que todavía no nos
recuperamos, a tal punto que en los últimos compromisos
internacionales, el Preolímpico del 2011 y el Centrobasket 2012, se
cosechó apenas una victoria (sobre la débil escuadra de Nicaragua) y
seis fracasos, cinco de ellos con diferencia superior a los 20
cartones.
"Es cierto que se ha retrocedido mucho, perdimos los puestos en
el área y el continente, dado también por el ascenso de los rivales.
Pero no buscamos excusas, debemos incrementar la labor para mejorar
los aspectos técnico-tácticos y las variantes estratégicas, que en
el baloncesto son infinitas, y no solo con los principales
jugadores, sino desde los municipios y las provincias", me confesó
en un reciente intercambio Tomás Herrera, otrora estelar de los
quintetos del patio y actual presidente de la Comisión Nacional de
Atención a Atletas.
Justo en dar prioridad a la correcta captación de los jóvenes y
la posterior atención a su desarrollo permitirá elevar de a poco el
nivel, diezmado también por el escaso fogueo internacional, el
alejamiento constante de la evolución de un deporte modernizado en
todos los sentidos, desde las estrategias y el arbitraje hasta los
estudios sobre el rendimiento y la capacidad de los atletas según su
físico.
Por supuesto, además del perfeccionamiento del trabajo en la base
y la superación de los árbitros, labores apremiantes, corresponde
analizar qué es lo mejor para los certámenes de primera categoría,
en los cuales se debe trabajar enfocados en el cumplimiento de
objetivos. No se trata de convertir los partidos en entrenamientos a
puertas abiertas, porque el espectáculo es imprescindible.
Sin dudas, no estamos frente el escenario más alentador, pero el
baloncesto necesita poner en práctica como nunca antes aquello de
"hacer más con menos", frase que no se puede tomar a la ligera. Se
precisa de empeño, sacrificio y disposición en todas las instancias,
no bastará solo con las ganas de los protagonistas en la cancha.
De momento, se ha dado un paso y por estos días, luego de tres
años de ausencia, con la participación de 15 provincias y 16 elencos
(dos por la capital) se efectúa el Torneo Nacional de Ascenso
—antesala de la Liga Superior—, el cual se creó con el firme
objetivo de dar juego a los inexpertos para desarrollar su talento,
que después probarían con más rigor en el de la lid cumbre. Esto,
sin dudas, representa un avance, aunque es preciso ir por más.