El
presidente estadounidense, George W. Bush firmó la controvertida ley
para la construcción de un muro fronterizo con México. Hasta finales
del 2008, cerca de un tercio de la frontera común deberá contar con
una elevada valla especial.
"La ley ayuda a proteger al pueblo estadounidense", aseguró el
presidente Bush durante la firma de la ley, agregando que
"lamentablemente el Estado no estuvo en condiciones durante décadas
de controlar por completo las fronteras". Esto, declara el
presidente norteamericano, "ha aportado al incremento de la
inmigración ilegal". Para combatirla, esta ley, duplica el número de
agentes fronterizos a 18 000 hasta el 2008 y autoriza el desembolso
inicial de 1 200 millones de dólares para la construcción del muro,
cuyo costo total es de unos 6 000 millones.
Un número estimado de 12 millones de personas que entretanto
viven de manera ilegal en Estados Unidos se convirtió en un tema
candente de cara a las elecciones legislativas del 7 de noviembre.
Los republicanos temieron la ira de los votantes conservadores, que
acusan al gobierno de Bush de haber hecho demasiado poco contra la
inmigración ilegal; esta, en su opinión, representa una amenaza para
los puestos de trabajo e incrementa la criminalidad.
La ley es duramente criticada internacionalmente, sobre todo por
México. La publicación alemana DEUTSCHE WELLE conversó al respecto
con el catedrático Dietrich Thränhardt, director del Instituto para
Ciencias Políticas de la Westfälische Wilhelms-Universität de
Münster, y especialista en política comparada y migración.
DW: ¿En qué medida impedirá la construcción del muro entre
Estados Unidos y México la corriente migratoria hacia Estados
Unidos? Vicente Fox, el todavía presidente de México, hizo expresa
su desaprobación del asunto y pronosticó que el muro no cambiará la
situación.
THRÄNHARDT: Está claro que la gente seguirá intentando pasar
la frontera a través de los tramos que no están asegurados. La
medida tiene, además, un segundo efecto contraproducente: los
mexicanos que ya están en los Estados Unidos no emprenderán de
ninguna manera el regreso e intentarán por todos los medios quedarse
en el país.
DW: Felipe Calderón, comparó el muro entre México y Estados
Unidos con el Muro de Berlín. ¿Es, en su opinión, posible comparar
ambos muros?
THRÄNHARDT: Sí. En la ex República Democrática Alemana no se
quería dejar salir a la gente. Estados Unidos no quiere que la gente
entre. Sin embargo, la comparación de ambos es posible, pues en la
frontera entre México y Estados Unidos mueren anualmente tantas
personas como durante todo el tiempo que existió el Muro entre las
dos Alemanias. En esa medida, teniendo en cuenta la cifra de
muertes, la frontera mexicano-estadounidense es mucho peor que el
Muro de Berlín.
DW: ¿Por qué pretende el presidente norteamericano, George W.
Bush, justo ahora ampliar el muro entre ambos países?
THRÄNHARDT: El actual esbozo de ley salió puntualmente para
las elecciones. Colocar el tema en primer plano de la campaña
electoral se debió a que el tema Iraq se ha vuelto muy difícil para
los republicanos. Eso por un lado. Por otro, hay que tener en cuenta
que los norteamericanos quieren, desde siempre, parar la corriente
de mano de obra de América Latina. A pesar de ello, no están
dispuestos a desarrollar mecanismos de control internos. De esa
manera, los granjeros en California, por ejemplo, siguen
necesitando, empleando y llamando a este tipo de trabajador.
DW: Para todos está claro, también para el presidente Bush,
que el mercado interno norteamericano colapsaría sin esa mano de
obra.
THRÄNHARDT: Por supuesto. Existen completos ramos de la
producción que funcionan exclusivamente con mano de obra mexicana. Y
a pesar de que el gobierno está consciente de que sin ellos el
mercado colapsaría, en la política es así: se hacen y deciden cosas
un tanto problemáticas. Pero no se puede decir, sin embargo, que el
presidente Bush solo acciona de esa manera, pues también ha
propuesto desarrollar un gran programa de amnistía. El problema que
veo, es que de todo su programa, que incluye medidas tanto negativas
como positivas, solo se tienen en cuenta las negativas, como es la
construcción del muro.
DW: Solo 112 kilómetros de los 3 200 que habría que asegurar
están listos y sólo 1 200 de los 6 000 millones necesarios están
aprobados. ¿Cuán en serio hay que tomar este plan? ¿Es posible
acabar de construir el muro?
THRÄNHARDT: Pues, yo creo que sí. Hay tramos que ya están
listos, y la seguridad de esa frontera es impresionante. Ciertos
trechos de la frontera, además, no será necesario que sean
asegurados, pues la propia naturaleza impide el paso. Por ejemplo,
en el desierto, donde la gente acaba muriéndose de sed en caso de
intentar pasar por allí.
DW: Estados Unidos planea construir un muro visible. ¿En qué
se diferencia la muralla invisible que construye la Unión Europea en
sus fronteras exteriores, de la visible estadounidense?
THRÄNHARDT: La Unión Europea ha resuelto internamente este
problema de manera muy diferente, pues tenemos una zona de libre
comercio y, al interior de Europa, tránsito libre. De no haberlo
hecho así, en este momento tendríamos en la frontera entre España y
Francia, o entre la de Alemania y Polonia, problemas semejantes a
los que existen en este momento entre México y Estados Unidos.
Para el mercado interno se ha resuelto el asunto de manera
óptima. Lo que no ha sido resuelto todavía es la discrepancia entre
África y Europa, pero creo que la política europea es más activa en
cuanto al desarrollo de iniciativas en este sentido que la política
norteamericana.