Durante su visita a La Habana el pasado enero, interrogado sobre
los comicios, Correa avizoró un panorama complejo: "Van a hacer lo
imposible por desestabilizarnos", aseguró a este diario.
Precisamente, días antes de que se anunciara el inicio de la
campaña electoral, en su programa Enlace Presidencial, denunciaba
que la oposición preparaba un golpe de Estado contra su Gobierno.
La derecha, derrotada en varias oportunidades ––me refiero a las
elecciones del 2006 en las que Correa llega a Palacio Carondelet;
luego no pudo detener la redacción de una nueva Constitución ni su
aprobación en el referendo del 28 de septiembre; e incluso, quedó
con menor visibilidad que Alianza País en la Asamblea
Constituyente––, ha interpretado las cercanas votaciones como el
silbido de un último tren y, ante las escasas posibilidades de
obtener el triunfo, comenzó a "moverse" para intentar frenarlas.
Ninguno de los aspirantes a la presidencia presentados por estos
sectores puede traspasar el escudo de popularidad del actual jefe de
Estado, que alcanza el 70%. Según las últimas encuestas, Correa
podría ser ratificado en primera vuelta, lo que no ocurre desde
1979, cuando el país inauguró el llamado periodo democrático.
Los candidatos más "fuertes" o, al menos los más conocidos, son
el ex mandatario y líder del Partido Sociedad Patriótica, Lucio
Gutiérrez, y el magnate Álvaro Noboa, por el Partido Renovador
Institucional Acción Nacional (PRIAN), rival de Correa en los
comicios del 2006.
A estas elecciones la derecha llega sin grandes alianzas, sin
proyectos concretos. De la soledad en que vive habla también la
ausencia de un representante del tradicional Partido Social
Cristiano, una fuerza importante en los años 90, pero hoy, al igual
que otros partidos surgidos después de la larga dictadura, como el
Roldosista y el Demócrata Cristiano, ha caído en el ocaso debido a
los magros esfuerzos realizados a favor de la nación.
Entre otras organizaciones que se asoman a los comicios, en los
que se elegirán además del presidente, 124 asambleístas, 221
alcaldes, 24 prefectos y 1 581 concejales, están el Movimiento
Cambio, Concentración de Fuerzas Populares y la centroizquierdista
Red Democrática, que presenta como candidata a Martha Roldós.
Ante este panorama, que no prevé cambios en el Ejecutivo, la
oposición ha corrido a buscar quien le escriba para deslegitimar al
Gabinete de Correa.
Como refirió un analista ecuatoriano, tanto la derecha como los
medios de comunicación a su servicio exclamaron "¡Eureka!" al
conocerse el caso de José Ignacio Chauvin, quien fungiera como
subsecretario del Gobierno durante tres meses, y ahora guarda
prisión preventiva por supuestas relaciones con el narcotráfico.
Las campañas han utilizado este hecho y distorsionan las noticias
para tratar de acusar al presidente y a sus ministros de vínculos
con el negocio de las drogas.
En medio de la compleja situación creada por la derecha, Correa
también se vio obligado a expulsar a Mark Sullivan, jefe de centro
de la CIA en la nación sudamericana y primer secretario de la
Oficina de Asuntos Regionales de la embajada norteamericana en
Quito, por intromisión en asuntos de seguridad nacional. Igual
decisión había tomado el Presidente respecto a otro funcionario
yanki, Armando Astorga, agregado del Departamento de Temas de
Migración, también con actuaciones injerencistas.
En este contexto, las elecciones del 26 de abril representan otro
escalón para hacer reales los cambios y las disposiciones de la
nueva Carta Magna. Por ello, hay certezas de que la oposición, aún
en su agonía, continuará hasta esa fecha tejiendo estrategias contra
el Gobierno. Aunque, con una victoria de Correa prácticamente
cantada, es muy probable que esos intentos, una vez más, queden en
el aire.