Durante
la última tertulia del 2010 de El Jardín de la Gorda, Sara González,
su anfitriona, reafirmó los valores que siempre han animado su
canto: alegría, belleza, solidaridad, sentido de pertenencia,
resistencia y optimismo son nociones que recorren su manera de
proyectarse como artista y ciudadana, tanto cuando revienta un son,
saborea un bolero o eleva su voz a los altares de la Patria, como si
se trata de compartir verdades y abrir espacio en su corazón a mucha
gente buena.
El
Jardín, ubicado en la parte trasera de la sede del Centro
Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (calle A, entre
25 y 27, Vedado), exhibe a pàrtir de ahora una nueva imagen,
enriquecida por el talento de un nutrido grupo de artistas que
desinteresadamente pintaron sus muros convocados por Sara y Diana
Balboa.
Zaida del Río, Javier Guerra, Juan Moreira, Alicia Leal, José
Omar Torres, Aziyadé Ruiz, Eduardo Abela, Agustín Bejarano, Alberto
Lescay, Rafael Pérez Alonso, José Fúster, William Hernández, Kamyl
Bullaudy, Manolo Comas, Rubén Rodríguez y la propia Diana fijaron en
esas paredes sus poéticas personales. Y hasta dos escritores se
embullaron para dejar sus huellas pictóricas: Sigfredo Ariel y Abel
Prieto.
En ese nuevo contexto visual cantaron Marta Campos y Jorge Díaz,
trovadora ella de recias y tiernas resonancias; juglar él de agudo
humor. Y, por supuesto, acompañada por la pequeña gran banda que
lidera Pucho López, Sara, que cuando lo hace, se entrega como si en
ello le fuera la vida.