Juventud Iberoamericana…

Imágenes de estos tiempos

Miriela Fernández Lozano

Aquellos fueron los míticos sesenta. Graffitis del Che en las calles parisinas. En San Francisco, una hilera de tambores hippies contra la guerra de Vietnam. La larga noche de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968. Córdoba y Rosario también hierven. La juventud de América Latina, recordó después Miguel Bonasso, volvía a gravitar en la política.

La juventud iberoamericana, protagonista de su época.

¿Cuánto ha cambiado para esta nueva época? Los pasos de la modernidad han añadido otros problemas a los que, cuatro décadas atrás, hicieron que manifestaciones juveniles se expandieran por todo el mundo.

En el Año Iberoamericano de la Juventud, en muchos países de la región, la exclusión, la desigualdad social, y la criminalización de las protestas estudiantiles todavía resultan una foto fija.

De los más de 160 millones de jóvenes de Iberoamérica, los indígenas, afrodescendientes y habitantes de las zonas rurales, que reciben con mayor influencia los vientos de la inseguridad alimentaria y los costos ambientales del "desarrollo", son los más marginados.

Un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) refiere que el acceso a la salud y la educación, la entrada a la sociedad de la información, limitada debido a las privatizaciones y a las asimetrías existentes, y las posibilidades de empleo —en la actualidad el desempleo casi triplica al de la población adulta––, constituyen importantes desafíos.

Según PL, unos 30 millones de jóvenes de la región trabajan en condiciones precarias. La cifra de pobreza alcanza al 38% de la juventud iberoamericana entre los 10 y 24 años.

Para variar esa situación, muchos emprenden largos viajes en busca de oportunidades. No solo quiebran las fronteras entre los territorios rurales y las urbes, sino que cruzan las líneas divisorias hasta países más desarrollados. Las migraciones se dirigen fundamentalmente hacia Estados Unidos y Europa.

En esos territorios, numerosos jóvenes migrantes son víctimas de la explotación laboral y sexual. Empiezan a formar parte de lo que se denomina el "mercado del submundo", donde también aparecen escenas del narcotráfico y la violencia. Las enfermedades de transmisión sexual, como el VIH-SIDA, son otros riesgos a los que se exponen.

Los métodos de la migración selectiva de los nuevos tiempos afectan aún más sus derechos. Convertidos en "sin papeles", muchachos, casi adolescentes, son víctimas de redadas y deportaciones.

Pero, de estas migraciones que empezaron hace décadas, también es resultado la existencia de pandillas violentas como las llamadas "maras" de Centroamérica. El fenómeno, que comenzó en las calles de Los Ángeles y otras ciudades norteamericanas, ha devenido un grave problema de inseguridad.

Según el periódico BBC, en el 2007, 80 000 jóvenes integraban estos grupos. La violencia urbana se ha convertido en una "estrategia de supervivencia" en varios países de la región.

La XVIII Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado o de Gobierno, que ayer comenzó en San Salvador, centra sus debates en esos temas. Las crisis actuales, que podrían agravar este panorama, han hecho a las administraciones girar la mirada hacia los jóvenes y buscar iniciativas que beneficien también a las generaciones venideras. Al unísono, la juventud discute, marcha, mira el pasado sobre los muros de la historia, con la intención de protagonizar su tiempo.

 

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