En la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, donde es su
vicepresidente primero desde el 2007 y, varios años antes, miembro
de su secretariado permanente, también está su impronta. Bien
merecido entonces el Premio Nacional de Historia 2012 que recibió el
pasado sábado, "por la obra de toda la vida, por ser consecuente con
el código de ética de los historiadores cubanos, y por sus
resultados relevantes en la docencia".
"Enseñar Historia es un arte profundamente humano, donde la
emoción y la pasión son ingredientes necesarios", asegura,
convencido de que "hay que luchar por la utopía de lograr una
cultura histórica, en la cual el pensamiento martiano sea un
componente esencial, de que no sea en balde esforzarse por labrar en
el alma humana porque la utopía, aun cuando para algunos parezca
inalcanzable, tiene una cualidad extraordinaria: que ir en pos de
ella nos hace avanzar".
Sus mensajes y reflexiones nos llegan con un lenguaje calmado,
como si estuviera en el aula, porque, aunque ahora es metodólogo
nacional del Ministerio de Educación y asesor a ese nivel para la
enseñanza y la didáctica de la Historia, su corazón continúa inmerso
en cómo lograr mejor formación de profesores de la especialidad.
Provechoso resulta escuchar sus consideraciones acerca de los
cuatro ejes o ideas rectoras que no deben faltar en el estudio de la
Historia. Se refiere al carácter de la actitud e intenciones para
apoderarse de Cuba; la continuidad del proceso revolucionario
cubano; el significado de la unidad y el socialismo, así como el
papel desempeñado en la lucha por su realización por el liderazgo
revolucionario, en particular el del compañero Fidel.
Asimismo, comenta que solo desde el conocimiento de la Historia
se puede contribuir a la educación en valores porque su contenido
posee un potencial educativo. y eso es lo que permite sembrar ideas,
hacer pensar a los alumnos y formar valores.
Según este pedagogo, a la Historia le queda un largo camino de
perfeccionamiento y mejoramiento en aras del desarrollo cultural, y
en particular en la formación de valores y de formar mejores
personas. "Sí creo que hay un camino sutil pero esencial en lo que
el mensaje de la Historia puede dejar en los demás, el cual está
apoyado en un argumento, en el arte de llegar al corazón de los
demás.
"Cuanto he hecho hasta hoy y haré es con el propósito de hacer
pensar y dialogar a alumnos y profesores, también a colegas, pero
nunca trazar pautas", asegura, al mismo tiempo que aboga por la
necesidad de estudiar a Martí.