Antonio
Maceo llegó a ocupar los más altos grados militares del Ejército
Libertador por sus excepcionales cualidades humanas y méritos de
valiente entre los valientes, así como consumado estratega. José
Martí, quien lo conoció, admiró y trató personalmente dijo que Maceo
tenía en la mente tanta fuerza como en el brazo.
El general Enrique Collazo quien lo conoció en plena juventud, lo
describió así:
"¼ su figura era atrayente; fornido y
bien proporcionado; fisonomía simpática y sonriente, facciones
regulares, manos y pies chicos, formando un conjunto que lo destacaba
siempre, por numeroso que fuera el grupo que lo rodeaba. Acostumbraba
a hablar bajo y despacio; su trato era afable. Talento natural, sin
pulir pero unido a una fuerza de voluntad extraordinaria, que le
hicieron dominar sus defectos naturales.’’
Y el destacado historiador Emilio Roig de Leuchsenring caracteriza
al principal protagonista de Baraguá:
"Maceo es grande, sobre todo, porque el amor a la patria despierta
en él sus magníficas cualidades latentes de combatiente, de
organizador y de jefe, y porque las consagra enteras, sin desmayos, a
la causa revolucionaria."
El general Enrique Loynaz del Castillo, narró las incidencias de
cómo fue que surgió de su autoría la letra y música del Himno Invasor,
tal y como puede corroborarse en un artículo por el aniversario 110
del Himno Invasor, aparecido en la revista Honda, Número 15, de la
Sociedad Cultural José Martí:
"General, aquí le traigo un himno de guerra, que merecerá el gran
nombre de usted: déjemelo tararear.’’
"Pues bien", me respondió el General.
Y a medida que yo canturriaba los versos, la mirada se le animaba.
Al terminar, en la estrofa evocadora de las trompetas de carga, puso
sobre mi cabeza su mano mutilada por la gloria¼
"Magnífico —dijo—. Yo no sé de música, para mí es un ruido, pero esta
me gusta. Será el Himno Invasor; sí, quítele mi nombre, y recorrerá en
triunfo la República¼ ". Luego agregó:
"Véame a Dositeo, para que mañana temprano lo ensaye la Banda".
"General —objeté— tiene que ser ahora mismo, porque mañana se me habrá
olvidado esta tonada, como me ha pasado con otras".
"Pues bien, vaya ahora mismo y traiga a Dositeo."
Era el capitán Dositeo Aguilera, el jefe de la pequeña banda del
Ejército Invasor: agradable, inteligente y acogedor.
"Lo he llamado —dijo el general— para que la Banda toque un himno
de guerra, que le va a cantar el comandante Loynaz. Váyanse por ahí y
siéntense en alguna piedra, donde nadie los moleste; trabajen, hasta
que la Banda toque exactamente el Himno Invasor. Apúreme eso.’’
Otro momento que refleja la profundidad de las ideas y el
pensamiento político de Antonio Maceo está relacionado con una
respuesta enérgica suya a una carta de Enrique Trujillo quien
lamentablemente se convirtió en un detractor de nuestro Héroe Nacional
e intentó indisponerlo e intrigar contra José Martí a propósito de las
discrepancias surgidas entre el Apóstol y los generales Máximo Gómez y
Antonio Maceo durante el Plan Insurreccional de 1884 a 1886,
desarrollado por ambos jefes. Veamos algunos fragmentos de la carta de
Maceo, dirigida a Enrique Trujillo y fechada en San José, de Costa
Rica, el 22 de agosto de 1894:
"Placer y tristeza me produjo el contenido de su carta, de 12 de
junio del corriente año. De un lado me hace Ud. el cariñoso recuerdo
de mi santa madre, que le agradezco infinito, y del otro, me trae a la
memoria nuestros sagrados principios, profanados por los mercaderes y
por tanta gente inútil que sirve sólo a los que esclavizan la patria,
que hacen papel en la política cubana para vergüenza y mengua de
patriotas honrados que no los entienden.
"Su salpicada carta, de tendencias disolventes y de impurezas que
no debe abrigar un corazón honrado, que dañan, sin Ud. pensarlo, la
elevación de espíritu y la sincera devoción que debemos a la causa de
la libertad, peca de fatídica y aviesa, de poco política y
antipatriótica. No parece suyo el contenido de esa carta. ¿Qué diablo
le atormentaba cuando la escribió?
"En ninguna época de mi vida he servido bandería política de
convenciones personales; sólo me ha guiado el amor puro y sincero que
profesé, en todo tiempo, a la soberanía nacional de nuestro pueblo
infeliz. Cualquiera que sea el personal que dirija la obra común hacia
nuestros fines, tiene, para mí, la grandeza y la sublimidad del
sacrificio honrado que se imponga. (¼ )
Estoy y estaré con la revolución por principio, por deber. (¼
) ¿Para qué queremos la vida sin el honor de saber morir por la
patria? (¼ ) La guerra que Ud. hace al Sr.
