Cine joven cubano

Muestra por el riesgo

MICHEL HERNÁNDEZ

Como cada año, la esperada muestra de nuevos realizadores congregó en la Sala Charles Chaplin a un público mayoritariamente joven e interesado en ver en las pantallas cubanas diferentes dimensiones de su realidad, planteadas de una manera sincera, inteligente y creativa.

Cada vez que la Muestra Joven se logra llevar a cabo es un voto a favor de un cine participativo que apuesta por el riesgo, la valentía y la edificante polémica, (¿por qué no?). Un cine que esboza audaces y necesarias miradas en torno a la sociedad cubana y espejea las múltiples inquietudes que mueven el motor artístico de las nuevas generaciones de creadores.

Pero muchos de los planteamientos cinematográficos esbozados por los realizadores no deberían pasar como un mero asunto anecdótico. De hecho, pudieran beneficiarse de mayor atención mediática ya que contribuyen con franqueza y naturalidad a revelar diversas situaciones que inciden en la sociedad y permiten, entonces, buscar soluciones y estrategias para dilucidarlas.

En tal sentido, se deben instaurar alternativas que ensanchen los horizontes de este encuentro y faciliten exhibir sus obras en otros circuitos cinematográficos así como en espacios televisivos diseñados para ello —algo y no poco ya se está haciendo—, lo que tributaría considerablemente al desarrollo profesional de los noveles cineastas y a su imprescindible vinculación con un sector de público más amplio. Eso, quién lo duda, contribuiría de forma eficaz a que los jóvenes realizadores amplíen su radio de acción y se beneficien de otras vías de promoción más allá de la Muestra, de sus espacios adyacentes, y de la consabida divulgación de sus obras de mano en mano, a través de los más variados soportes electrónicos.

Como otros de los logros incontestables de la cita cabe señalar que, poco a poco, ha sabido implementar mecanismos orientados a estimular la creación audiovisual, aunar la creciente producción fílmica realizada de forma independiente y visibilizar la responsabilidad social asumida por los nuevos cineastas cuando se las agencian para colocarse detrás de las cámaras. De manera similar, se puede decir que ha favorecido que se mire, con nuevos ojos, el acercamiento del cine joven a la realidad social por compleja que sea, y lo ha hecho mediante la proyección de materiales que confirman definitivamente el compromiso generacional de sus autores con su época y con los derroteros del país, enfoque que ha sostenido este evento desde que comenzó a dar sus primeros pasos.

En esta oncena edición, dedicada a la joven directora de fotografía, Yanay Arauz, recientemente fallecida, concursaron 87 obras en las diversas categorías en competencia. El jurado, presidido por Miguel Coyula, e integrado además por Daniel Díaz Ravelo, Beatriz Viñas, Yanelvis González y Rubén Valdés, concedió el premio en el rubro de Mejor Documental a De agua dulce, de Damián Saínz, y en el apartado de mejor ficción salió vencedora Camionero, de Sebastián Miló. Esta última también obtuvo el lauro en Mejor Música Original, a cargo de Yoan Yabor.

Entretanto, el galardón en la categoría de Mejor Animación lo alcanzó Uvero, de Arian Enrique Pernas; mientras que el Premio al Riesgo y Búsqueda Artística recayó en La piscina, de Carlos M. Quintela. Por su parte, la Asociación Hermanos Saíz reconoció a Un adiós es suficiente, de Israel Consuegra y Liz López.

Durante la Muestra también se impulsaron jornadas de debates, encuentros teóricos y quedaron inauguradas las exposiciones fotográficas El hombre nuevo, de Jaime Prendes y El viaje, de Alain Aspiolea.

 

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