Cuba se cuenta entre las principales víctimas de ese doble rasero
que en materia de terrorismo aplica el gobierno de Estados Unidos,
aseguró hoy uno de los testigos de la acusación en el juicio político
contra Luis Posada Carriles y el imperio.
El teniente coronel Roberto Hernández Caballero sustentó esta
afirmación en su experiencia como investigador cubano que ha sido
llamado a declarar en algunos procesos judiciales en ese país, sin que
la abundante y probatoria evidencia aportada acerca de la actividad
terrorista contra Cuba haya servido para lograr una justa sentencia.
Habló, por ejemplo, de su participación en el juicio a los autores
del secuestro de un avión en Cuba para viajar a la Florida, a los
cuales el jurado declaró inocentes, luego de apenas 30 minutos de
deliberaciones, a pesar de que tal acción califica como terrorista y
quedó probada fehacientemente.
Desestimadas fueron, también, las muchas pruebas que sobre el tema
presentamos en el juicio en Miami a
Fernando González,
Gerardo Hernández,
Ramón Labañino,
Antonio Guerrero y
René González, los
Cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por ayudar a
prevenir frustrar las criminales acciones que desde ese país se llevan
a cabo contra la mayor de las Antillas, recordó.
Había que ver a los fiscales en la vista oral, estaban tan ansiosos
por impedir que se hablara más del asunto, que llegaron a amenazar a
miembros de grupos extremistas anticubanos con enjuiciarlos, si de sus
actividades terroristas daban cuenta al ser llamados por la defensa
como testigos de descargo, explicó.
Hernández Caballero prestó declaración esta mañana en el juicio
político en tribunal antiterrorista La juventud acusa a Luis Posada
Carriles y al gobierno de Estados Unidos, a propósito del repaso a la
escalada de atentados contra instalaciones turísticas cubanas en 1997
y 1998, terribles sucesos en cuya investigación participó.
Expertos y jóvenes que han estudiado minuciosamente el caso,
también comparecieron en esta segunda y última jornada de la vista
oral y pública y sus testimonios revivieron la barbarie de un plan
cuidadosamente diseñado por Posada Carriles con apoyo y financiamiento
de la Fundación Nacional Cubano-Americana.
Aquella escalada fue concebida con el deliberado propósito de
sembrar el dolor y la muerte y de hacer colapsar el turismo, sector
emergente y pujante de una economía que intentaba entonces salir de
una crisis derivada del recrudecimiento del criminal bloqueo de
Estados Unidos contra Cuba, el derrumbe del campo socialista y la
desaparición de la Unión Soviética.
Las confesiones de autores materiales de esas acciones y las
propias declaraciones del acusado al The New York Times, en julio de
1998, confirman que mercenarios como los salvadoreños Otto René
Rodríguez Llerena y Raúl Ernesto Cruz León fueron reclutados,
entrenados, abastecidos y financiados personalmente o por mandato
expreso de Posada Carriles.
Estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado, dijo
cínicamente ese asesino al citado diario norteamericano, para
justificar la muerte del joven turista italiano Fabio di Celmo,
víctima fatal de una escalada terrorista, causante de otros graves
daños humanos y materiales.
Giustino di Celmo, padre de Fabio, compareció también en este
juicio para ofrecer un conmovedor testimonio de su vida antes y
después del cuatro de septiembre de 1997, fatídico día en que una
bomba colocada en el hotel Copacabana segó la vida de aquel joven
alegre, bueno, enamorado de la vida y de Cuba.