No es intención hablar de los misterios que originan esas citas
perennes con una arquitectura, su atmósfera, los rasgos de seres
bienquistos atrapados allí para siempre, pero sí del nuevo cariz que
cobrará el próximo encuentro, gracias a un libro invalorable para
aquellos que alguna vez recorrieron la ciudad tratando de imaginar
el pasado de lo que estaban viendo.
Ahí está el Castillo de la Real Fuerza, a un costado de la Plaza
de Armas, en la hoy calle O¢ Reilly. Fue
construido entre 1558 y 1577, pero en los años siguientes sería
ampliado, modificado, perdería importancia militar con el inicio de
las obras de los Castillos de El Morro y La Punta y, en 1762, luego
de más de dos meses de asedio a La Habana, el ejército inglés le cae
a morterazos desde la loma de La Cabaña y arruina, entre otras, las
construcciones de la cubierta.
De cómo captaron nuestros antepasados el Castillo de la Real
Fuerza a lo largo de casi cinco siglos nos enteraremos por La
Habana desaparecida, del arquitecto Francisco Bedoya Pereda
(1959-2002), publicado por Ediciones Boloña, de la Oficina del
Historiador de la Ciudad de la Habana, una obra bellamente ilustrada
por la mano de un arquitecto con tanto de esa profesión, como de
arqueólogo y artista.
De punta a cabo permite este estudio apreciar el talento y la
pasión por el trabajo de un hombre que murió demasiado joven, lleno
de planes y sin poder ver el homenaje que ahora se le rinde en forma
de libro y que los implicados en el amor jurado a la ciudad mucho
agradecerán.
Por supuesto que La Habana desaparecida coloca en primer
plano no solo al Castillo de la Real Fuerza, sino también que se
interesa por buena parte de la arquitectura civil, militar y
religiosa de la colonia. Sus secuencias de dibujos exponen las
transformaciones del canal de la bahía habanera, o los diferentes
paisajes que en el tiempo tuvo la Plaza de Armas, o esa Fortaleza de
La Cabaña donde esta joya de Bedoya se presentó en la recién
finalizada Feria del Libro.
Reconstrucciones visuales que surgen de los trabajos
investigativos realizados por el autor, tanto en Cuba como en
diversos archivos e instituciones de España y que son acompañadas de
planos y de una ficha técnica indispensable a la hora de emprender
este viaje en el tiempo.
Las diversas etapas del Convento de San Francisco de Asís, el
Teatro Tacón, el Teatro Principal, el hospital de San Lázaro, los
extramuros de a mediados del siglo XIX, la Plaza Vieja¼
la visión artística de Bedoya recrea mediante excelentes ángulos, y
no solo en lo general, sino también en detalles, aquella ciudad sin
fotografías ni cámaras de cine de la que nuestros antepasados no
pudieron dejarnos los ojos para verla.