El
3 de enero de 1961 el secretario de Estado de Estados Unidos,
Christian Herter, en nota diplomática dirigida a la Cancillería
cubana anunciaba el rompimiento de relaciones diplomáticas y
consulares con la República de Cuba en una decisión unilateral, que
marcaba un hito trascendente en el diferendo que durante dos años
marcaron las relaciones entre ambos gobiernos.
Como causal para la ruptura el gobierno de Estados Unidos usó una
nota verbal entregada por la Cancillería cubana a la embajada
norteamericana veinticuatro horas antes, en la que ratificaba a esa
misión diplomática la decisión del Gobierno Revolucionario de
disminuir el número de personas en ambas representaciones
diplomáticas.
...en las circunstancias actuales el personal de la Embajada y
Consulado de Cuba en la Ciudad de Washington, diplomático, consular,
o de otra índole, cualquiera que sea su nacionalidad, no exceda de
once personas. Asimismo ha decidido que el personal de la Embajada y
Consulado de Estados Unidos en la ciudad de La Habana, diplomático,
consular, o de otra índole, cualquiera que sea su nacionalidad, sea
también limitado a once personas.
Avalada por las normas jurídicas del derecho internacional
contenidas en el derecho consuetudinario y ratificadas por la
Convención de Viena en ese mismo año, la decisión del Gobierno
Revolucionario tenía en cuenta, entre otras, las reiteradas
actividades de espionaje y conspiración en las que se involucraron
funcionarios y trabajadores de la embajada norteamericana
violatorias de las normas jurídicas internacionales establecidas
para todo personal representante de un Estado ante otro Estado,
cualquiera fuese su nivel jerárquico.
El triunfo de la Revolución cubana el primero de enero de 1959
con nuevos principios y una proyección político- social hacia el
rescate de una verdadera independencia históricamente soñada por el
pueblo cubano, afrontó una sutil hostilidad desde los cuatro
primeros meses de su llegada al poder,
La primera medida tomada por el Gobierno Revolucionario, el 9 de
enero de 1959 fue la solicitud al gobierno norteamericano sobre la
extradición de Rolando Masferrer Rojas y Julio Laurent reclamados
como criminales de guerra, con causas pendientes con la justicia
cubana. Esta y otras reclamaciones posteriores fueron desoídas.
En ese mismo mes de enero fue solicitado al gobierno
norteamericano la salida, con prontitud, de los miembros de las
misiones militares estacionados en el campamento de Columbia (hoy
Ciudad Libertad) y que actuaban como asesores en las ramas de
ejército, aérea y naval del ejército de la dictadura.
La hostilidad, que se transformaría en relaciones verdaderamente
conflictivas, se desató completamente al publicarse la Ley de
Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959.
El 11 de junio, a un mes escaso de publicada la ley, el embajador
norteamericano Phillip Bonsal expresaba en nota diplomática enviada
a la Cancillería cubana, que las leyes agrarias aunque eran
"programas para el mejoramiento rural, sensatamente concebidos y
ejecutados, incluyendo la reforma de la distribución de las
tierras en ciertas áreas puede contribuir a un mayor nivel de vida,
a la estabilidad política y al progreso social (¼ ) si la
propiedad fuese expropiada por el Estado debe haber pago anticipado
de la propia indemnización, en efectivo, en la cantidad
judicialmente determinada (¼ ) el texto de la Ley Agraria cubana
da seria preocupación al gobierno de los Estados Unidos de América
respecto a las adecuadas previsiones referentes a las compensaciones
a los ciudadanos norteamericanos cuyas propiedades serían
expropiadas¼ ". Terminaba el documento con dos párrafos enfáticos al
derecho que asistía a los inversionistas norteamericanos de ser
escuchados "¼ por ser factores potenciales constructivos de la
expansión de la economía cubana (¼ ) por las tradicionales
relaciones de amistad y económicas que ligan tan estrechamente ambas
naciones¼ ".
La respuesta de la Cancillería cubana, firmada por Raúl Roa, no
se hizo esperar:
La preocupación fundamental que traduce la nota de referencia
—suma y compendio de reservas, prevenciones y reparos que contiene—,
es la forma de pago adoptada por el Gobierno Revolucionario de Cuba
para indemnizar a los ciudadanos norteamericanos cuyas propiedades
pudieran ser objeto de expropiación a tenor de la Ley de Reforma
Agraria.
