BRUSELAS, 19 de marzo.— La Unión Europea (UE) rechazó este jueves
en la apertura de su cumbre de Bruselas la presión norteamericana de
inyectar más fondos públicos ante la recesión, con la mente puesta
en mostrarse unida para reformar el sistema financiero mundial en la
cita del G-20, en Londres.
"Algunos aún no han aplicado sus planes de reactivación
nacionales. Entonces no tiene sentido comenzar a adoptar nuevos
paquetes de impulso" económico, dijo el primer ministro checo Mirek
Topolanek, cuyo país preside la UE, al referirse a las medidas
adoptadas por el bloque frente a la crisis.
En la misma sintonía, la canciller alemana Ángela Merkel también
juzgó que los actuales planes de reactivación "son suficientes y que
primero es necesario dejarlos surtir efecto".
La UE ha adoptado hasta el momento medidas presupuestarias para
afrontar la crisis por un monto de 400 000 millones de euros (unos
520 000 millones de dólares), es decir el 3,3% del Producto Interior
Bruto (PIB) de los 27, una cifra muy inferior al financiamiento de
EE.UU., que lanzó en febrero un plan de impulso económico de 787 000
millones de dólares.
Para los jefes de Estado y de gobierno de la UE, el objetivo de
esta cita es más bien lograr una posición fuerte de cara al G-20 el
2 de abril, donde participarán las principales potencias
industriales y emergentes.
En una carta conjunta a los responsables europeos, Merkel y el
presidente francés Nicolas Sarkozy ya dejaron claro que su intención
es lograr que el G-20 apruebe una mejor regulación del sistema
financiero mundial, en particular de los fondos especulativos y los
paraísos fiscales.
"Si no hacemos algo diferente, corremos el riesgo de tener 25
millones de desempleados en Europa", advirtió el presidente del
Partido Socialista Europeo (PSE), el ex primer ministro danés, Poul
Nyrup Rasmussen, según AFP.
PARÍS, 19 de marzo.— Al menos 1,2 millones de franceses se
manifestaron este jueves en todo el país contra la estrategia del
presidente Nicolas Sarkozy ante la crisis económica, en la segunda
huelga general en lo que va de año, aunque el primer ministro,
Francois Fillon, excluyó un nuevo plan de ayuda.
Los sindicatos exigen al presidente Sarkozy que abandone sus
planes de suprimir empleos en el sector público, que suba los
impuestos a quienes tienen mayores ingresos y que aumente el salario
mínimo.