El último y más grave de esos incidentes, que se produjo hoy al
nordeste de Bagdad, cobró la vida de nueve personas, entre ellas cinco
soldados yankis, y causó heridas a otras tres, de las que una era
también militar.
Según el mando invasor, esa última explosión, que también causó la
muerte de tres civiles y un traductor iraquí, se produjo al paso de
una patrulla del Ejército norteamericano.
Además, un efectivo de las tropas de ocupación pereció este jueves
y otros tres resultaron lesionados, al norte de Bagdad.
Las bajas mortales de esta jornada se suman a los cuatro soldados
que murieron ayer por el estallido de un artefacto explosivo al paso
de un convoy al oeste de la capital iraquí.
Según DPA, un atentado suicida frente al ayuntamiento de la ciudad
de Suleiman Bek, en el norte de Iraq, ultimó al menos a 17 personas y
dejó heridas a 68, informó la policía. Testigos aseguraron que entre
los fallecidos figura el alcalde de la localidad, situada en la
provincia de Kirkuk.
Mientras, el secretario de Defensa, Robert Gates, confirmó en
Washington que el aumento de la violencia y el número de bajas
estadounidenses en Iraq "es lo que podía esperarse", pero atribuye las
razones al incremento del número de tropas y la denominada ofensiva en
la nación árabe.