Eduardo
Isern no tenía ocupación laboral, pero disfrutaba de un sustento
económico nada despreciable. Ciertos "negocios" se lo
proporcionaban. Había encontrado en la piratería y transmisión
ilegal de señales televisivas, la vía idónea para sus propósitos.
Sus clientes eran personas poseedoras de equipos receptores de
señal de televisión, a quienes les entregaba las tarjetas o los
códigos de recarga de las mismas a cambio del pago de 30 CUC
mensuales. De esta manera podían acceder —de manera ilícita— a
programas foráneos emitidos por DirecTV: novelas, musicales,
deportes¼ y, entre unos y otros, mensajes
mediáticos con la mira puesta en desprestigiar y desestabilizar a la
Revolución cubana.
Sustentar el "servicio" requería de proveedores. Así se relacionó
con Alejandro Canetti, quien contactó con sus hijos residentes
permanentes en los Estados Unidos para que realizasen contratos con
la Compañía DirecTV en ese país y recibir la televisión por cable
con el uso de receptores y tarjetas magnéticas de señal satelital,
de las que solicitaban incluso varias extensiones. Luego enviaban a
su padre los códigos necesarios para su explotación, y este se los
proporcionaba a su amigo a cambio del pago trimestral de 300 CUC.
Eduardo fue en busca de otras fuentes. Por Internet contactó con
personas domiciliadas en el exterior que le facilitaron igual
servicio, siempre mediando la entrega de cierta cantidad de dinero.
Para entrar a la red de redes se aprovechaba de una cuenta
perteneciente a una institución estatal, a la que le dio acceso el
informático de la entidad, quien también obtenía beneficios con
tales operaciones.
Con igual propósito se relacionó con otro ciudadano que, violando
todas las ordenanzas y mecanismos establecidos para garantizar la
seguridad informática de su entidad, le habilitó una cuenta de
acceso directo a Internet y le facilitó así la búsqueda de
información y obtención de programas vinculados a las tarjetas
sintonizadoras, recepción de señales satelitales, antenas
parabólicas y transmisiones de televisión a través de la vía
digital.
El camino de ilegalidades finalmente se vio tronchado con la
actuación policial y la intervención de organismos encargados de
hacer cumplir las normativas jurídicas cubanas e internacionales,
las cuales prohíben operar y explotar servicios de distribución de
programas de televisión a personas naturales y jurídicas sin la
debida autorización.
El Tribunal Provincial Popular de Ciudad de La Habana juzgó y
sancionó a los ciudadanos implicados en estos hechos a penas de tres
años de limitación de libertad a unos, y de igual tiempo de trabajo
correccional sin internamiento a otros, por cometer el delito de
Actividades económicas ilícitas, previsto en el Código Penal cubano.
Otros ciudadanos inescrupulosos también han visto en estos
procedimientos un modo fácil de obtener beneficios económicos
personales, sin detenerse a pensar en los costos moral e ideológico
que representan para el país la recepción de mensajes que tratan de
tergiversar la realidad cubana y socavar los valores culturales y
patrióticos.
Quienes así actúan se exponen a similares condenas penales u
otras administrativas, como la imposición de multas que oscilan
entre los 10 000 y los 30 000 pesos, así dispuestas en resoluciones
emitidas por el Ministerio de la Informática y las Comunicaciones.
Periódicamente los especialistas de este organismo realizan
rastreos de transmisiones ilegales de señales satelitales, imponen a
los infractores las sanciones pecuniarias correspondientes y
confiscan los medios utilizados. Su finalidad es asegurar el respeto
y la preservación de la legalidad y la soberanía cubanas.