... la estabilidad democrática del pueblo cubano es facultad
inalienable del Gobierno Revolucionario dictar, en el ejercicio de
su soberanía y al amparo de tratados, convenciones y pactos de
carácter universal, las medidas que juzgue más adecuadas para
impeler y asegurar el desarrollo económico, el progreso social¼ [y]
se arroga la facultad de decidir lo que estime más acorde con los
intereses vitales del pueblo cubano, y no admite, ni admitirá,
ninguna indicación o propuesta que tienda a menoscabar, en lo más
mínimo, la soberanía y la dignidad nacionales.
Comenzaba así la escalada de acciones contra el proceso
revolucionario, que en el ámbito diplomático presentaron diversas
expresiones y esferas de acción: campañas mediáticas anticomunistas,
las reclamaciones de empresas norteamericanas afectadas por la ley
agraria; las declaraciones diversionistas de funcionarios de alto
rango; el apoyo a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA)
a grupos contrarrevolucionarios internos y externos, los sabotajes y
conspiraciones, que cobraron cientos de víctimas a nuestro pueblo.
El periodo que abarca los dos conflictivos años revolucionarios
en que permanecieron activas las relaciones diplomáticas y
consulares entre Cuba y Estados Unidos, se caracterizaron por una
hostilidad palpable en el contenido de las notas diplomáticas
cursadas entre ambas representaciones, por el carácter marcadamente
prepotente, irrespetuoso y hasta cínico que tuvo el embajador
acreditado o su encargado de negocios, y las respuestas dignas,
claras y tajantes de la Cancillería cubana.
Desde los primeros momentos, hubo, no obstante, agentes y espías
ligados a las redes de inteligencia norteamericanas que operaban en
el país, y mercenarios pagados que actuaron, durante ese periodo, en
actividades contra la revolución cubana.
El 2 de febrero de 1959 fue arrestado a bordo de una avioneta que
entró ilegalmente al territorio cubano, el ciudadano norteamericano
Allen Robert Nye. La tarea encomendada: atentar contra la vida de
Fidel Castro.
A fines de marzo de ese mismo año, fue detenido en la ciudad de
La Habana el piloto Austin F. Young, quien resultó ser agente de la
CIA con la misión de realizar un canje ilegal de moneda nacional por
dólares norteamericanos; expresó que había sido contratado a través
de otro norteamericano en Santo Domingo, con el objetivo de
transportar esbirros del ex gobernante cubano hacia Estados Unidos.
Leyes y disposiciones revolucionarias eran progresivamente
tomadas por el Gobierno Revolucionario: desde la solicitud de retiro
sin reemplazo de las misiones militares norteamericanas convenidas
con el gobierno de la dictadura como asesores, el establecimiento de
los tribunales revolucionarios, y la intervención de la Cuban
Telephone Company, hasta las leyes y decretos de beneficio popular
como la rebaja de un 50%, 40% y hasta 30% en el pago de la vivienda,
la creación del Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas, la puesta
a disposición del pueblo de las playas eliminando su privatización,
y muchas otras que iban cumplimentando el Programa del Moncada.
El 4 de marzo de 1960, una fuerte explosión estremeció la ciudad
de La Habana. En los muelles de Luz, del puerto habanero, estalló el
barco francés La Coubre, portador de una carga de armamentos y
parque comprados, con el apoyo del pueblo, para el Ejército Rebelde.
Dos pavorosas explosiones, que dejaron como saldo con una diferencia
de unos veinte minutos entre una y otra, unos 100 muertos y más de
200 heridos.
Ese día nacería, al despedir el duelo de las víctimas fatales, en
la emocionada voz de Fidel, la consigna que nos ha acompañado por
más de cincuenta años de ¡Patria o Muerte!
El 25 de marzo de ese año, en nota verbal al embajador Phillip W.
Bonsal, la Cancillería cubana expresaba el desagrado que provocaban
en el gobierno las recientes declaraciones públicas del secretario
de Estado norteamericano Christian Herter, aparecidas en la prensa
de Estados Unidos; el alto dirigente diplomático, refiriéndose a
Cuba, declaró: "Ciertamente hay simpatizantes comunistas que ocupan
altos cargos en el gobierno cubano del Primer Ministro Fidel Castro¼
No es posible decir afirmativamente que Cuba es comunista, pero
algunos de los actos del gobierno de Cuba parecen como si siguieran
una pauta comunista¼ Todos los países latinoamericanos están
interesados en esto, ya que tienen un pacto entre ellos con respecto
a los gobiernos comunistas".
