Llegó la hora del retiro…

Atenas fue lo mejor y lo peor

El luchador Roberto Monzón, uno de los cubanos con más medallas en campeonatos mundiales, y una olímpica, repasa su larga carrera deportiva. Un sudcoreano lo dejó con una pesadilla permanente

RAFAEL PÉREZ VALDÉS
rafael.p@granma.cip.cu

La noticia tiene su carga triste: Roberto Monzón se encuentra en fase de desentrenamiento. Quiere decir que no va a luchar más. Los datos no mienten: el capitalino, 30 años de edad, 165 centímetros de estatura, de la división de los 60 kilogramos del estilo grecorromano, ha sido uno de los cubanos que más medallas ha embolsado en grandes porfías.

Venciendo al venezolano Liendo, en los Juegos Panamericanos de Río´07.

En campeonatos mundiales tiene siete: bronce en el de cadetes 1993; dos de oro en los juveniles 1994, 1996; tercero en 1997. Y en adultos, tercero 2001, 2002, segundo 2003. Ah... , casi se nos olvida, ¡plata en los Juegos Olímpicos de Atenas’04! Una carrera muy exitosa, a lo grande, que en su caso tiene pendientes algunos de los estímulos entregados por el INDER.

Vive con los padres, en la segunda planta de una casa en el Cotorro, en la de abajo habitan su abuela y tía.

El momento, por todo lo dicho, y más, nos pareció ideal para entrevistarlo.

PRIMER ASALTO

Foto: Ricardo López HeviaBeijing´08: su última competencia.

—Han pasado casi dos meses de los Juegos Olímpicos de Beijing. Y sé que conservas la decisión de retirarte.

Sí, voy a mantener mi idea. No me favorece en nada el sistema actual de la lucha: tres asaltos, generalmente un minuto arriba, y luego ir a la posición de cuatro puntos. He tenido que cambiar la estructura de mis combates. A mi edad eso no es fácil, es casi imposible, habría que ir por encima de viejos defectos.

—¿En qué medida te vas satisfecho?

Uno no quisiera retirarse. Yo viví para este deporte, y lo sufro. Logré algo en mi carrera, y voy a recordar esos pedacitos.

—No sé si estarás de acuerdo: me parece que eran escasas tus posibilidades de ganar una medalla en Beijing.

Ahí podía pasar cualquier cosa. A veces tú crees que puedes ganar determinada pelea, y se te complica. Este sistema está hecho para eliminar a los favoritos. Un campeón olímpico puede perder con un rival inferior. Hubo medallistas de Atenas¢ 04, y de los últimos mundiales, que finalizaron detrás de mí. El ser favorito y las estadísticas se rompen con el actual método de competir.

—Vayamos hasta Atenas’04. Ya en la final... con posibilidades de oro contra el sudcoreano Ji-Hyun Jung.

Aquel resultó un combate trágico. Yo estaba en una forma estupenda. Unos dos meses antes, en un Gran Premio en Hungría, lo derroté fácilmente, 8-1 o 7-1. Me vi con la medalla de oro en Atenas, quizás tuve un poco de confianza, falló la estrategia, lo cierto es que la pelea se fue complicando.

—¿Cuántas veces se habían enfrentado?

Esas dos.

SIGUE EL DUELO

Vamos a insertar una supuesta pausa, y en ella reflejar una opinión sobre nuestro entrevistado ofrecida por Pedro Val, el longevo jefe de entrenadores: "Es un muchacho muy sensible, al igual que su familia. Como luchador y como persona muy correcto, disciplinado, atento a todas las cosas del deporte. Los cambios en las reglas lo perjudicaron: era muy activo de pie".

Y ahora continuemos la conversación con Monzón:

—No me olvido del venezolano Luis Liendo, y de sus golpes de cabeza, pero debe ser Jung el que más te hizo sufrir.

Sí, esa fue la pelea que más me dolió. La de la discusión del título olímpico. Yo estaba, como ya dije, en una forma ideal, era difícil que perdiera la de oro. Él hizo una gran pelea, muy táctica.

