ROMA, 3 de junio.— El director general de la FAO, Jacques Diouf,
calificó la crisis alimentaria actual como "crónica de una
catástrofe anunciada", al dejar inaugurada en la mañana de este
martes, la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria, efectos del Cambio
Climático y Bioenergía.
Recordó que en esta misma sala, en 1996, un total de 112 jefes de
Estado y Gobierno se habían comprometido solemnemente a reducir a la
mitad, para el año 2015, el número de personas que pasaban hambre en
el mundo. De acuerdo con las tendencias observadas, ese objetivo no
se alcanzará hasta el 2150, enfatizó.
Lamentó que los reclamos de ayuda para financiar programas contra
el hambre "no tuvieran los suficientes oídos receptivos’’, y que "en
realidad, solo cuando los indigentes, los excluidos de los banquetes
de los ricos, salieron a las calles a manifestar su rebeldía y su
desesperación, surgieron las primeras saludables reacciones en favor
de la ayuda alimentaria".
Luego el director general de la FAO sentenció: lo importante hoy
es saber que ya no queda tiempo para las palabras, ha llegado el
momento de la acción.
Entre los ejemplos que puso para corroborar sus afirmaciones
sobre las causas de la crisis actual, está el que a los países ricos
dedicaran 372 000 millones de dólares en el año 2006 a subvenciones
agrícolas y que las políticas arancelarias hayan desviado del
consumo humano 100 millones de toneladas de cereales, para aplacar
la sed de combustible de vehículos.
Al intervenir en la jornada de la mañana, el presidente de
Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, defendió la producción de
biocombustibles, aunque, dijo no ser favorable a producir etanol a
partir de alimentos como el maíz y otros. No creo que alguien vaya a
llenar el tanque de un auto con combustible si para hacerlo va a
quedar con el estómago vacío, argumentó.
Además de asegurar que entre los factores fundamentales del
aumento de los precios de los alimentos está el del alto costo del
petróleo, dijo que "un factor decisivo es el intolerable
proteccionismo con el que los países ricos mantienen su agricultura,
atrofiando y desorganizando la producción de otros países,
especialmente los más pobres".