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Unos 800 soldados israelíes fueron utilizados por el Ejército para
realizar investigaciones con el fin de obtener una vacuna contra el
ántrax, informó hoy el periódico Haaretz.
El experimento médico secreto comenzó a finales de la década de los
90 del siglo pasado sobre la base de la voluntariedad y desencadenó en
ellos enfermedades como tumores cutáneos, graves infecciones
pulmonares, migrañas, bronquitis y síntomas de epilepsia.
Los militares sometidos al ensayo conocieron al detalle sobre las
pruebas y fueron avisados de salir de las mismas cuando quisieran,
aunque se les advirtió que no extrañaba peligro alguno.
Con anterioridad firmaron un contrato de guardar silencio, incluso
hasta con su familia, según la fuente.
Un comunicado del Ministerio de Defensa israelí señaló que las
investigaciones fueron legalizadas por las autoridades pertinentes y
estaban dirigidas a proteger la población "ante amenazas
estratégicas".
Los experimentos se realizaron porque en aquel momento hubo temor a
un ataque procedente de Iraq con sustancias biológicas, declaró a la
radio israelí el entonces jefe de salud del Ejército, Giora
Martinovich.