Posiciones como esta y la de Estados Unidos, que una vez más dio
la espalda al mundo y votó contra el inofensivo reconocimiento a un
pueblo mutilado y agredido, constituyen otra bofetada a la paz y una
contribución al descrédito de la organización creada para su
salvaguarda.
Sin embargo, lo ocurrido en la sala de plenarias de la ONU
evidencia lo necesitado que está el mundo de que, tanto Israel como
Estados Unidos, cambien su política contra la población palestina y
atiendan el reclamo universal de que se cree y respete un Estado
Palestino libre e independiente.
¿Hasta cuándo esa población árabe va a seguir viviendo como paria
en su propia tierra?
¿Olvidan Washington y Tel Aviv que en el año 1947, precisamente
un 29 de noviembre, la Resolución 181 de la ONU decidía la
constitución de dos estados, uno judío, que se constituyó con el
nombre de Israel y otro árabe, que no ha podido gestarse debido a
las continuas masacres, ocupación territorial, y prohibición de
regreso de los palestinos que tuvieron que abandonar su Patria por
tales felonías?
Israel se ha sentido y se siente seguro por al apoyo militar de
Estados Unidos —más de tres mil millones de dólares en armas cada
año— y diplomático —vetando cualquier posible resolución del Consejo
de Seguridad y otros organismos bajo control norteamericano.
Por eso es que Netanyahu sentenció recientemente que "la decisión
en Naciones Unidas no cambiará nada sobre el terreno".
Por su parte, el ministro de Exteriores israelí, Avigdor
Lieberman, expresó que la aprobación en la Asamblea de la ONU de la
resolución palestina provocaría "una respuesta extrema por nuestra
parte".