Sin justicia, el mundo no podrá sobrevivir, afirmó hoy Giustino di
Celmo, padre de Fabio, el joven italiano muerto durante la escalada de
atentados con bombas contra instalaciones turísticas cubanas en los
años 1997 y 1998.
El anciano compareció como testigo de cargo en el juicio político
en tribunal antiterrorista La juventud acusa a Luis Posada Carriles y
el gobierno de los Estados Unidos, vista oral y pública que concluirá
esta tarde luego de dos intensas jornadas en el Centro Recreativo
Juvenil José Antonio Echeverría.
Conmovida, la sala escuchó el testimonio de Di Celmo, quien aseguró
que, a pesar de haber combatido en la Segunda Guerra Mundial, hasta
aquel fatídico cuatro de septiembre de 1997 jamás había sabido lo que
es el miedo, ese que sintió cuando pensó cómo darle la terrible
noticia a la madre de Fabio.
Consideró que la decisión de liberar a Posada Carriles en Estados
Unidos, sin cargo alguno, y la no menos inconcebible actitud del
gobierno de ese país de impedir que sea reconocido y juzgado como un
terrorista, constituyen una burla a la memoria de Fabio y de las
muchas otras víctimas de sus crímenes.
Casi 10 años han pasado y aún espero que se haga justicia, por mi
hijo asesinado, pero sobre todo para este pueblo, que tanto ha sufrido
por las agresiones y ese bloqueo infame y genocida del gobierno de
Estados Unidos, recalcó Giustino di Celmo.
Ante el Tribunal Antiterrorista también comparecieron Marisol
Vizoso, con secuelas permanentes de la explosión de una de las bombas
en el Hotel Nacional de Cuba, y Santiago Eliseo Álvarez, quien recogió
el cuerpo casi sin vida de Fabio di Celmo para ayudar a trasladarlo al
hospital.
Escuchado fue, asimismo, el testimonio de Chang Álvarez, con 13
años de edad cuando corrió peligro mortal al estar muy cerca, junto a
otros niños que como él participaban en un torneo de ajedrez, de un
artefacto dinamitero colocado en el hotel Comodoro y que decidió
llevarse a casa, al creer que se trataba de una calculadora.
En nombre de su pueblo, el joven salvadoreño José Oswaldo Granados,
quien estudia en Cuba, ofreció disculpas a la Isla por el proceder de
hombres como Raúl Ernesto Cruz León y Otto René Rodríguez Llerena,
capaces de servir a Posada y al gobierno de EE.UU. en su macabro
empeño de destruir a la Revolución mediante actos terroristas.
Los testigos han insistido en que las autoridades cubanas pusieron
oportunamente en manos del gobierno norteamericano toda la evidencia
necesaria, sin que hasta el momento se haya recibido respuesta y
tampoco el más leve indicio de un cambio en su política.