Los cubanos hemos aprendido a querer a Terry Fox. Es como si lo
hubiéramos conocido de toda la vida. Su ejemplo, su firme y férrea
voluntad nunca nos han sido ajenos porque el joven héroe canadiense
continúa siendo uno de esos hombres que marcaron la ruta para un
mejor conocimiento y comprensión del problema cáncer.
En los venideros días de marzo, cuando celebraremos en todo el
país el décimo aniversario del Maratón de la Esperanza, los cubanos
le rendiremos culto a esa entrega sin límites, pues herido de muerte
por la cruel enfermedad Terry se convirtió en paradigma mundial en
la lucha contra ese flagelo humano, un concepto que obliga a
detenernos por un segundo para la reflexión y la toma de conciencia.
Desde el mismo día de su muerte, con solo 22 años de edad,
después de recorrer durante 143 jornadas un promedio diario de 42
kilómetros con una pierna amputada por la enfermedad, Terry nos
sigue convocando con ese poder que emana de su corta vida.
Desde 1998 los cubanos participamos año tras año en esta reunión
que sobrevuela lo meramente deportivo, para convertir al país entero
en un himno de solidaridad humana y darles un espaldarazo a la
educación, al conocimiento del cáncer y a los hábitos de vida más
saludables.
El día 15 de marzo se celebrará el Maratón de la Esperanza —Cuba
es la segunda nación en el mundo, después de Canadá, en la
celebración del Maratón—, una fiesta para la salud cubana en general
y en particular, para los estudios e investigaciones sobre oncología
que se llevan a cabo por el apoyo de los hombres, mujeres y
entidades participantes, una de las ideas que promulgó el joven
canadiense con su titánica epopeya.
A las 10:00 a.m. la emisora Radio Reloj, como ocurre cada año,
dará la arrancada y en la capital los concursantes tendrán la
partida y meta en Prado, frente a la sala polivalente Kid Chocolate.
Caminando, corriendo o en patines, rendiremos otra jornada de canto
a la vida.