En los primeros meses del año 1960 comenzó a transmitir desde una
isla de Honduras, la estación Radio Swan. Sus transmisiones,
cargadas de resentimientos y burdas mentiras para crear la duda y
confundir a la opinión pública nacional e internacional, cubrían en
onda corta nuestro país y todo el Caribe con programas grabados en
Miami y retransmitidos desde esa Isla. La Voz de los Estados Unidos
de América y otras emisoras de onda corta surcaron el éter, casi de
inmediato, con sus campañas mediáticas contrarrevolucionarias.
El sabotaje en centros de trabajo para crear temor en la
población, el fomento de bandas contrarrevolucionarias en el macizo
central del Escambray, la malsana Operación Peter Pan que sacó del
país a miles de niños por la "amenaza comunista de suprimir la
Patria potestad de los padres", y muchos más, son ejemplos de cómo
operaba el imperialismo y la reacción.
Destruido por sus propias bombas, el piloto de la avioneta que
bombardeaba el central España en la provincia de Matanzas fue
identificado como Robert Ellis Frost, ciudadano norteamericano, con
carta de salida de vuelo registrada en el aeropuerto de Tamiami,
Florida. Otra avioneta Apache con el No. N-4365-P fue capturada en
la carretera Habana-Mariel, el 12 de mayo de 1960, resultando muerto
su piloto, el ciudadano norteamericano Mathew Edward Duke, con
licencia de vuelo de la Florida, residente en Palm Beach, Florida.
Como consecuencia de esta acción fueron arrestadas cinco personas
que serían recogidas por Duke con destino a Miami.
Desde el comienzo de la zafra azucarera en 1959 hasta su
terminación en el primer semestre de 1960 hubo cientos de vuelos de
avionetas procedentes del norte, bombardeando centrales azucareros y
campos de caña para entorpecer la producción de ese principal, en
aquellos momentos, producto de exportación.
Otro hecho singular y significativo fue el avanzado proyecto de
invasión promovido por el sátrapa Rafael Leónidas Trujillo,
"presidente vitalicio" de República Dominicana, en colaboración con
altos ex personeros del ejército batistiano y malversadores del
erario cubano, actividad que devino fracaso y burda fantochada
arruinada por las fuerzas de seguridad cubanas.
En los primeros días de julio de 1960 mediante proclama
presidencial y como forma de presión económica a la Revolución, el
presidente norteamericano Dwight Eisenhower redujo 700 000 toneladas
de la cuota azucarera de Cuba en el mercado norteamericano.
El 6 de julio de ese año 60, el presidente Dorticós y el Primer
Ministro Fidel Castro firmaron la Resolución No. 1 del Poder
Ejecutivo, nacionalizando las principales empresas estadounidenses
registradas en el país, como forma de compensar las pérdidas que
causaría la disminución de la cuota azucarera cubana decretada por
Estados Unidos, proteger la economía del país, y mantener la
decisión de independencia económica por la que había apostado la
Revolución. En octubre, la Ley 890 decretaba la nacionalización, por
expropiación forzosa, de todas las empresas norteamericanas en Cuba.
El 6 de julio de 1960, fueron detenidos los ciudadanos
norteamericanos William G. Friedmann y Edwin I Sweet, ambos
agregados legales auxiliares de la misión diplomática de Estados
Unidos. Friedmann, sobre el cual se interesó especialmente la
embajada yanki, resultó ser miembro del Buró Federal de
Investigaciones (FBI), según constaba en documentos de su propiedad
encontrados entre sus pertenencias.
El 11 de septiembre de 1959 había sido arrestado el sargento
Stanley Wesson en casa del comandante Claudio Medel en los momentos
en que las autoridades cubanas de seguridad detuvieron a este último
por actividades diversionistas y contrarrevolucionarias. El sargento
Wesson al ser detenido se presentó como agregado de la embajada de
Estados Unidos en La Habana y miembro de la guardia de seguridad de
la Marina de Estados Unidos.
Un informe del Departamento de Investigaciones del Ejército
Rebelde (DIER), fechado el 16 septiembre del 60, daba a conocer a la
Cancillería cubana que por informaciones recibidas se practicó una
operación en el apartamento 182 del edificio del Retiro Médico en el
Vedado, alquilado por Mario Nordio, ciudadano italiano y profesor de
baile de los hoteles Riviera y Habana Libre. Al practicarse un
registro en ese apartamento fueron sorprendidos la señora Marjorie
Lennox, empleada de la embajada norteamericana, y tres ciudadanos de
esa nacionalidad, Eustace Dan Brunet, Edmund K. Taranke y Daniel L.
