Horacio y el arte de enseñar la Historia

Entrevista con el profesor Horacio Díaz Pendás, Premio Nacional de Historia 2012

RAQUEL MARRERO YANES

Soy profesor. Simplemente así se presenta Horacio Díaz Pendás (Camagüey, 1946), porque así es como se ve y como lo reconocen quienes se han dedicado a la docencia. Su huella está en varias generaciones de maestros y profesores cubanos, latinoamericanos, e incluso de otras latitudes.

Foto: Yaimí RaveloHoracio Díaz Pendás.

En la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, donde es su vicepresidente primero desde el 2007 y, varios años antes, miembro de su secretariado permanente, también está su impronta. Bien merecido entonces el Premio Nacional de Historia 2012 que recibió el pasado sábado, "por la obra de toda la vida, por ser consecuente con el código de ética de los historiadores cubanos, y por sus resultados relevantes en la docencia".

"Enseñar Historia es un arte profundamente humano, donde la emoción y la pasión son ingredientes necesarios", asegura, convencido de que "hay que luchar por la utopía de lograr una cultura histórica, en la cual el pensamiento martiano sea un componente esencial, de que no sea en balde esforzarse por labrar en el alma humana porque la utopía, aun cuando para algunos parezca inalcanzable, tiene una cualidad extraordinaria: que ir en pos de ella nos hace avanzar".

Sus mensajes y reflexiones nos llegan con un lenguaje calmado, como si estuviera en el aula, porque, aunque ahora es metodólogo nacional del Ministerio de Educación y asesor a ese nivel para la enseñanza y la didáctica de la Historia, su corazón continúa inmerso en cómo lograr mejor formación de profesores de la especialidad.

Provechoso resulta escuchar sus consideraciones acerca de los cuatro ejes o ideas rectoras que no deben faltar en el estudio de la Historia. Se refiere al carácter de la actitud e intenciones para apoderarse de Cuba; la continuidad del proceso revolucionario cubano; el significado de la unidad y el socialismo, así como el papel desempeñado en la lucha por su realización por el liderazgo revolucionario, en particular el del compañero Fidel.

Asimismo, comenta que solo desde el conocimiento de la Historia se puede contribuir a la educación en valores porque su contenido posee un potencial educativo. y eso es lo que permite sembrar ideas, hacer pensar a los alumnos y formar valores.

Según este pedagogo, a la Historia le queda un largo camino de perfeccionamiento y mejoramiento en aras del desarrollo cultural, y en particular en la formación de valores y de formar mejores personas. "Sí creo que hay un camino sutil pero esencial en lo que el mensaje de la Historia puede dejar en los demás, el cual está apoyado en un argumento, en el arte de llegar al corazón de los demás.

"Cuanto he hecho hasta hoy y haré es con el propósito de hacer pensar y dialogar a alumnos y profesores, también a colegas, pero nunca trazar pautas", asegura, al mismo tiempo que aboga por la necesidad de estudiar a Martí.

 

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