Siria y el Líbano avanzan hoy
hacia la normalización de sus relaciones diplomáticas al más alto
nivel, después que sus respectivos presidentes definieron aquí los
pasos necesarios para oficializar de inmediato los nexos.
El segundo día de conversaciones oficiales en Damasco entre los
presidentes, Michel Suleimán (libanés) y Bashar Al-Assad (sirio),
comenzó con mayores precisiones sobre el rumbo que deberán seguir
los vínculos bilaterales.
La víspera, poco después de que Al-Assad dialogó con Suleimán en
el Palacio del Pueblo, de esta capital, ambos dieron a conocer un
comunicado en el cual autorizaban a sus ministros de Relaciones
Exteriores a tomar las medidas requeridas con ese fin.
Los mandatarios manifestaron su deseo de impulsar el
establecimiento de relaciones históricas y distinguidas en beneficio
de los dos pueblos y países, y de nombrar embajadores en las
respectivas capitales.
Todo ello, puntualiza el texto, en coherencia con la Carta de la
ONU y el Derecho Internacional, incluido el Acuerdo de Viena para
las Relaciones Diplomáticas, además de tomar acciones en línea con
las legislaciones en ambos países.
Suleimán, quien concluye este jueves el primer viaje de un
presidente libanés a Siria desde 2005, afirmó que sus relaciones
personales con Al-Assad son de hermandad y especiales, lo cual
contribuirá a estimular niveles similares entre Damasco y Beirut.
Siria desempeñó un rol influyente en el ámbito político de este
país cuando en 1976, un año después de estallar la guerra civil
(1975-1990), emplazó tropas a pedido del entonces presidente libanés
para detener el conflicto iniciado entre cristianos y drusos.
La presencia militar fue vista incluso como garantía para la
seguridad del Líbano frente a la amenaza y las constantes
incursiones israelíes en el espacio aéreo de Beirut.
En abril de 2005 los últimos militares sirios salieron del país
en virtud de una resolución adoptada por la ONU en septiembre de
2004, con el fuerte patrocinio de Francia y Estados Unidos.
Los contactos se vieron enturbiados justo en 2005 con el
asesinato en febrero de ese año del ex primer ministro Rafik Hariri,
hecho del que círculos hostiles a Damasco, dentro y fuera de la
región, responsabilizaron infundadamente al gobierno de Al-Assad.