Violeta se fue a los cielos, Pescador y Después de Lucía

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu

Violeta se fue a los cielos, del chileno Andrés Wood, es un biopic nada común y bien ordenado en su aparente desorden, ya que no sigue una disposición cronológica y, sin embargo, se extiende y atrapa al espectador como un tormentoso río poético, que no de otra forma se hubiese podido ahondar en el alma de Violeta Parra, tan múltiple ella que se resiste a cualquier encasillamiento. La línea referencial es una entrevista que se le hiciera por televisión a la cantante, en Argentina, en los años sesenta, y ahora reconstruida, en la que se lució con sus contestaciones ingeniosas, lo mismo en lo político que en lo referente a su arte. Estamos en presencia de uno de esos filmes que pueden tener un excelente director, como lo es Andrés Wood, un cuarteto de guionistas en estado de gracia (el cubano Eliseo Altunaga, entre ellos), una buena fotografía y todos los otros componentes que hacen grande a una película, pero que si no atina en la selección del actor o actriz en torno al cual girará la trama, corre el riesgo de quedarse poco menos que a media.

Pescador, filme ecuatoriano.

Felicitémonos entonces porque esa protagonista haya sido Francisca Gavilán, capaz de borrar el fino velo que pudiera existir entre la mujer que existió y la mujer que la representa, convincente en cada uno de sus estados anímicos, sin una sola nota que no sea la que debe ser; alegre y trágica, segura y derrumbada por el peso del amor, ciertas frustraciones y el paso de los años. Tendrá que trabajar duro la actriz para en el próximo empeño quitarse de encima esa piel que, como lo más natural del mundo, nos la hizo ver como si fuera la Violeta.

Si de actuaciones se trata, pongamos de pie igualmente a Andrés Crespo, el protagonista de Pescador, el atractivo filme ecuatoriano de Sebastián Cordero con un guion movidito que habla de hechos reales ocurridos en una playa cuando un lugareño encuentra varios paquetes de cocaína... y a partir de ahí se hila una trama de ficción. El personaje de Crespo es el de un muchachón simplote que ni siquiera sale a pescar, vive de lo que puede y hace de su existencia un paseo de torpezas. Hasta que el camino de la droga como posible vía para salir de la miseria se le convierte en una suerte de aprendizaje. Nada que ver la historia con las películas al uso, llenas de tiros y de violencia. Aquí se narra desde la personalidad del protagonista, capaz, con mucha improvisación, de construir un personaje metáfora de los tiempos que corren, lo que unido a un guion bien estructurado en sus connotaciones de thriller, hacen de Pescador un filme para tener en cuenta.

¿Y si usted es padre y pasa por una experiencia similar a la que se plasma en Después de Lucía, qué hace? Sería interesante realizar una encuesta entre los espectadores, porque la historia va acumulando tanta rabia hacia los estudiantes que abusan de su nueva compañera, que el sentimiento de venganza se respira entre butacas. Sin embargo, el filme mexicano de Michel Franco está lejos de ser un justificado vengador anónimo al estilo de las cintas de Charles Bronson, entre otras razones porque la injusticia termina anidando en los dos bandos en contienda, con lo que se hace ver que los desboques emocionales también son un peligro. Exhibiendo una encomiable profesionalidad en este, su segundo filme, el director narra desde una visión objetiva y sin estridencias. Hay un pequeño tour de force en el guion cuando hace viajar a la joven Alejandra con sus compañeros a Veracruz, sabiendo ella que no puede esperar nada bueno de ellos, pero hacía falta una justificación para el desencadenamiento de lo que vendrá, paso previo a la interrogante que quedará flotando con el fin en pantalla: ¿Y si usted fuera un padre de familia... ?

 

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