El joven esquema regional tiene ante sí la convicción de que solo
reconociendo las diferencias, se podrá revertir la realidad de
nuestros pueblos. Precisamente, desde la multiplicidad de sus 33
países miembros, encontrará la unidad y hará realidad el proyecto
independentista esbozado por nuestros próceres.
Históricamente, todo tipo de avance integracionista ha sido
saboteado por Estados Unidos. Sin embargo, sus intentos han
tropezado con la voluntad de integración de un "pueblo sin piernas
pero que camina", como asegura el estribillo de una popular canción.
Las aspiraciones de Bolívar y Martí cobran un nuevo aire tras la
"triste noche neoliberal" de la que habló el presidente ecuatoriano
Rafael Correa. Sus preceptos acompañan hoy la experiencia de
integración que se forja al sur del Río Bravo.
La puesta en marcha en diciembre del 2011 de la CELAC demostró
que más que de una proliferación de esquemas, de lo que se trata es
de concebir una asociación que dé al traste con el fantasma
paramericanista que por años se ha servido de estas tierras.
El eje fundamental del organismo latinoamericano y caribeño es el
llamado al fortalecimiento de las relaciones internacionales desde
la construcción de un sistema multilateral basado en el respeto a la
soberanía y autodeterminación de los pueblos. Igualmente, al
reconocimiento de la igualdad de los Estados, el rechazo a la
amenaza y uso de la fuerza, las normas del derecho internacional, la
promoción de los derechos humanos, la democracia y el impulso de una
agenda regional concertada políticamente en los diversos foros
internacionales.
El mapa geoestratégico regional refleja en la actualidad un nuevo
equilibrio. El nacimiento de la CELAC es muestra de ello. Nació bajo
el concepto de promover la unión bajo un modelo de desarrollo
sostenible, con la consecuente cooperación entre los mecanismos de
concertación actualmente existentes.
Al respecto, el doctor Antonio Romero Gómez, presidente de la
Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana,
declaró a Granma que muchas veces "se ha manejado cierta idea
del aislamiento de los países caribeños, de que no existe como tal
una identidad latinoamericana y caribeña".
"La construcción de la CELAC implicó romper con esos paradigmas y
tener una América Latina y el Caribe agrupados con una voz única en
los foros internacionales, una cuestión que pasa, evidentemente, por
la construcción de una identidad propia", precisó Romero.
Hace un año en Caracas, el Presidente de los Consejos de Estado y
de Ministros, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, destacaba la
fortaleza regional frente a "la crisis global", pero advertía de las
"deformaciones que obstaculizan el desarrollo", como la pobreza y el
desigual reparto de la riqueza. El Presidente cubano calificaba a la
Celac como "nuestra obra más preciada".
"Simbólicamente, consolida el concepto de una región unida y
soberana, comprometida con un destino común", destacaba Raúl,
mientras recordaba que "en términos estratégicos, nos brinda el
instrumento político requerido para aunar voluntades, respetar la
diversidad, resolver diferencias, cooperar por el bien de nuestros
pueblos y solidarizarnos los unos con los otros. Su éxito dependerá
del carácter y la sabiduría de sus miembros, que somos las 33
naciones independientes situadas entre el Río Bravo y la Patagonia".
A un año de su conformación y en el contexto del Bicentenario del
ciclo independentista latinoamericano y caribeño, esta unidad es el
resultado de un nuevo momento político en la región. Porque,
parafraseando a la Segunda Declaración de La Habana, esta gran
Latinoamérica ha dicho basta y ha echado a andar.