Nos referíamos entonces a esas personas que, de manera
irresponsable, se han dedicado a "pinchar las tuberías y conectarse"
con el propósito de obtener beneficios personales, como ha estado
ocurriendo en la conductora Hanabanilla, encargada de suministrar
agua a las provincias de Villa Clara y Cienfuegos.
A partir de aquel artículo se generó un proceso investigativo
acometido por la Fiscalía en la provincia, con el concurso del
Instituto de Recursos Hidráulicos y otras autoridades del
territorio, el cual arrojó lo que todos sabíamos, un imperdonable
derroche en el que han estado involucrados particulares y entidades
estatales.
Por lo visto en el terreno, las cifras iniciales —que daban una
pérdida diaria, solo en la conductora Hanabanilla-Santa Clara, de
cerca de 30 000 metros cúbicos del agua destinada al abasto de la
población, volumen suficiente para satisfacer la demanda de casi 70
000 personas—, quedaron muy por debajo de las expectativas.
De acuerdo con el informe emitido por la Fiscalía, a partir del
control efectuado entre los meses de marzo y abril del presente año,
en cinco recorridos por determinados tramos de la mencionada
conductora, que incluyó visitas a la finca Jíquima, así como a los
asentamientos Porvenir, Biajaca, Guacacoa, Jorobada y Manacal, las
pérdidas totales de agua están calculadas en aproximadamente 41
litros de agua por segundo.
Durante la comprobación, en la que fueron entrevistados varios
productores, tenedores de tierra y residentes en dichos
asentamientos, pudo corroborarse el grado de impunidad e
indisciplina social reinantes en esos lugares, favorecidos por la
falta de sistematicidad y control por parte de los organismos
encargados de supervisar esas tuberías.
Cabría preguntarse cómo es posible que a la vista de todos, y a
veces hasta con el consentimiento de funcionarios y dirigentes de
empresas, cooperativas y CCS, sean manipuladas válvulas de desagüe o
se abran orificios por donde brota el agua, la cual "por casualidad"
casi siempre va a parar a una finca particular o a un
establecimiento estatal.
En otros casos, se conectaba una manguera o un tubo, encargado de
conducir el líquido hasta un dique de arroz, un campo de frijoles,
cebolla u otros cultivos, entre otros destinos. Como era de esperar,
muy pocos aludidos reconocieron su culpabilidad en el ilegal
proceder.
Un nuevo operativo realizado a inicios del mes de junio a la
conductora Hanabanilla-Santa Clara, en el tramo comprendido entre la
comunidad de La Cidra hasta la Finca Los Cocos, arrojó otras luces
al problema y nuevas ilegalidades.
En la mencionada comunidad fueron eliminados dos salideros que
dilapidaban un estimado de entre 20 y 30 litros de agua por segundo,
y en la parada Los Coquitos fue detectada una acometida ilegal de
cuatro pulgadas, usada para el riego en la Empresa Pecuaria El
Tablón, desconectándose, además, de la tubería principal, una
conductora que abastecía al poblado de Barajagua, todos
pertenecientes a la provincia de Cienfuegos.
De igual manera, en El Tablón se suprimió una acometida de dos
pulgadas, utilizada con fines de riego en el organopónico Los Cocos
y resultó eliminado otro acceso ilegal destinado al riego de diques
de arroz.
Las multas impuestas a los violadores —bastante pálidas por
cierto, cuatro a personas naturales y una a persona jurídica por un
valor total de 1 550,00 pesos (MN), así como las Obligaciones de
Hacer, que deben ser cumplidas con carácter permanente—, jamás
podrán reparar el daño económico y moral ocasionado por tanta
impunidad.
Aunque resulta innegable que muchas veces el desperdicio ha
estado asociado a salideros provocados por los más de 30 años de
explotación de las conductoras, lo cierto es que una gran parte de
los volúmenes de agua disipados se escapan por esos agujeros
ilícitos provocados por la mano del hombre.
De acuerdo al dictamen de la Fiscalía en Villa Clara, la comisión
de estos delitos ha estado favorecida por el insuficiente número de
inspecciones realizadas por parte de los organismos encargados de
esa función en la Delegación del Instituto Nacional de Recursos
Hidráulicos en el territorio, entidad que entre el 2008 y el 2011
solo realizó tres revisiones.
Una vez más resulta evidente que, cuando el descontrol y la falta
de vigilancia se enseñorean de una tarea, nace el caldo de cultivo
para la indisciplina y la pérdida de los recursos que la sociedad y
el país necesitan en su afán por desarrollarse.