Bèjart para siempre

Miguel Cabrera, Historiador del Ballet Nacional de Cuba

Desde Lausana, la ciudad suiza donde desplegó la última etapa de su fecunda labor creadora, nos llega la noticia del fallecimiento del coreógrafo Maurice Bèjart, una de las figuras más trascendentes en toda la historia de la danza.

Nacido en Marsella el 1º de enero de 1927, concilió desde muy joven su amor por la danza con las preocupaciones por las disciplinas humanísticas y las problemáticas sociales de su tiempo, bajo la inspiración de su padre, el prestigioso filósofo Gastón Berger. A partir de 1945 en que inició su carrera como intérprete su nombre se vio vinculado a prestigiosas agrupaciones danzarias europeas, y en 1953, al fundar Les Ballets de L¢ Etoile, luego devenido Ballet Teatro de París comenzó su labor coreográfica, cuyo primer éxito fue Sinfonía para un hombre solo, con música de Pierre Henry.

Dueño de una sólida formación académica, a la cual fue siempre fiel, logró su celebridad en 1959 con El rito de la primavera, considerada la obra que le abrió las puertas para crear en 1960, en Bruselas, su célebre compañía Ballet del siglo XX, donde realizó una prolífica labor coreográfica, rica en temáticas, novedosas puestas en escena, plenas de teatralidad y la incorporación de la una amplísima gama musical. En 1970, también en Bélgica, fundó la Escuela Mudra, centro europeo de perfeccionamiento e investigación para intérpretes teatrales de la más diversa índole. En 1992, abandonó la capital belga para fundar el Ballet Bèjart de Lausana, compañía donde su genio complementó las altas cotas alcanzadas con obras anteriores como la Novena Sinfonía, Misa para los tiempos presentes, Bolero, Golestan, Baudelaire, Romeo y Julieta, entre otros.

Como bien dijera un estudioso de su obra: "A Bèjart nada humano le fue ajeno". Consecuente con ese criterio nos dejó piezas tan trascendentes como 1789 y nosotros, Danza por la vida (dedicado a la pandemia del SIDA), El pájaro de fuego (tributo a los movimientos insurreccionales contra el colonialismo) o Che, en memoria del Guerrillero Heroico, entre otras.

La muerte de Bèjart llena de particular dolor al ballet cubano y de manera especial a su máxima figura Alicia Alonso, quienes estuvieron ligados por una hermosa y larga amistad. Bèjart nos trajo su compañía en 1968 y aún permanecen en nuestros recuerdos las inolvidables presentaciones que aquí ofrecieron, entre ellas las de Erótica y La noche oscura, donde el propio Bèjart compartió la escena con la bailarina Laura Proença y la actriz española María Casares, respectivamente.

En 1972 montó para ella el segundo acto de El lago de los cisnes, el cual la bailarina cubana interpretó junto al italiano Paolo Bortoluzzi. En 1980 participó en la Gala Homenaje a la Alonso, organizada por la UNESCO en París, donde manifestó ... Alonso es alguien que representa para mí la vida ... es un ser eterno, que regresa de nuevo más joven, más fuerte, más vital, renaciendo siempre cual Ave Fénix".

En 1998, en ocasión del aniversario 50 del Ballet Nacional de Cuba, le afirmó a la gran artista cubana en emotivo mensaje: "El trabajo que has hecho para la danza y el ballet en estos años es maravilloso, y una prueba de la fuerza del alma y de la mente contra la adversidad y las dificultades de la vida. Gracias por existir".

Ante la golpeante noticia de la muerte de Bèjart, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso expresó: ... el arte pierde a un inmenso creador, uno de los grandes coreógrafos de todas las épocas. Fue un artista de imaginación portentosa, que además era un filósofo de su arte...Creo que las huellas de este creador permanecerán por siempre en el arte de la danza."

 

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