Martí es un crimen de lesa patria¼ "
Otro asunto trata sobre las relaciones entre Máximo Gómez y Antonio
Maceo. Los dos se querían, respetaban y admiraban mutuamente aunque en
alguna ocasión como es lógico suponer hayan surgido entre ellos
algunas contradicciones no antagónicas y propias de la larga lucha que
durante casi treinta años protagonizaron en favor de la independencia
de Cuba contra España. Sin embargo, es justo señalar que coincidieron
siempre en los principios e ideales de amor, unidad, dedicación y
lealtad total a la causa cubana, como bien se puede comprobar en las
siguientes opiniones expresadas por Antonio Maceo en carta dirigida al
director del periódico norteamericano The Star, de Washington, fechada
en su Cuartel General, de Pinar del Río, el 27 de enero de 1896:
"En primer lugar me dice usted que en los Estados Unidos creen que
había una división en el ejército cubano; que entre el General en Jefe
y yo existía mala inteligencia; y que mi ejército, para usar los
términos empleados por los españoles, fue abandonado por el general
Gómez y lanzado a la provincia de Pinar del Río para que cayese en una
trampa. Semejantes afirmaciones son tan ridículas, que ninguna persona
seria puede tomarlas en consideración, pero hay otras muchas entre
nuestros amigos más sinceros y correligionarios, que son bastante
cándidos para creer que el rumor tenía algún fundamento.
"En primer lugar, no puede existir semejante desavenencia, división
o como quiera usted llamarla, entre el general Gómez y yo. Él es el
General en Jefe y sus leyes son como leyes acatadas por mí. Yo sólo
soy Teniente General del Ejército y en todos los tiempos y en
cualquier lugar y por todas las razones, estoy sujeto a sus órdenes.
Nuestro ejército no está compuesto de gentuza en que el hombre que más
grita es el Jefe, sino que está organizado bajo el plan de una fuerza
militar moderna, en que el orden y la disciplina se sostienen y los
superiores son respetados. Pero, aparte de las reglas de la disciplina
militar, no hay un soldado del ejército cubano que por un instante
desobedezca las órdenes del general Máximo Gómez. Todo el ejército
confía implícitamente en su patriotismo y en su habilidad militar.
Nosotros los que le hemos conocido y seguido en otras guerras, estamos
convencidos de nuestra comparativa pequeñez para dudar de su sabiduría
y rectitud."
Otra hermosa definición o comentario revelador de su pensamiento es
este fragmento seleccionado de un mensaje enviado por Maceo a los
Delegados de la Asamblea Constituyente, fechado en Camazán, septiembre
30 de 1895:
"Permitidme, pues, ciudadanos Representantes, que os haga presente
la expresión de agradecimiento que me anima con vosotros, motivado por
el honor que me habéis discernido al concederme el nombramiento de
Lugarteniente General del Ejército Libertador. Y al aceptar cargo tan
honroso como éste, que aumenta la responsabilidad que tengo contraída
ante mis compatriotas, permitidme también que os reitere la protesta y
obediencia a las leyes que emanan directamente de la voluntad popular
(¼ ) Fundemos la República sobre la base
inconmovible de la igualdad ante la ley. Yo deseo vívamente que ningún
derecho o deber, título, empleo o grado alguno exista en la República
de Cuba como propiedad exclusiva de un hombre, creada especialmente
para él e inaccesible por consiguiente a la totalidad de los cubanos¼
"
Ejemplo de dignidad lo constituye también su actitud al enterarse
de rumores sobre negociaciones respecto a Cuba entre España y los
Estados Unidos, y escribió una carta al Dr. Diego González, fechada en
Pinar del Río el 12 de junio de 1896, en la cual le manifiesta, entre
otras cosas:
"Los americanos y los españoles podrán concertar los pactos que
quieran, pero Cuba es libre dentro de breve término y puede reírse de
negociaciones que no favorezcan su emancipación."
Posteriormente dando prueba de sus profundas convicciones políticas
respecto a las verdaderas intenciones de los Estados Unidos de
Norteamérica respecto a Cuba, escribió una carta al coronel Federico
Pérez Carbo, fechada en El Roble, el 14 de julio de 1896, en la cual
le expresó, entre otras cosas:
"De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado, y sería
indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el
filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes
incapaces de ejecutarlos. Tampoco espero nada de los americanos; todo
debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda
que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso.’’