Hacia el VII Congreso de la UNEAC

Compromiso, continuidad, renovación

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) vuelve a estar en Congreso. Y bien se sabe que no habrá ni el más mínimo viso de formalismo en el proceso. Como lo fueron el V y el VI congresos, el temario de este foro rebasará con creces los estrechos límites gremiales para irradiar su incidencia en las más vastas zonas de nuestro tejido social.

Si en 1993 el cónclave de la vanguardia intelectual y artística cubana apostó por la necesidad de la sobrevivencia misma de la Revolución en tiempos sumamente críticos —Fidel entonces subrayó una frase premonitoria, cuyo alcance debe ser calibrado en su más profunda significación: "La cultura es lo primero que hay que salvar"—, y en 1998 se lanzaron poderosas señales de alerta acerca de los peligros de la hegemonía mediática imperial y su influjo en nuestra sociedad, a la vez que se ventilaron temas como la marginalidad, los prejuicios raciales y las desigualdades sociales, la degradación de los conceptos arquitectónicos y el trastocamiento de las jerarquías estéticas, este proceso que acaba de comenzar promoverá, desde la cultura y a lo largo del 2007, la reflexión sobre problemas, contradicciones y conflictos presentes en el mundo de hoy y en el pulso de nuestra vida espiritual.

Debe tenerse en cuenta cómo en los últimos diez años, muchos de los planteamientos formulados entonces nutrieron las bases de lo que Fidel ha llamado Batalla de Ideas y de numerosos programas sociales y culturales que la Revolución ha implementado en este decenio.

Al dialogar con los integrantes de la Comisión Organizadora del Congreso, encabezada por el actor y director escénico Sergio Corrieri —quien asume esta responsabilidad avalado por su enorme prestigio artístico e intelectual, sin que por ello haga dejación de su cargo al frente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos—, Esteban Lazo, miembro del Buró Político del Partido, llamó la atención sobre la necesidad de articular los debates culturales con el contexto en que la Revolución consolida sus logros y abre nuevos caminos.

No podrá obviarse cómo el Estado, dentro de sus posibilidades, ha respaldado el funcionamiento de las instituciones culturales, la formación de instructores de arte y profesionales en diversas manifestaciones artísticas, la apertura de nuevos canales de televisión, la multiplicación y ramificación del sistema editorial, y la proyección de exitosos eventos nacionales e internacionales, en medio del recrudecimiento del bloqueo imperialista, los incontables obstáculos para acceder a fuentes de financiamiento, y la escalada de los precios de los productos e insumos básicos en el mercado mundial.

La Comisión Organizadora, el movimiento intelectual y artístico en su conjunto y los diversos factores políticos y sociales que se relacionan con la satisfacción de las necesidades espirituales de nuestra población, tendrán que dar continuidad a muchos de los asuntos que se han ido abordando en los diez años que median de uno a otro Congreso, y a la vez, deberán focalizar nuevos y acuciantes problemas que se revelan. Los jóvenes creadores involucrados en el proceso del Congreso, junto a destacadas personalidades de otras generaciones que integran la vanguardia intelectual, están en condiciones de aportar responsablemente el espíritu de renovación que se requiere en estos tiempos y, a la par, trazar las pautas de continuidad con la labor precedente.

Al clausurar el VI Congreso, Fidel dijo: "Hemos visto un ejército con capacidad, valentía, optimismo y conciencia revolucionaria, en un puesto en la primera línea de combate". Ese ejército, apertrechado de lucidez, responderá a las expectativas de la Revolución, del Partido y de Fidel.

 

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