Carswell de los que se conocía pertenecían a una banda de agentes
infiltrados en Cuba. En el registro fueron ocupados diversos equipos
de grabación y transmisión y uno de ellos tenía una llave del
apartamento 221 que resultó ser propiedad de la señora Marjorie
Lennox. Al ser localizado el señor Nordio iba acompañado del
ciudadano norteamericano Robert L. Neet. Los hechos demostraban las
estrechas relaciones de estos empleados de la embajada
norteamericana con esa banda de espías.
La señora Lennox y Robert L. Neet fueron puestos en libertad y se
instruyó a la embajada de los Estados Unidos la salida de ambos del
territorio nacional declaradas como personas non grata. El
resto de los detenidos de nacionalidad norteamericana, y Mario
Nordio de nacionalidad italiana quedaron sujetos a la jurisdicción
de los tribunales revolucionarios.
En el caso de Marjorie Lennox y Robert L. Neet, empleado también
de la embajada norteamericana, estaba la presunta participación de
ambos en las actividades de espionaje contra la agencia de noticias
china Xinhua, descubiertas en los primeros días de ese propio mes de
septiembre.
El día 23 de septiembre la Cancillería cubana solicitaba a la
embajada norteamericana "la salida del territorio nacional de la
señorita Carolyn O. Stassey, empleada de esa misión diplomática por
realizar actividades ilícitas que afectaban las relaciones entre
ambos países".
Estos hechos comprobaban la veracidad de las notas de protesta
denunciadas y enviadas por la Cancillería cubana a la representación
diplomática norteamericana, al Consejo de Seguridad de la ONU y
planteado en la VII reunión de Ministros de Relaciones Exteriores,
sobre las reiteradas actividades de espionaje, conspiración y
subversión realizadas por ciudadanos norteamericanos en ostensible
conexión con elementos contrarrevolucionarios cubanos, como
violatorias de todos los tratados, convenciones y prácticas
internacionales en uso. En todos los casos mencionados la
Cancillería cubana solicitó la salida de los implicados del
territorio nacional declarándolos personas non grata.
En el ámbito internacional el proceso de la Revolución cubana
despertaba el interés de diferentes medios de prensa
internacionales, y más aún el conflicto generado por el gobierno
estadounidense contra Cuba. Cientos de trabajadores de la
información solicitaban la entrada al país para informarse y
retransmitir lo visto en el país o participar en las múltiples
actividades que se llevaban a cabo. Con ese mismo manto
periodístico, representantes de supuestos medios informativos, en
ocasiones sin cumplir los requisitos establecidos para sus
funciones, fueron detectados en actividades de espionaje y
conspiración, en contactos con elementos mercenarios, entre otras,
los que fueron expulsados del país.
De la decisión cubana de expulsión de uno u otro de esos
corresponsales, la embajada norteamericana por la nota 342 de
septiembre de ese año, sobre el retiro de esos corresponsales
supuestamente del New York Times, la National Broadcasting Co., y la
revista Time, osó calificar esos pedidos de violaciones al derecho
del ejercicio profesional de los expulsados, y de manera
irrespetuosa, el embajador Bonsal se aventuraba a pedir al Gobierno
de Cuba que "instruya a su policía para que desista de nuevas
molestias, acoso y detención de periodistas y se les restaure la
libertad que necesitan para su trabajo".
Injerencia sin límites de quien se consideraba todavía como
"procónsul".
En ese año 60, el Consulado de Cuba en Miami, y el Consulado de
Cuba en Tampa, ambos en la Florida, fueron asaltados en los meses de
octubre y diciembre, respectivamente, por grupos mercenarios y
criminales de guerra que destruyeron y saquearon ambas oficinas,
maltrataron a sus funcionarios y empleados, sin que la policía
norteamericana hiciera acto de presencia en apoyo y protección al
personal de esas misiones.
La V reunión de Cancilleres Americanos celebrada en Santiago de
Chile y la VI y VII reunión de Cancilleres celebradas en San José,
Costa Rica, a finales de agosto, pusieron al descubierto las
maniobras del gobierno de Estados Unidos para aislar a Cuba de los
gobiernos del continente con la manipulación del anticomunismo y el
peligro que representaba la cercanía de Cuba a la URSS y la
comunidad socialista.
