Pero ellas están allí voluntariamente, porque decidieron romper
tabúes y dar el paso al frente también en las tareas de la defensa.
Transcurridas las seis semanas de entrenamientos intensivos, pasarán a
distintas unidades militares como instructoras políticas.
No es que vayan a cambiar definitivamente de profesión, aclaran,
después de seis meses volverán a sus tareas habituales, y esperan
hacerlo mucho más aptas en todos los sentidos. Y como les nombran "las
Celias", tratan de estar a la altura de la heroína.
Así cumplen disciplinadamente los distintos ejercicios de
infantería, desarman y arman un AKM, se ejercitan en el terreno, y
realizan las prácticas de tiro con resultados sobresalientes. Pero:
¿Quiénes son y cómo piensan?
Yanisey Calzada es funcionaria del Comité Provincial de la UJC, y
piensa que si las mujeres constituyen la mitad de la población, no
pueden estar al margen de la defensa del país.
"Nuestra doctrina de guerra de todo el pueblo concibe la
participación de todos en caso de una agresión enemiga, y para ello
hay que estar preparados", expresa, y recuerda que en la historia de
las luchas por la independencia de Cuba, la mujer tuvo un papel
preponderante.
Para Liyanes Cuadot, secretaria profesional del Comité de la UJC en
el Instituto Preuniversitario Vocacional Federico Engels, la defensa
de la patria es un derecho y un deber refrendados por la Constitución
Cubana.
"Como dirigente juvenil, consideré que debía ir al frente también
en esta tarea. Eso me da más fuerza moral para pedirles a los
estudiantes que terminan en el preuniversitario, el mejor
comportamiento durante el servicio militar activo".
Y asegura que la vida militar reafirma en ella hábitos
disciplinarios que le serán útiles para el futuro, tanto en lo
personal como en lo profesional.
Anayansi Páez considera impresionantes las vivencias de estos días:
los conocimientos teóricos y prácticos adquiridos sobre el armamento y
la táctica de combate: El primer disparo, la comprobación del impacto
en la diana, la vida en campaña.
Ella es presidenta de la Organización de Pioneros José Martí en
Viñales y está convencida de que el ejemplo personal es la mejor forma
de convocar a otras jóvenes para que la imiten.
Quizás la historia más elocuente pertenezca a Yudith Valdés,
funcionaria de la organización juvenil en el municipio de San Luis.
A los 17 años de edad, recuerda, quiso ingresar al Servicio Militar
Voluntario Femenino (SMVF), pero su papá no lo consintió, pues
entendía que el ejército era cuestión de hombres. Hoy, cuando ya pasa
de los 31, logró la comprensión familiar, no exenta de resistencia.
"Tengo una niña de tres años, cuando hablo por teléfono con ella
siempre me pregunta ¿Mamá, estás con Fidel?."
No deja pasar la oportunidad para agradecer públicamente el apoyo
de sus vecinos, de sus compañeras y compañeros de pelotón y de todos
en la unidad, de quienes recibe constantemente muestras de admiración
y respeto.
Y aunque en el Centro de Preparación Básica de los Nuevos Soldados
de esta Región Militar, la presencia de féminas reclutas no tiene
precedentes, tampoco son las primeras pinareñas que cumplen con el
Servicio Militar.
La capitana Marlén Díaz, instructora política del Centro y quien
atiende personalmente esta nueva hornada, es buen ejemplo de ello. Su
incorporación a las FAR data de 1986, cuando se realizó el primer
llamado al SMVF.
"Tuve compañeras que se formaron en especialidades difíciles, como
la de tanquista, y la desempeñaron a la par de los hombres". Desde
entonces, dice, está convencida de que la condición de mujer no está
reñida con la vida de soldado.
De las nuevas instructoras políticas en formación, destaca su
consagración y disciplina. "El instructor político es uno de los
principales apoyos del jefe para cumplir las tareas asignadas", de ahí
la importancia de que tengan esas características", afirma.
Y recuerda que el primer llamado al SMVF adoptó como lema una frase
de la heroína Vilma Espín, que mantiene toda su vigencia: "Sin sonrisa
de mujer no hay revolución de hombres".