El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, pidió a
los países europeos que las dificultades económicas actuales no se
usen como "excusa" para reducir el gasto en defensa.
Rasmussen utilizó la vieja técnica del miedo al exterior para
justificar los multimillonarios desembolsos a la industria bélica,
cuando en la región se mutila el gasto público en salud y educación
y se destruye el estado de bienestar general que tomó generaciones
construir.
Europa debe estar preparada para intervenir en caso de nuevos
conflictos, aseguró el secretario general de la Alianza Atlántica
durante una comparecencia ante la comisión de Asuntos Exteriores del
Parlamento Europeo.
Al parecer, Rasmussen no tiene suficiente con las miles de bajas
por "daños colaterales" que han causado las intromisiones de la OTAN
en conflictos como el de Kosovo y Libia, y ya apunta a nuevos
objetivos, entre los que seguro se encuentra el codiciado territorio
sirio.
Sin embargo, las potencias hegemónicas europeas tienen problemas
mayores de los que ocuparse en sus propias casas, como millones de
personas que carecen de empleo y el malestar social de los
ciudadanos por cargar las responsabilidades de una crisis que
provocaron los ricos.
Cabe preguntarse entonces: ¿estará la "culta" Europa dispuesta a
cambiar los lápices de sus escuelas por las balas con que se somete
al mundo? A esta encrucijada los ha conducido un sistema económico y
social agotado, cuya permanencia pone en riesgo el futuro de la
humanidad.