Una banda de niños casi recién salidos a la vida dio el
recibimiento musical al tropel de recién llegados. Sus arreglos
contemporáneos de piezas clásicas del álbum criollo fueron como un
mapa de carretera para encontrar la ruta hacia uno de los fuertes
pilares de la cultura cubana y de los grandes compositores de
América Latina, de quien en el año último se conmemoró el centenario
de su natalicio, Alejandro García Caturla (1906).
Jesús Gómez Cairo, director del Museo Nacional de la Música, dio
testimonio de la importancia de la obra del legendario artista en la
reinauguración de la Casa-Museo que lleva su nombre, ante una
audiencia en la que se hallaban Abel Acosta, viceministro de Cultura
y familiares del célebre compositor y jurista, asesinado en Remedios
el 12 de noviembre de 1940.
Quienes atraviesen el umbral de la instalación —gran templo
reservorio del pensamiento caturliano— podrán explorar un registro
minucioso de su vida por fotos y artículos que son como una cámara
de descompresión para entrar en la dimensión de su obra.
Metafóricamente hablando, el espíritu de Caturla reverdece el
cerebro de la cultura cubana en las jornadas de conciertos y
coloquios dedicados a su memoria.
En pocos días hemos vivido igual experiencia en municipios
diferentes de la provincia. En Remedios, Santa Clara, Caibarién,
Sagua la Grande y Quemado de Güines, la fuerza telúrica del gran
artista penetra hasta los poros de las paredes de las casas.
Como parte del tributo, el sello Colibrí presentó el fonograma
Leyendas, obras inéditas de Caturla, protagonizado por el Dúo
Promúsica, que sigue la estela de excelencia generada por discos
como Serenata cubana, protagonizado por el pianista Ulises
Hernández y el declamador Luis Carbonell; Homo ludens, de Leo
Brouwer, y la serie integral de los conciertos para piano y orquesta
del brasileño Heitor Villa-Lobos.
Mientras, frente al parque Vidal de Santa Clara, en el Museo de
Artes Decorativas, escuchamos los conciertos del Trío Lennon y la
vibrafonista Tamara Castañeda y su grupo.
El paisaje en las periferias de esta capital provincial borra
cualquier síntoma de cansancio. En un instante los campanazos de la
iglesia del Carmen parecieron exhortar a los transeúntes a sumarse a
las actividades de recordación. Tenían ese ímpetu que las hace
repiquetear cuando celebran los grandes acontecimientos. Ahora los
carrillones doblaron por Alejandro García Caturla.
Villa Clara es un edén de la cultura. Quizás porque aquí se
trenzan las mejores corrientes que parten de Oriente y Occidente y
se esparcen definitivamente en sus vericuetos. También es una ciudad
de mochilas Santa Clara. Centenares de jóvenes de varias partes del
país llegan en tiempos de festivales de trova y rock organizados por
la Asociación Hermanos Saíz del territorio, encabezada por Ernesto
Cabanes.
En el coloquio, en la Biblioteca José Martí con Ana Delia
Monteagudo al frente, los musicólogos y juristas pusieron especial
énfasis en destacar la creación del músico y su labor como abogado,
de modo que se conozca su acervo cultural y espiritual.
En dicho contexto se anunció el primer Concurso Nacional de
Composición Musical bautizado con su nombre, momento culminante en
unas jornadas selladas con un concierto de la Schola Cantorum
Coralina, y que tuvieron de principio, el viaje a la Plaza Monumento
Comandante Ernesto Che Guevara donde en su sagrada atmósfera se
siente el eco de millones de pasos dados por todos aquellos caídos
buscando el ideal por donde saldrá el Sol.