El odio no perdona

ALFONSO NACIANCENO

Respeto a Fidel Castro. La frase, en boca de Ozzie Guillén, manager del equipo de béisbol Marlins de Miami, produjo en aquella ciudad una avalancha de opiniones pidiendo guillotina para el mentor, porque con sus palabras a la revista Time cometió el mayor error de su vida.

Guillén en la rueda de prensa.

Suspendido de empleo y sueldo durante cinco partidos, el venezolano corrió desde Filadelfia (donde jugaban) para su obligado acto de constricción en conferencia de prensa, en la Pequeña Habana, un intento por calmar a Carlos Giménez, alcalde del condado Miami-Dade; al comisionado de la ciudad, Joe Martínez, y a Lincoln Díaz-Balart, quien desde su silla del restaurante Versailles no faltó entre los ofendidos que "respetan los principios de vivir en un país libre de condenar ese comentario".

Antes de la conferencia de prensa circuló un comunicado que exigía a Guillén "dejar en claro" sus opiniones sobre Fidel. Ya entonces el revuelo de los corifeos incitaba a los fanáticos de los Marlins, por radio, televisión, correos electrónicos y de boca en boca a no presenciar los partidos del elenco si el venezolano permanecía en su dirección.

Similar repulsa afrontó el manager cuando en el 2005, al ganar la Serie Mundial con los Medias Blancas del Chicago, gritó ¡Viva Chávez! Ahora, su arrepentimiento bajo coacción y el ultraje a su dignidad marcaron un récord, ante el odio visceral de la mafia de Miami.

 

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