Chispa sobre rieles

Ortelio González Martínez

MAJAGUA, Ciego de Ávila.— La locomotora china y los coches hunden las traviesas. El nivel de la línea baja durante el paso y los raíles gimen. Es difícil imaginar que sobre dos estrechos lingotes de hierro anden monstruos rodantes que superan las 100 toneladas de peso y los 100 kilómetros por hora de velocidad.

Los hombres colocan los “gatos” ante la mirada incrédula del periodista.

En ello pienso ahora, al lado de los hombres de la brigada majagüense 54 101, colectivo que se dedica a la reparación de un segmento de la vía del Ferrocarril Central de Cuba.

La "chispita", medio que los transporta, anuncia la salida con un pitar que penetra en los oídos. Los más atrasados se apuran para cargar los picos, palas, tenedores, las llaves T, españolas, los ganchos de carriles y de traviesas, y hasta el perro y la chiva, "de sacar clavos", aclara ante mi mirada incrédula y suspicaz, Jesús González Figueredo, jefe de distrito y, ahora, enrolado en la expedición. "No se asombre. Es el nombre que le damos a algunas de las herramientas, dice mientras pone la cabeza encima del raíl para, a ojo de buen cubero, determinar si está bien alineado. Después, habrá que utilizar el nivel para confirmar que todo marcha bien.

Jesús precisa que el denominado Distrito Cuba del Ferrocarril Central se extiende por toda la Isla. "En este caso, nosotros atendemos 74 kilómetros. La brigada de Majagua se desempeña a lo largo de 17".

La primera alineación de los raíles se hace a ojo de buen cubero, pero luego los instrumentos dicen la última palabra.

Realmente es poco, si se compara con la longitud total de las costuras férreas que marcan al país, pero la importancia de la labor de estos trabajadores no solo se mide en kilómetros.

Lo percibo a través de la explicación de Fermín Duques Torres, reparador "A" de vías férreas con 34 años en el oficio: Cuando en 1980 se cayeron tres coches en el río de Majagua, ahí estuvimos nosotros. Igual hicimos el día que chocaron dos trenes en la curva de Tablones, cercano al poblado de Jicotea.

"En caso de contingencia siempre llaman a nuestras casas y nos movemos sin perder tiempo. No podemos andar con remoloneo, porque cuando sucede algo de envergadura en esta zona, Cuba queda dividida casi por la mitad. ¡Imagínese cuánta pérdida para la economía! y molestias para los pasajeros. El tramo que atendemos queda casi en el centro del país."

Levantar la vía no es un juego. Más de tres décadas de trabajo avalan a Fermín.

En la brigada hablan con sentido de pertenencia. Es que durante la jornada laboral se hermanan "para evitar accidentes y que todo funcione bien sobre estos rieles", asevera Fidel Madrigal Rabí.

Y argumenta que en ese engranaje, en la búsqueda de la modernización del ferrocarril, mucho tienen que ver estas brigadas, diseminadas por el territorio nacional.

Los reparadores deben hacer disímiles trabajos, nada fáciles: colocación de traviesas, alineación de la vía, ajustes o cambios de tornillos, recogida de balastro, sustitución de carriles, y hasta la chapea de marabú a ambos lados, para que los maquinistas tengan visibilidad. "El azote de esa planta no es solo aquí. Es en gran parte de la provincia, y yo diría que en toda Cuba", asevera en una frase suelta Iván González Figueredo, hombre de poco hablar y mucho hacer, según sus compañeros.

Escucho en silencio y medito. La "chispa" se impulsa de regreso y aprendo: un kilómetro de vía férrea lleva 1 800 traviesas, el ancho entre raíles es de 1 435 milímetros, en la época de frío es cuando más se parten los tornillos de las mordazas, por la contracción. Eso, y mucho más, me lo enseñaron Sebastián, Orestes, Iván, Julio, José... con sus historias no publicadas hasta ahora.

 

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