Sucesivos intentos de magnicidio contra el Comandante en Jefe Fidel
Castro constituyen también cargos en el juicio político en tribunal
antiterrorista La juventud acusa a Luis Posada Carriles y al gobierno
de Estados Unidos.
En la última sesión de la vista oral y pública, que tiene lugar en
el Centro Recreativo Juvenil José Antonio Echeverría, los testigos
coincidieron en que para el connotado asesino la eliminación física
del Presidente cubano resulta una obsesión, y su insaciable ego lo ha
llevado a escoger para tales fines citas de gran impacto, como las
cumbres iberoamericanas.
Pruebas hay, como para llenar un libro, de su liderazgo en la
organización de esos planes de asesinato durante las reuniones de los
jefes de Estado y de Gobierno de la región en Cartagena de Indias,
Isla Margarita, Santo Domingo y Panamá, en los años 1994, 1997, 1998 y
2000, respectivamente.
La práctica de pruebas permitió al tribunal conocer, sobre todo,
del intento de magnicidio durante la X Cumbre, que el propio Fidel
hizo abortar con su enérgica denuncia al mundo inmediatamente después
de llegar a la capital panameña y que, de haber tenido éxito, habría
sido una masacre.
De acuerdo con esos planes, más de 34 libras de explosivos C-4, con
un radio de acción altamente destructivo en 200 metros perimetrales,
serían colocadas en el paraninfo de la Universidad, donde el líder de
la Revolución Cubana tenía previsto hablar ante miles de estudiantes.
Igualmente se habló de la detención de Posada y sus cómplices, la
negativa del gobierno de Mireya Moscoso a la solicitud de extradición,
de su enjuiciamiento y condena, así como también del indulto concedido
por la Presidenta días antes de cesar en sus funciones, algo
totalmente ilegal, pues el proceso era objeto de apelación y, por
tanto, no había concluido.
Había que verlos en el juicio, la pasmosa tranquilidad con que
escucharon sus respectivas condenas y es que todos sabían de antemano
que era una sentencia inejecutable, enfatizó Francisco Javier
Fernández Guerra, especialista en Derecho Penal llamado a declarar por
el ministerio fiscal.
Rogelio Polanco, especialista en Relaciones Internacionales y
director del periódico Juventud Rebelde, insistió en la protección
ofrecida por el gobierno de EE.UU. a Posada y sus esfuerzos para
evitar que sea juzgado como uno de los peores terroristas que ha
conocido la historia.
Primero, se fingió sordo y ciego para no admitir la presencia del
asesino en su territorio y, cuando no fue posible dilatar más el
asunto, armó una farsa judicial, que no podía tener otro desenlace que
la puesta en libertad, sin cargo alguno, de Posada Carriles, un hombre
del clan Bush y de la CIA, añadió.