Someto hoy a la consideración de ustedes una estadística que, por
su relevancia y utilidad, ha ganado categoría de oficial en el
béisbol rentado, especialmente en el de Grandes Ligas, el llamado
WHIP. Es una sigla formada por las iniciales de las palabras
inglesas Walk (base), Hit (que no necesita traducción) y, además,
Innings Pitched, o sea, entradas lanzadas.
Resulta sencilla: sumar la cantidad de jits y bases por bolas
otorgadas por un lanzador y dividirla entre el total de innings
trabajados durante toda la temporada. Un ejemplo: Ciro Silvino Licea
permitió 100 indiscutibles, regaló 20 transferencias y laboró a lo
largo de 132 entradas y 2 tercios. La suma de jits y bases, 120,
entre 132.2 nos dará 0.90, lo cual nos dice que al estelar derecho
granmense se le embasó menos de un hombre por cada entrada lanzada,
un resultado formidable que le permitió encabezar el casillero de
carreras limpias permitidas, pues resulta obvio que a menos
corredores en las almohadillas menores serán las oportunidades del
equipo rival de marcar carreras.
La tabla que acompaña este trabajo —confeccionada por un conocido
de ustedes, Carlos del Pino, director del sitio web oficial de la
Federación Cubana de Béisbol—, resulta reveladora, pues en ella
clasificaron entre los 15 primeros numerosos lanzadores con gran
rendimiento en la 46 Serie Nacional, muchos de ellos integrantes de
la preselección nacional que se prepara para los venideros XV Juegos
Panamericanos de Río de Janeiro.
Un aparte para comentar sobre el segundo lanzador con mejor WHIP,
el diestro santiaguero Norge Luis Vera, quien aceptó menos jits que
entradas trabajadas (84 por 108) y concedió 22 bases, demostrando
que su recuperación es cierta y que aún a su carrera le restan años
para terminar. Al mismo tiempo, les prometo un posterior trabajo
sobre otra estadística muy en boga en estos tiempos, el promedio de
embasado.