La Unión de Escritores
y Artistas de Cuba (UNEAC) vuelve a estar en Congreso. Y bien se sabe
que no habrá ni el más mínimo viso de formalismo en el proceso. Como
lo fueron el V y el VI congresos, el temario de este foro rebasará con
creces los estrechos límites gremiales para irradiar su incidencia en
las más vastas zonas de nuestro tejido social.
Si en 1993 el cónclave de la vanguardia intelectual y artística
cubana apostó por la necesidad de la sobrevivencia misma de la
Revolución en tiempos sumamente críticos —Fidel entonces subrayó una
frase premonitoria, cuyo alcance debe ser calibrado en su más profunda
significación: "La cultura es lo primero que hay que salvar"—, y en
1998 se lanzaron poderosas señales de alerta acerca de los peligros de
la hegemonía mediática imperial y su influjo en nuestra sociedad, a la
vez que se ventilaron temas como la marginalidad, los prejuicios
raciales y las desigualdades sociales, la degradación de los conceptos
arquitectónicos y el trastocamiento de las jerarquías estéticas, este
proceso que acaba de comenzar promoverá, desde la cultura y a lo largo
del 2007, la reflexión sobre problemas, contradicciones y conflictos
presentes en el mundo de hoy y en el pulso de nuestra vida espiritual.
Debe tenerse en cuenta cómo en los últimos diez años, muchos de los
planteamientos formulados entonces nutrieron las bases de lo que Fidel
ha llamado Batalla de Ideas y de numerosos programas sociales y
culturales que la Revolución ha implementado en este decenio.
Al dialogar con los integrantes de la Comisión Organizadora del
Congreso, encabezada por el actor y director escénico Sergio Corrieri
—quien asume esta responsabilidad avalado por su enorme prestigio
artístico e intelectual, sin que por ello haga dejación de su cargo al
frente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos—, Esteban Lazo,
miembro del Buró Político del Partido, llamó la atención sobre la
necesidad de articular los debates culturales con el contexto en que
la Revolución consolida sus logros y abre nuevos caminos.
No podrá obviarse cómo el Estado, dentro de sus posibilidades, ha
respaldado el funcionamiento de las instituciones culturales, la
formación de instructores de arte y profesionales en diversas
manifestaciones artísticas, la apertura de nuevos canales de
televisión, la multiplicación y ramificación del sistema editorial, y
la proyección de exitosos eventos nacionales e internacionales, en
medio del recrudecimiento del bloqueo imperialista, los incontables
obstáculos para acceder a fuentes de financiamiento, y la escalada de
los precios de los productos e insumos básicos en el mercado mundial.
La Comisión Organizadora, el movimiento intelectual y artístico en
su conjunto y los diversos factores políticos y sociales que se
relacionan con la satisfacción de las necesidades espirituales de
nuestra población, tendrán que dar continuidad a muchos de los asuntos
que se han ido abordando en los diez años que median de uno a otro
Congreso, y a la vez, deberán focalizar nuevos y acuciantes problemas
que se revelan. Los jóvenes creadores involucrados en el proceso del
Congreso, junto a destacadas personalidades de otras generaciones que
integran la vanguardia intelectual, están en condiciones de aportar
responsablemente el espíritu de renovación que se requiere en estos
tiempos y, a la par, trazar las pautas de continuidad con la labor
precedente.
Al clausurar el VI Congreso, Fidel dijo: "Hemos visto un ejército
con capacidad, valentía, optimismo y conciencia revolucionaria, en un
puesto en la primera línea de combate". Ese ejército, apertrechado de
lucidez, responderá a las expectativas de la Revolución, del Partido y
de Fidel.