La secretaria norteamericana de
Estado, Condoleezza Rice, evitó hoy establecer expectativas válidas
para la paz levantina al calificar de conversaciones informales la
cumbre tripartita que sesiona en un hotel jerosolimitano.
A la reunión también acuden el presidente de la Autoridad Nacional
Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, y el primer ministro de Israel, Ehud
Olmert.
La funcionaria estadounidense expresó a reporteros que "esto no es
algo que espere que avance rápidamente", lo cual colocó un matiz de
incredulidad antes de las sesiones del encuentro.
La cumbre coincide con las gestiones palestinas para construir un
gobierno de unidad y el cese de los combates entre sus mayores
movimientos políticos, la Resistencia Islámica (Hamas) y Al Fatah.
Las declaraciones de la jefa de la diplomacia norteamericana se
ajustan a las exigencias israelíes de ser reconocido por el nuevo
gobierno palestino y que renuncie a su defensa armada.
Tel Aviv reclama que el nuevo ejecutivo de validez a los acuerdos
firmados por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en
la década pasada.
Sin embargo, el presidente Abbas recibió el apoyo del primer
ministro Ismail Haniyet, uno de los dirigentes del Hamas y a quien
consideran el gran ausente de la cumbre.
Por segunda ocasión en alrededor de un año, Haniyet es encargado de
estructurar un gabinete, esta vez con la presencia de ministros de Al
Fatah, la formación de Abbas.
Un asesor del presidente expuso la percepción palestina, al
manifestar que "esperábamos que la reunión pudiera relanzar las
conversaciones de paz seriamente, pero los israelíes harán todo lo
posible para hacerlas fracasar".
La víspera, el primer ministro Olmert congeló el optimismo cuando
hizo público un entendimiento de Tel Aviv con Estados Unidos respecto
al trato fuerte que le darán al nuevo gobierno palestino, incluyendo
el boicot directo.