Enfermeros de hospitales militares

Elogio de una virtud

Katia Siberia García y Aldo Mederos (Fotos)

Quizás lo común termine siendo imperceptible para muchos, y requerir del servicio de enfermería sea algo más en un día cualquiera. Pero a veces, la dedicación de quienes sienten por su labor la satisfacción que distingue sus días, reclama detenimientos, e impone preguntas.

Profesionales de la salud que se distinguen por sus virtudes y dedicación.

La imagen de los hospitales militares irradia disciplina, augura seriedad. Dentro, el habitual ajetreo no da margen a demasiados recesos, en ocasiones, a ninguno. Aun así, muchos fueron los enfermeros y enfermeras que sin reparar en la cercanía del día universal que los honra y los recuerda, accedieron a contar historias.

Desde 1962 Fidel lo había dicho, "No hay aspiración más legítima que combatir contra las enfermedades y contra la muerte". En esas palabras yace la motivación verdadera; el porqué de horas interminables, a veces anónimas; la razón de una entrega que no exige nada a cambio y sin embargo se reconforta con el bien "ajeno".

El trabajo con el paciente, en este caso una niña, se combina con “tratos especiales”.

La complejidad de una sala de terapia intensiva no amilana a los más jóvenes. Los temores del principio, o la tensión de una muerte inesperada ceden paso a la profesionalidad. Para Yunier Morales, quien aún no cumple los dos años de graduado, el hábito y la práctica cotidiana han hecho de él una persona segura. Se sobrepone a la pérdida de algún paciente y las diferentes patologías, más que provocarle extrañeza o incertidumbre, son aprovechadas en el estudio.

Como él, otros son los enfermeros y enfermeras que se desempeñan en servicios de urgencias o especiales y deben lidiar con largos periodos de extremo cuidado. Al decir de Bartola Pérez Peña, jefa de enfermería de este servicio intensivo, las labores resultan complejas pues el enfermero además del tratamiento médico debe realizarle al paciente todos los procederes que su estado de gravedad le impide.

Futuros profesionales desde el punto de vista académico, aseguran que ya están listos para enfrentar sin tutoría los servicios de urgencias, Eduardo Clavero, Yoslán Vélez y Yasmany Sierra, estudiantes de segundo año, hablan con una certeza abrumadora. La disposición en ellos impera.

La práctica común es antecedida por el estudio que no concluye con la entrega de un título y exige constante renovación. Bien lo sabe Lucía Mojena, quien debió aprender durante ocho meses el manejo de un riñón artificial y, junto a varias enfermeras, revitaliza el aprendizaje ante cada nuevo equipamiento. A ese tratamiento se suman las horas consecutivas en que el paciente permanece en la sala de hemodiálisis y entonces, además de enfermeras, son amigas. Así lo testificaron varios pacientes que disfrutan del cariño, las conversaciones y la comprensión de estas.

Supervisores en vela por la calidad de los servicios, en diferentes salas que difieren en funcionamiento y coinciden en el fin humano de salvar una vida, mostraron igual su destreza. En todos, la calidad anunciada y la entrega habitual.

Dinorah León, Yorileny Bayard, Madelín Fernández, Zuilén Martín, Isabel Torriente, Esperanza Márquez, Roberto Fonseca, Jensy Echevarría y muchos otros que combinan su vida personal con la entrega en el trabajo y a diario hacen desaparecer la barrera, brindan también un servicio que se multiplica y llega a miles de cubanos. Sería imposible mencionarlos a todos, pero la sencillez de estos hombres y mujeres, no repara en nombres impresos en papel, el reconocimiento mayor, coinciden muchos, llega con la recuperación y la alegría de cada paciente.

Acostumbrados a entregar lo cotidiano y un poquito más, los miles de enfermeros que laboran en los hospitales militares aseguran que no se trata de un trabajo diferente por pertenecer a las FAR, en tanto el sentido humano no repara en instituciones. La excelencia de este servicio va más allá del buen estado de una construcción o la existencia de un equipamiento avanzado. La atención al paciente marca la diferencia y unido a la profesionalidad se imponen la ética médica, la sensibilidad humana, la puntualidad, la disciplina y una formación política que los distingue.

Quizás estas condicionantes suman causas y explican también por qué enfermeras como Cira Julia Castel Florit, Aydelina Vera Díaz o María del Carmen Solórzono, permanezcan aún desandando cada sala y postergando el retiro. Con misiones internacionalistas cumplidas en Nicaragua, Angola y Etiopía respectivamente, estas "veteranas" siguen aportando sus conocimientos.

La prestación de servicios en las más apartadas comunidades nicaragüenses, o la prontitud y cautela de una misión en tiempo de guerra, así como la transportación de tropas cubanas por vías marítima y aérea, fueron algunas de las tareas que al servicio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, cumplieron.

Pero la vida laboral de estos y otros profesionales de la salud no queda reducida a situaciones excepcionales. Durante cada maniobra, ejercicio militar, o Día de la Defensa, permanecen alertas. Y aunque el uniforme verde olivo suele confundirlos, cada soldado de las FAR se sabe protegido aunque no vislumbre el traje blanco que reconoce a cada enfermero.

Ellos por su parte, no ven en el uniforme militar la exclusividad de un servicio, pues diariamente miles de civiles reciben iguales esmeros. Solo reconocen en las FAR la guía de un trabajo que llevan consigo como una virtud que, aun sin elogios, se ofrece.

 

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