Mondrian esquina a Gervasio

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Que sepamos, Piet Mondrian nunca estuvo en La Habana. El pintor holandés de la vanguardia (1872-1944), uno de los más conspicuos representantes del arte no figurativo que floreció en Europa entre las dos conflagraciones mundiales del siglo pasado, estuvo demasiado ocupado en entendérselas con un medio al que debía convencer de las posibilidades de la geometría, la línea pura, y los colores planos y brillantes como para mirar hacia otra parte del mundo en su época. Cruzó el Atlántico para morir en Nueva York, sin llegar a conocer el fin de la ocupación nazi de Europa occidental.

Sin embargo, por obra y gracia del ingenio de un joven creador cubano, Alain Cabrera Fernández (La Habana, 1980), Mondrian ha terminado por habitar diversos espacios de la ciudad bañada por la corriente del Golfo. Lo hace desde la exposición Mondrian en La Habana, que ocupa este mes parte de la Fototeca de Cuba.

Alain ha captado con la cámara fotográfica imágenes de las edificaciones y los motivos arquitectónicos de la urbe, deteniéndose en Centro Habana y la Habana Vieja, donde todavía el ingente esfuerzo restaurador convive con las heridas del paso del tiempo.

Estas imágenes no trascenderían el registro tópico si no fuera por la apropiación que hace Alain de los elementos mondrianianos para yuxtaponerlos a sus composiciones. No estamos ante una operación del azar, sino advertimos el fruto de un ejercicio conceptual de evidente carga semántica.

Alain interviene las fotografías con acrílico, traza líneas de color negro para delimitar los rectángulos de colores primarios que les otorgan un sentido contrastante a las fotos originales. De modo que el espectador puede establecer un contrapunto entre la ciudad deconstruida y el rigor geométrico, y derivar de ese paralelo una metáfora que habla de la necesidad de rescatar la memoria física de La Habana.

Con esta muestra, Alain Cabrera aporta indudablemente una bocanada de aire fresco a los usos fotográficos del día, y logra, de paso, que el ilustre pintor holandés se dé una vuelta por Aguacate o Aguiar, por Ánimas o Gervasio.

 

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