Al margen de los resultados en su reaparición internacional
después de los Juegos Panamericanos, de todas maneras para Cuba
tácticamente parece más importante su participación en la Copa
Independencia, de República Dominicana, dentro de unos días, porque
con su selección, exigida de una renovación obligada, se encontrará
allí a quienes no vieron en el recién concluido certamen de
Bulgaria: a sus rivales del área, sobre todo dominicanos, que
quieren como ellos conseguir la papeleta olímpica en Trinidad y
Tobago o en Guatemala.
Los cubanos clasificaron a cinco finalistas en la Copa Strandzha,
de Plovdiv —de discreto nivel, al parecer — y solo Emilio Correa se
coronó en los 75. Le ganó a un búlgaro por no presentación tras tres
triunfos a hilo, como también de casa fueron los que vencieron a
Andry Laffita (51), a Rosniel Iglesias (64) y a Robert Alfonso
(+91). Al campeón mundial Yordenis Ugás (60) le ganó el kazajo Merey
Akshalov. Y con la excepción de Iglesias que cayó ante el ídolo
local, Boris Georgiev, medallista de bronce olímpico, y único
búlgaro con el pasaje olímpico, el resto está todavía en busca de
ese mérito para la cita china.
Otros nombres conocidos enfrentados a cubanos fueron el inglés
Bradley Saunders, bronce mundial, que eliminó a Carlos Banteaux en
69; el turco Yakup Kilic, también bronce del orbe, vencido por Ugás
(ambos europeos lo hicieron en la división inmediata superior a la
que competirán en Beijing), y el alemán Rustan Rahimov que derrotó a
Toledo en 54, pero tampoco se encuentra clasificado.
El equipo cubano, después de su incursión en República
Dominicana, está necesitado de topes definitorios domésticos —quizás
abiertos al público—, en las divisiones marcadas por la
incertidumbre, antes de viajar a Puerto España, y de ver sus
integrantes grabaciones de las peleas del último Mundial.