En la VI reunión, el secretario de Estado Christian Herter
declaró: "(¼ ) todo régimen comunista establecido en cualquiera de
las repúblicas americanas constituiría, en efecto, una intervención
extranjera en América, tal como ha sido definido en nuestros
numerosos acuerdos y tratados (¼ ) un régimen semejante se
convertiría automáticamente, por su propia naturaleza, en una base
de operaciones para la propagación de las ideas comunistas, la
infiltración, la subversión y la interferencia en los asuntos
internos de toda la América, destinada en última instancia al
derrocamiento por la fuerza de todos los gobiernos del hemisferio".
La intervención de Roa en esa reunión fue clara:
Esa dolosa inclusión de Cuba en la estrategia política,
diplomática y militar que desarrolla el Gobierno de Estados Unidos
contra la Unión Soviética, fue denunciada, precisamente por el
Gobierno Revolucionario ante el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, en uso de un derecho inalienable, que no menoscaba, por
cierto, en ningún sentido, el organismo regional. Digámoslo ya sin
ambages. El Gobierno Revolucionario de Cuba no ha venido a San José
de Costa Rica como reo, sino como fiscal. Está aquí para lanzar de
viva voz, sin remilgos ni miedos, su yo acuso implacable contra la
más rica, poderosa y agresiva potencia capitalista del mundo, que en
vano ha pretendido intimidarlo, rendirlo o comprarlo.
La primera cuestión que hay, que urge dejar diafanizada es esta:
La Revolución Cubana no es una montonera, ni un cuartelazo, ni un
revolico. Es, ante todo, y sobre todo, una genuina Revolución. En
nuestra América han proliferado las montoneras, los cuartelazos y
los revolicos; pero se han producido muy pocas revoluciones¼
El imperialismo yanki, respecto a Cuba, buscaba asfixiar la
Revolución en el continente: era su objetivo primario. Con la
manipulación del anticomunismo buscaba el aislamiento y futuro
rompimiento de relaciones diplomáticas, consulares y comerciales con
la Isla como se vería más tarde.
Los últimos meses del año 60 se caracterizaron por una más aguda
confrontación en el plano diplomático como en las acciones agresivas
por parte del imperialismo norteamericano. Las medidas restrictivas
al comercio con Cuba, una nueva fracasada penetración al territorio
cubano con la participación de algunos mercenarios norteamericanos,
la irrespetuosa presunción de uso de la bandera norteamericana en
aviones cubanos, el embargo a cuentas cubanas en la Florida y otras
de igual tenor, presagiaban la cercanía en tiempo de una invasión a
nuestro país.
El rompimiento unilateral de relaciones de Estados Unidos con
Cuba, a más de entorpecer las actividades de espionaje de la
embajada norteamericana en Cuba, que contaba con unos 300 efectivos
que incluía el centro CIA, las oficinas del FBI y de la Inteligencia
Naval, fue el medio de ratificar públicamente su rechazo al Gobierno
Revolucionario y la posibilidad de tener manos libres en el apoyo a
la "potente" invasión que se preparaba.
El recién estrenado presidente de los Estados Unidos, John F.
Kennedy, heredero de los planes de invasión diseñados por el
gobierno de Eisenhower, en una de sus declaraciones había
adelantado.
Deseo decir que no habrá, bajo condición alguna, una intervención
en Cuba por las fuerzas armadas de Estados Unidos. Este Gobierno
hará todo lo que posiblemente pueda, y creo que podrá enfrentarse a
sus responsabilidades para asegurar que no haya norteamericanos
implicados en alguna acción dentro de Cuba¼ No tenemos la intención
de tomar acción alguna con respecto a las propiedades u otros
intereses económicos que ciudadanos norteamericanos anteriormente
mantenían en Cuba, más que las negociaciones formales y normales con
una Cuba libre e independiente. El problema básico en Cuba no es
entre los Estados Unidos y Cuba. Es entre los cubanos mismos. Tengo
el propósito de adherirme a este principio.
La respuesta a estas y otras manifestaciones de Kennedy fue
respondida tajantemente por Fidel Castro.
"Y algo sí podemos comunicarle al señor Kennedy. Que primero verá
una revolución victoriosa en los Estados Unidos, que una
contrarrevolución victoriosa en Cuba".