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Fieles a sus tradiciones, los bolivianos celebran hoy la llegada del
nuevo año aimara 5.517 con el ancestral rito del "Willkakuti"
(retorno del sol), dedicado este año al Bicentenario del Grito
Libertario de 1809.
El presidente Evo Morales participará en la ceremonia, que tendrá
lugar en la explanada del templete semisubterráneo del Kalasasaya,
en medio de las ruinas de la ciudad de Tiwanaku, cuna de la
civilización más longeva de América, incluso antes del arribo de los
incas.
El solsticio de invierno (en el hemisferio sur) constituye el
elemento central de esta tradicional festividad.
Se trata del día más corto o la noche más larga del año, en los
límites del cambio de estación de otoño a invierno y, para los
agricultores andinos, el advenimiento del tiempo de preparación y
tributo a la Pachamama (Madre Tierra, en aimara).
La ceremonia tiene su centro en la mítica Puerta del Sol, donde
los pobladores originarios esperan el amanecer para con los primeros
rayos del astro rey iniciar los rituales de devoción a sus deidades.
Esa construcción es considerada por muchos expertos como la
muestra más acabada del alto grado de desarrollo que alcanzaron los
tiwanakotas varios siglos atrás.
Ataviados con sus trajes típicos, los sacerdotes aymaras
dirigirán la ceremonia religiosa en la cual entregarán sus ofrendas
al sol y a la tierra, elementos esenciales en esa civilización
precolombina.
Ubicada a alrededor de 70 kilómetros al noroeste de esta capital
y a casi tres mil 900 metros sobre el nivel del mar, Tiwanaku posee
la condición de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
En la actualidad, esa ciudad acoge a cerca de 15 mil habitantes,
cuya fuente principal de subsistencia es el turismo que recae sobre
las ruinas de lo que fue, en el siglo VII, el centro ceremonial de
la urbe más poblada del planeta.