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Siria y Líbano avanzan en normalización de relaciones bilaterales

DAMASCO, 14 de agosto.— (PL) Siria y el Líbano avanzan hoy hacia la normalización de sus relaciones diplomáticas al más alto nivel, después que sus respectivos presidentes definieron aquí los pasos necesarios para oficializar de inmediato los nexos.

El segundo día de conversaciones oficiales en Damasco entre los presidentes, Michel Suleimán (libanés) y Bashar Al-Assad (sirio), comenzó con mayores precisiones sobre el rumbo que deberán seguir los vínculos bilaterales.

La víspera, poco después de que Al-Assad dialogó con Suleimán en el Palacio del Pueblo, de esta capital, ambos dieron a conocer un comunicado en el cual autorizaban a sus ministros de Relaciones Exteriores a tomar las medidas requeridas con ese fin.

Los mandatarios manifestaron su deseo de impulsar el establecimiento de relaciones históricas y distinguidas en beneficio de los dos pueblos y países, y de nombrar embajadores en las respectivas capitales.

Todo ello, puntualiza el texto, en coherencia con la Carta de la ONU y el Derecho Internacional, incluido el Acuerdo de Viena para las Relaciones Diplomáticas, además de tomar acciones en línea con las legislaciones en ambos países.

Suleimán, quien concluye este jueves el primer viaje de un presidente libanés a Siria desde 2005, afirmó que sus relaciones personales con Al-Assad son de hermandad y especiales, lo cual contribuirá a estimular niveles similares entre Damasco y Beirut.

Siria desempeñó un rol influyente en el ámbito político de este país cuando en 1976, un año después de estallar la guerra civil (1975-1990), emplazó tropas a pedido del entonces presidente libanés para detener el conflicto iniciado entre cristianos y drusos.

La presencia militar fue vista incluso como garantía para la seguridad del Líbano frente a la amenaza y las constantes incursiones israelíes en el espacio aéreo de Beirut.

En abril de 2005 los últimos militares sirios salieron del país en virtud de una resolución adoptada por la ONU en septiembre de 2004, con el fuerte patrocinio de Francia y Estados Unidos.

Los contactos se vieron enturbiados justo en 2005 con el asesinato en febrero de ese año del ex primer ministro Rafik Hariri, hecho del que círculos hostiles a Damasco, dentro y fuera de la región, responsabilizaron infundadamente al gobierno de Al-Assad.

 

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