En momentos en que la estrategia de
Estados Unidos en Iraq atraviesa una seria crisis, el vicepresidente
de ese país, Dick Cheney, inició hoy una gira por Japón y Australia,
sus más estrechos aliados en la región.
Cheney permanecerá tres días en el archipiélago japonés, donde en
fecha reciente el ministro de Defensa, Fumio Kyuma, criticó la
política de Washington en el país árabe y la calificó de equivocada.
El enviado de la Casa Blanca no tiene intenciones de reunirse con
Kyuma, pero sí está prevista una audiencia con el emperador Akishino y
un encuentro con el primer ministro japonés, Shinzo Abe.
Abe, al igual que su predecesor, Junichiro Koizumi, se comprometió
a reforzar las relaciones con Estados Unidos en temas de defensa.
Tokio y Washington están vinculados por un tratado bilateral de
seguridad en virtud del cual un ataque contra Japón sería respondido
por acciones de las tropas conjuntas.
En opinión del jefe de gobierno, la proliferación de armas de
destrucción masiva, el terrorismo y la formación de un Ejército que
pueda participar en conflictos extranjeros, son motivos suficientes
para reformar la Constitución pacifista nipona.
Pese a que la guerra en Iraq es cada vez más impopular, es posible
que el vicepresidente estadounidense discuta sobre nuevas formas en
las que Japón podría brindar mayor apoyo a ese conflicto y al de
Afganistán.
Con el mismo objetivo, viajará después a Australia, donde se
reunirá con el primer ministro John Howard, importante aliado en esas
invasiones.
La visita de Cheney a Japón tiene lugar en medio de ciertas
tensiones por una resolución aprobada recientemente por el congreso
estadounidense en la que se condenan los casos de esclavitud sexual de
mujeres por militares japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.
El ministro de Asuntos Exteriores japonés, Taro Aso, mostró hoy su
desagrado con esa iniciativa, que calificó de muy lamentable e
infundada.
La resolución pide a Tokio que reconozca formalmente la existencia
de esos abusos y que pida disculpas y acepte su responsabilidad
histórica de una forma clara e inequívoca.
Se calcula que más de 200 mil mujeres de Filipinas, Tailandia,
Vietnam, Malasia, China, y de la península coreana, fueron
esclavizadas sexualmente por el Ejército japonés antes y durante la II
Guerra Mundial (1939-45).
Durante años, el Gobierno nipón negó su responsabilidad, que sólo
reconoció cuando salieron a la luz pruebas claras del papel de las
autoridades japonesas en esos desmanes.