— La decisión de la petrolera estadounidense Halliburton de mudar sus
oficinas centrales a Dubai genera hoy desconfianza en líderes
demócratas del Congreso, a quienes preocupa el sorpresivo traslado.
"Esto no sólo no parece bueno, no suena bien y no huele bien",
afirmó el senador demócrata Charles Schumer.
En opinión del congresista, una compañía que tenga su sede central
en ultramar debe someterse a mayor escrutinio que a una empresa
establecida en suelo norteamericano.
El también senador Patrick Leahy consideró la maniobra de
Halliburton como el peor ejemplo de codicia corporativa, tendente,
entre otros objetivos, a reducir sus gastos en impuestos en Estados
Unidos.
"Es un insulto a los soldados estadounidenses y a los
contribuyentes que pagaron por contratos no licitados y padecieron sus
sobreprecios en todos estos años", indicó Leahy, presidente del Comité
judicial de la Cámara alta.
Halliburton, empresa que fuera dirigida por el vicepresidente
Richard Cheney entre 1995 y 2000, anunció la víspera que trasladará su
cuartel general a Dubai, Emiratos Árabes Unidos, para sacar mayor
provecho del auge del mercado energético en la región.
En correspondencia, el presidente de la compañía, Dave Lesar, se
mudará a Dubai para dirigir desde allí los negocios en el Cercano
Oriente, África y la zona Asia-Pacífico, considerados los escenarios
más importantes para la industria petrolera y gasífera global.
Jurídicamente, la empresa continuará siendo estadounidense, pero
sus oficinas ejecutivas principales quedarán establecidas en Dubai,
precisó el consorcio en un comunicado.
Halliburton es el principal contratista del Pentágono en Iraq,
donde recibió, sin licitación alguna, contratos valorados en 16 mil
millones de dólares. En 2006 los ingresos de la empresa ascendieron a
22 mil 600 millones de dólares.
En febrero de ese año, auditores del Pentágono descubrieron cargos
excesivos o injustificados de más de 250 millones de dólares en las
facturas de la compañía por servicios prestados en Iraq.
Un mes antes, los inspectores llamaron la atención por la
existencia de amplios gastos y trabajos sin acabar en las labores de
reconstrucción de la nación árabe adjudicados a la firma.
Halliburton está bajo escrutinio desde 2003 cuando se descubrió que
le fueron otorgados negocios sin licitación en Iraq.
A la sazón, Medios de prensa llamaron la atención sobre el
favoritismo del gobierno, tomando en cuenta que Cheney presidió el
gigante petrolero antes de llegar a la Casa Blanca.
Los auditores del Pentágono descubrieron, además, que la compañía
había cobrado al Ejército casi el triple que otras empresas para hacer
el mismo trabajo.
Cuestionaron el pago de 263 millones de dólares para las entregas
de combustible, la reparación de tuberías y otras tareas que
consideraron potencialmente infladas o sin justificación documental.