El enclave aéreo que ocupa un aérea de 224 hectáreas en las
afueras de Bishkek, dejará de ser en los próximos 180 días un puente
para el trasiego de tropas del Pentágono y de la coalición
occidental que apoya a Washington hacia suelo afgano, de cumplirse
una resolución del Gobierno kirguiz, aprobada por el Parlamento.
La comunidad parlamentaria, con respaldo mayoritario del
gobernante partido Ak Zhol del presidente Kurmanbek Bakíev, dio el
visto bueno el 19 de febrero a un proyecto del Ejecutivo para anular
el pacto bilateral con la administración estadounidense, rubricado
en diciembre del 2001.
Con igual apoyo el legislativo adoptó la propuesta oficial para
dejar sin efecto legal los respectivos convenios con 11 países de la
OTAN.
Tras firmar un pacto base con Estados Unidos, el Gobierno kirguiz
extendió por separado las prerrogativas para el emplazamiento de
tropas de Australia, Dinamarca, España, Corea del Sur, Holanda,
Noruega, Nueva Zelanda, Polonia, Francia y Turquía, cuyos gobiernos
se sumaron al Pentágono en la cruzada contra Afganistán.
Para dejar claridad en la posición de Kirguistán, Bakíev declaró
recientemente a la corporación británica BBC que la decisión de
cerrar la base de Manas era irreversible, aunque dio pie a pensar en
posibles negociaciones con Washington.
De hecho, varios funcionarios estadounidenses mostraron confianza
en que hallarán una solución con Bishkek.
Tanto es así que el vocero del Pentágono, Geoff Morrell, declaró
que aún quedaba mucho tiempo para cerrar Manas o encontrar una base
sustituta. Con formulaciones repetidas, Morrell también admitió que
la Casa Blanca estudiaba otras variantes de rutas para el traslado
de tropas y avituallamiento logístico.
Al parecer la Casa Blanca no quiere admitir públicamente el revés
implícito en la pérdida de Manas para los intereses geopolíticos y
militares del Pentágono en Asia Central. La embajadora de la norteña
nación en Tayikistán, Treisi Enn Jackobson, se apresuró a aclarar
que no existen planes en la cúpula castrense de abrir otra base
militar en la región.
No he oído una sola palabra de quienes trabajan en el Pentágono
sobre las intenciones de crear en Asia Central otro enclave
alternativo, dijo al periódico tayiko Acontecimientos.
Sí se conoce que desde fines del año pasado la diplomacia
norteamericana trabaja con intensidad para sellar acuerdos con
Rusia, Uzbekistán, Tayikistán y Kazajstán para la transportación de
cargamentos civiles hacia Afganistán, según la publicación digital
uzbeka Fergana.ru.
El jefe del Estado Mayor ruso, Nikolai Makarov, aseveró en
diciembre que el gobierno saliente de George W. Bush se estaba
jugando las últimas cartas en Asia Central con sus presiones sobre
Tashkent y Astaná, para garantizar las rutas de suministro a las
fuerzas de ocupación.
Según notificó el cotidiano ruso Kommersant a mediados de
diciembre, las pláticas de misioneros estadounidenses en Asia
Central corroboran que existen tales planes. Dos meses después el
parlamento kazajo aprobó un memorando que permite el acceso al
aeropuerto de Almaty para el aterrizaje de emergencia de aviones del
Pentágono.
El director del centro analítico sobre estudios de procesos en el
espacio postsoviético de la Universidad Estatal Lomonosov, de Moscú,
Alexei Vlasov, sostuvo durante una mesa redonda que la crisis
económica actual ha puesto a los socios de Rusia en esa región al
borde de la cesación de pagos.
Para Kirguistán, uno de los aliados claves de Moscú en Asia
Central, la situación es hoy bastante crítica y no se descartan
presiones de todo tipo sobre Bishkek, afirma el politólogo ruso, en
alusión a decisiones de carácter geopolítico.
Vlasov aludió que no son pocos los analistas que asocian la
postura del Gobierno kirguiz respecto a la clausura de Manas con el
ofrecimiento de un crédito ruso de 300 millones de dólares y
posibles inversiones en ese país calculadas en 1 700 millones de
dólares.
Unido a ello, el presidente Bakíev firmó en febrero un convenio
con Moscú sobre la concesión de 150 millones de dólares en calidad
de donativos y un esquema concertado de reestructuración de la deuda
con Rusia.
Con todo ello Kirguistán es pieza clave dentro del tablero
geopolítico centroasiático de Estados Unidos, cuya prioridad sigue
siendo obtener el control de los recursos naturales, con el ojo en
los hidrocarburos en el Mar Caspio, del antiguo camino de la seda.
(PL)