—Háblanos de Liendo.

Lo catalogo como un buen luchador. Está acostumbrado a pelear conmigo, y conoce mis movimientos. Un entrenador búlgaro lo ayudó mucho.

—Te dejó con una herida de siete puntos en la frente durante la final de los Juegos Panamericanos Santo Domingo’03, la cual ganaste. No fue la única vez, sus cabezazos te disgustaban muchísimo...

Sí, lo realizaba intencionalmente. Un profesional no lo hace. Se puede ser pícaro, llegar a dar un golpe, pero no sacando la sangre.

—¿Por qué en tu caso, y en general en el de los cubanos, no te gustaba combatir abajo?

No era mi fuerte. No estuve preparado para ello, ni mis compañeros. Nuestra arma principal antes era trabajar sobre el cansancio del rival, así nos era más fácil la victoria. Me refiero al anterior reglamento, con dos parciales de tres minutos, y casi todo el tiempo arriba. Es muy difícil ahora, con un minuto arriba, agotar al oponente.

—¿Y no hay algo de complejo latino en ello?

No, no es eso, cada cual tiene su forma de pelea. Los entrenadores elaboran sus tácticas. Algo sobre ello: llegué un poco mejor a Beijing, me fui adaptando un poco al sistema.

—¿Te faltó a ti, y a los demás, fuerza para trabajar abajo?

No lo creo. Los atletas cubanos se encuentran bien preparados físicamente. Hay contrarios muy buenos técnicamente, capaces de trabajar muy bien debajo en cuatro puntos, muy escurridizos.

—Una opinión del ciclo 2001-2004, y otra del 2005-2008.

El primero ha sido uno de los mejores de la lucha cubana. Quizás fui el primero con medallas en los tres mundiales y después en los Juegos Olímpicos. El segundo, después de los cambios en el reglamento, en el 2005, me fue difícil con los mundiales.

—Tu hijo, Jonathan, nació un 26 de julio.

Sí, va a cumplir ocho años. Me dije: El mismo día del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y me pregunté: ¿Será casualidad o es que va a tener alma de guerrillero? Lo cierto es que es bastante inquieto, y le gustan los deportes de combate.

A TIEMPO EXTRA

Monzón, siempre atento, correcto, como dijo Pedro Val, nos ha permitido ir a un tercer tiempo. Y pareció periodístico, claro está, aprovechar hasta el final esta oportunidad única.

—Has dicho que eres "un mal perdedor".

Desde muchacho nunca me ha gustado perder. Luego de los cambios en el reglamento comencé a tener el problema de que perdía con luchadores inferiores. Ello me bajó la autoestima.

—Entonces pensaste en retirarte.

Lo iba a hacer antes de los Juegos Olímpicos. Hablé con Val, el también entrenador Mario Olivera y el ex luchador Filiberto Azcuy. Ellos me dijeron: "Vamos a ver, espera un poco". Y les agradezco haber llegado hasta Beijing.

—¿Tus puntos fuertes?

El trabajo de pie, y el ataque en cuatro puntos.

—¿Y el más débil?

La defensa en cuatro puntos.

—¿El momento más feliz?

La plata olímpica.

—¿Y el más triste?

Ese mismo, la derrota en Atenas.

—Licenciado en Cultura Física.

Sí, desde el 2004, después de Atenas, con una tesis sobre uno de los movimientos de la lucha, el tackle.

—¿Qué te gustaba cuándo no luchabas?

Jugar baloncesto, ver alguna que otra película; si se puede pasear, ir a alguna discoteca, me encanta pescar, me gusta escuchar música.

—¿Libros?

No soy muy amante de la lectura, aunque a veces agarro algo para leer.

—¿Podrás llegar a ser un buen entrenador?

¡Ojalá..! Me conformaría con la experiencia que ellos me trasladen, ser la mitad de lo buenos que son los del equipo nacional y la ESPA.

 

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