Revelador de ese empeño es el trabajo, de Sol a Sol, que realizan
19 brigadas del sector, procedentes de Las Tunas, Cienfuegos y
Matanzas, concentradas en los lugares más críticos.
Con el empuje de esas fuerzas y medios se ha logrado elevar a más
del 90% la cobertura del importante servicio. Pero el destrozo que
dejó Ike repercute todavía sobre alrededor de 1 000 clientes, que
permanecen "apagados".
El número de hogares e instalaciones "a oscuras" podría ser
superior, si no funcionaran grupos electrógenos en puntos como Lora,
Guayacán, Santa María 14, Salgacero y otros, donde más de 1 400
usuarios se benefician sobre la base de esa alternativa concebida
por el Comandante en Jefe para enfrentar situaciones así.
Una brigada en
plena faena.
Lamentablemente, la presencia de las llamadas "tendederas" en el
grueso de los 111 asentamientos rurales que tiene el municipio han
tornado difícil, y en muchos casos imposible, la solución temporal
mediante grupos electrógenos.
En opinión de Isidro Leyva Almaguer, director de la rama
eléctrica en Jesús Menéndez, también impide avanzar con mayor
rapidez el alto número de postes derribados por el viento en más de
400 kilómetros de líneas.
"Por esa razón —explica— hemos tenido que colocar unos 315 postes
nuevos y más de 200 entre los que no se partieron al caer. Aun así,
calculamos que faltan por situar cerca de 400 ."
En sus 23 años de labor, y con probada experiencia tras el azote
de huracanes, el cienfueguero Mauricio Pérez García jamás vio "un
desastre igual en las redes eléctricas".
Su colega Fernando Herrera Yanes, quien desempeña funciones de
dirección en el contingente de la Perla del Sur, considera que el
meteoro "aprovechó" el filón dejado por un suelo predominantemente
arenoso (donde los postes ofrecen menos resistencia al viento), y
por árboles sin podar que al ser arrancados por las fuertes ráfagas
aumentaron el destrozo sobre el tendido.
Todo ello ha complicado el panorama en un territorio donde ocho
de cada diez viviendas fueron víctimas directas de la fuerza del
huracán.
Quienes habitan el poblado cabecera (Chaparra), o residen en el
campo (40% de la población) conocen al detalle las penurias y
carencias que deja un fenómeno así.
Solidarios por esencia y tradición, obreros, técnicos y
especialistas de la rama eléctrica se sobreponen al cansancio
acumulado tras varias semanas de arduo trabajo, agravado por una
plaga inusual de mosquitos que cubre áreas próximas al litoral.
Por ello, entre los siempre agradecidos pobladores hay quienes se
acercan —como Edalys Castillo Botello— con una colada de café para
los linieros.
"Como no puedo ofrecerles mi derrumbada casa —relata la humilde
mujer— les brindo un cafecito, mi corazón y mi voz, para que la
familia de esos hombres y toda Cuba sepan la hermosa obra que ellos
están realizando aquí."