Por la semilla se empieza, pero…

Miguel Febles Hernández

Al analizar el incumplimiento de los planes en la producción de viandas durante el año recién concluido, las juntas directivas de algunas unidades de la provincia de Camagüey esgrimieron como pretexto, entre otras causas, el déficit de semilla para enfrentar la campaña de siembra, específicamente de boniato.

Foto del autorUn reto todavía no asumido por algunos: pasar a una agricultura de bajos insumos con un enfoque agroecológico y sostenible.

La historia, colmada de justificaciones, falta de gestión y promesas lanzadas al vacío, se repite una y otra vez, pues similares excusas se emplearon en calendarios anteriores, solo que entonces el "culpable" de los infortunios en el orden productivo fue, por ejemplo, el no contar oportunamente con semilla de yuca.

Tales argumentos se desvanecen cuando el doctor en ciencias Sergio Rodríguez Morales, director del Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT), asegura que su institución dispone hoy de bancos de germoplasmas con cientos de variedades de boniato, malanga, plátano, yuca y ñame.

Ese variopinto abanico de semillas de probado potencial genético ofrece a los productores la posibilidad de seleccionar la simiente que mejor se adecue a las condiciones climáticas y características del suelo de cada lugar, exigencia que los especialistas llaman interacción genotipo-ambiente.

¿Qué sucede entonces? Simple y llanamente que en algunas entidades no se aplica el axioma anterior y el empirismo infundado conlleva al empleo de semilla envejecida fisiológicamente, sometida al embate de plagas y enfermedades, todo lo cual repercute de manera negativa en los rendimientos agrícolas.

En otros lugares se ha descuidado, por no decir abandonado, la producción de semilla certificada en fincas especializadas para ello, y se incurre en la compra de clones a terceros (dentro o fuera de la provincia) sin mediar al menos un somero análisis de su calidad y posibilidades de adaptación al medio específico.

Con marcada insistencia, el director del INIVIT explica que el 50 % del incremento de los rendimientos agrícolas depende de la semilla y sus variedades, y el resto de los insumos, por lo que, antes de pedir fertilizantes y combustibles, debe seleccionarse primero que todo una simiente sana y de alto valor genético.

No observar ese principio elemental, unido a la chapucería en las siembras, la deficiente rotación de los cultivos y otras indisciplinas tecnológicas, provoca que se "entierren" recursos sin un respaldo productivo, causante también de los inconvenientes financieros que hoy presentan algunas entidades.

Si a tales problemas se suma el no óptimo aprovechamiento de las áreas bajo riego y el atraso en la puesta en marcha de nuevas inversiones, cabe suponer que los resultados disten de los propósitos de las autoridades locales para revertir la situación y deje de ser Camagüey dependiente de las importaciones de productos agrícolas desde otros territorios del país.

Diversificar las producciones, aplicar con mayor rigor la ciencia y la técnica, romper el quietismo y la pereza, y ejercer un mayor control a pie de surco, más que meras consignas de ocasión, constituyen exigencias inaplazables para una provincia que, además de ganadera por excelencia, debe vencer también esa asignatura que tiene pendiente aún.

 

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