La derecha en Ecuador

¿En busca del tiempo perdido?

MIRIELA FERNÁNDEZ LOZANO

La derecha ecuatoriana debe andarse preguntando cuándo y cómo terminó su época de oro. En su desconcierto, tal vez haya olvidado sus desplantes a los reclamos ciudadanos y las sucesivas entregas a Washington, que solo desbordaron el hastío del pueblo. Sin embargo, ante una inminente derrota en las elecciones del 26 de abril próximo frente a Alianza País, el movimiento del mandatario Rafael Correa, la oposición ha vuelto "a la carga", en busca de ese tiempo perdido.

Para la oposición es difícil traspasar el escudo de popularidad del presidente Correa.

Durante su visita a La Habana el pasado enero, interrogado sobre los comicios, Correa avizoró un panorama complejo: "Van a hacer lo imposible por desestabilizarnos", aseguró a este diario.

Precisamente, días antes de que se anunciara el inicio de la campaña electoral, en su programa Enlace Presidencial, denunciaba que la oposición preparaba un golpe de Estado contra su Gobierno.

La derecha, derrotada en varias oportunidades ––me refiero a las elecciones del 2006 en las que Correa llega a Palacio Carondelet; luego no pudo detener la redacción de una nueva Constitución ni su aprobación en el referendo del 28 de septiembre; e incluso, quedó con menor visibilidad que Alianza País en la Asamblea Constituyente––, ha interpretado las cercanas votaciones como el silbido de un último tren y, ante las escasas posibilidades de obtener el triunfo, comenzó a "moverse" para intentar frenarlas.

Ninguno de los aspirantes a la presidencia presentados por estos sectores puede traspasar el escudo de popularidad del actual jefe de Estado, que alcanza el 70%. Según las últimas encuestas, Correa podría ser ratificado en primera vuelta, lo que no ocurre desde 1979, cuando el país inauguró el llamado periodo democrático.

Los candidatos más "fuertes" o, al menos los más conocidos, son el ex mandatario y líder del Partido Sociedad Patriótica, Lucio Gutiérrez, y el magnate Álvaro Noboa, por el Partido Renovador Institucional Acción Nacional (PRIAN), rival de Correa en los comicios del 2006.

A estas elecciones la derecha llega sin grandes alianzas, sin proyectos concretos. De la soledad en que vive habla también la ausencia de un representante del tradicional Partido Social Cristiano, una fuerza importante en los años 90, pero hoy, al igual que otros partidos surgidos después de la larga dictadura, como el Roldosista y el Demócrata Cristiano, ha caído en el ocaso debido a los magros esfuerzos realizados a favor de la nación.

Entre otras organizaciones que se asoman a los comicios, en los que se elegirán además del presidente, 124 asambleístas, 221 alcaldes, 24 prefectos y 1 581 concejales, están el Movimiento Cambio, Concentración de Fuerzas Populares y la centroizquierdista Red Democrática, que presenta como candidata a Martha Roldós.

Ante este panorama, que no prevé cambios en el Ejecutivo, la oposición ha corrido a buscar quien le escriba para deslegitimar al Gabinete de Correa.

Como refirió un analista ecuatoriano, tanto la derecha como los medios de comunicación a su servicio exclamaron "¡Eureka!" al conocerse el caso de José Ignacio Chauvin, quien fungiera como subsecretario del Gobierno durante tres meses, y ahora guarda prisión preventiva por supuestas relaciones con el narcotráfico.

Las campañas han utilizado este hecho y distorsionan las noticias para tratar de acusar al presidente y a sus ministros de vínculos con el negocio de las drogas.

En medio de la compleja situación creada por la derecha, Correa también se vio obligado a expulsar a Mark Sullivan, jefe de centro de la CIA en la nación sudamericana y primer secretario de la Oficina de Asuntos Regionales de la embajada norteamericana en Quito, por intromisión en asuntos de seguridad nacional. Igual decisión había tomado el Presidente respecto a otro funcionario yanki, Armando Astorga, agregado del Departamento de Temas de Migración, también con actuaciones injerencistas.

En este contexto, las elecciones del 26 de abril representan otro escalón para hacer reales los cambios y las disposiciones de la nueva Carta Magna. Por ello, hay certezas de que la oposición, aún en su agonía, continuará hasta esa fecha tejiendo estrategias contra el Gobierno. Aunque, con una victoria de Correa prácticamente cantada, es muy probable que esos intentos, una vez más, queden en el aire.

 

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