Uno de ellos, que se ausentó sin permiso del servicio por
oponerse a la guerra, fue encarcelado en la prisión estadounidense
de Mannheim, en Alemania, a la espera de que se tramite su apelación
en Washington, en noviembre.
El arresto de Agustín Aguayo, de 34 años, acontece menos de una
semana después de que se presentara en Fort Irwin, en el desierto
californiano de Mojave, tras haberse escondido desde septiembre.
Como objetor de conciencia, Aguayo pidió ser eximido en febrero
del 2004, apenas un año después de haber comenzado su servicio en el
ejército y cuando había sido enviado por primera vez a Iraq.
Su solicitud fue rechazada por el Departamento de Defensa en el
2005 y Aguayo apeló ante tribunales federales en Washington, que
atienden los casos del personal militar desplegado fuera del país.
"Dijeron que permitirían que me llamara (desde Alemania), lo que
sería magnífico, pero no ha ocurrido", dijo a IPS su esposa, Helga
Aguayo. "En Fort Irwin afirmaron que él se comunicaría y que yo
podría telefonearlo, pero ni lo uno ni lo otro se ha hecho realidad.
Creo que están tratando de incomunicarlo lo máximo posible".
Aguayo estaba apostado en Alemania cuando escapó por una ventana
de la base, antes de iniciar una segunda misión en Iraq. Sus
comandantes le dijeron que lo enviarían a territorio iraquí aunque
tuvieran que esposarlo, alegó.
Cientos de soldados contrarios a la guerra están ausentes sin
permiso en Canadá. Unos pocos solicitaron asilo públicamente, y hace
unos días el primer soldado estadounidense que escapó a ese país
vecino se entregó en Fort Knox.
Darrell Anderson, condecorado con un Corazón Púrpura (medalla de
honor militar entregada en nombre del presidente de Estados Unidos)
por salvar a su unidad de una bomba al costado de la carretera en
Iraq, dijo haber desertado el año pasado porque ya no podía luchar
en lo que creía era una guerra ilegal.
"Siento que al resistir compensé los pecados que cometí en Iraq",
dijo Anderson durante una conferencia de prensa realizada poco antes
de entregarse.
En abril del 2004, relató Anderson, se le ordenó abrir fuego
contra un automóvil lleno de civiles inocentes. El auto había
acelerado al pasar un puesto de control militar, y su comandante le
dijo que era un procedimiento del ejército disparar sobre cualquier
vehículo que siguiera de largo en estos puestos. Anderson rechazó la
orden.
"Hechos como ese siguieron ocurriendo, hasta que un día vi a un
par de mis compañeros alcanzados por las balas", dijo al programa
Democracy Now de la radioemisora Pacifica, "y apreté el gatillo
mientras apuntaba a un niño inocente. Pero mi arma estaba con el
seguro puesto, me di cuenta de lo que estaba haciendo y de que no
importa cuán bueno crees que eres, cuando estás allí y el diablo
está por dominarte, vas a matar personas".
Anderson regresó de Iraq emocionalmente herido, con un severo
estrés postraumático. Cuando su unidad regresó a casa, él escapó a
Canadá antes de tener que volver al frente. Permaneció allí hasta
que su madre, Anita Dennis, lo recogió en Toronto y lo condujo de
regreso al centro-oriental estado de Kentucky. Ella aseguró que fue
un viaje difícil.
"En Iraq, él circulaba en vehículos Humvee y tanques, con gente
disparándole todo el día", declaró Dennis a IPS. "Así que no se
siente bien en esos transportes y definitivamente no duerme en
ellos. Los soldados no pueden ir a dormir cuando están patrullando
la ciudad en busca de minas antipersonal y artefactos explosivos
improvisados".
Dennis agregó que coincide con su hijo en que la guerra de Iraq
está mal desde el punto de vista moral.
"Nuestros soldados los están encarcelando", continuó. "Cuando
llevamos gente a (la prisión de Bagdad) Abu Ghraib no informamos a
sus familias. Darrell relató que ellos se llevaban a hombres y
muchachos, y sus esposas y hermanas nunca sabían lo que ocurría
durante semanas. Nosotros estaríamos indignados si eso ocurriera en
Estados Unidos", dijo Dennis.
Helga Aguayo, mientras tanto, intenta reunir suficiente dinero
para volar a Alemania y testificar en el juicio a su esposo.
Mientras trabaja, vive en la casa de sus padres, en Los Ángeles,
junto a sus mellizas de 10 años.
"No somos una familia rica", dijo. "Nuestros parientes trabajan
duramente. Hay un fondo de defensa y también un fondo para ayudar a
mi familia con los gastos, y yo espero poder viajar para ver a mi
marido y testificar. Me dijeron que eso es crucial".
"Este hombre está defendiendo su conciencia", agregó. "Si su
familia no está allí para respaldarlo, será un gran golpe para su
defensa".