(23 de octubre de 2006)

Estados Unidos-Iraq

Cada vez más soldados desertores

Aaron Glantz

En los registros del ejército de Estados Unidos hay entre 8 000 y 10 000 soldados con paradero desconocido. Se ignora cuántos de ellos escaparon del servicio por no querer combatir en Iraq.

Cada vez son más los que desertan para evitar la guerra y la muerte.

Uno de ellos, que se ausentó sin permiso del servicio por oponerse a la guerra, fue encarcelado en la prisión estadounidense de Mannheim, en Alemania, a la espera de que se tramite su apelación en Washington, en noviembre.

El arresto de Agustín Aguayo, de 34 años, acontece menos de una semana después de que se presentara en Fort Irwin, en el desierto californiano de Mojave, tras haberse escondido desde septiembre.

Como objetor de conciencia, Aguayo pidió ser eximido en febrero del 2004, apenas un año después de haber comenzado su servicio en el ejército y cuando había sido enviado por primera vez a Iraq.

Su solicitud fue rechazada por el Departamento de Defensa en el 2005 y Aguayo apeló ante tribunales federales en Washington, que atienden los casos del personal militar desplegado fuera del país.

"Dijeron que permitirían que me llamara (desde Alemania), lo que sería magnífico, pero no ha ocurrido", dijo a IPS su esposa, Helga Aguayo. "En Fort Irwin afirmaron que él se comunicaría y que yo podría telefonearlo, pero ni lo uno ni lo otro se ha hecho realidad. Creo que están tratando de incomunicarlo lo máximo posible".

Aguayo estaba apostado en Alemania cuando escapó por una ventana de la base, antes de iniciar una segunda misión en Iraq. Sus comandantes le dijeron que lo enviarían a territorio iraquí aunque tuvieran que esposarlo, alegó.

Cientos de soldados contrarios a la guerra están ausentes sin permiso en Canadá. Unos pocos solicitaron asilo públicamente, y hace unos días el primer soldado estadounidense que escapó a ese país vecino se entregó en Fort Knox.

Darrell Anderson, condecorado con un Corazón Púrpura (medalla de honor militar entregada en nombre del presidente de Estados Unidos) por salvar a su unidad de una bomba al costado de la carretera en Iraq, dijo haber desertado el año pasado porque ya no podía luchar en lo que creía era una guerra ilegal.

"Siento que al resistir compensé los pecados que cometí en Iraq", dijo Anderson durante una conferencia de prensa realizada poco antes de entregarse.

En abril del 2004, relató Anderson, se le ordenó abrir fuego contra un automóvil lleno de civiles inocentes. El auto había acelerado al pasar un puesto de control militar, y su comandante le dijo que era un procedimiento del ejército disparar sobre cualquier vehículo que siguiera de largo en estos puestos. Anderson rechazó la orden.

"Hechos como ese siguieron ocurriendo, hasta que un día vi a un par de mis compañeros alcanzados por las balas", dijo al programa Democracy Now de la radioemisora Pacifica, "y apreté el gatillo mientras apuntaba a un niño inocente. Pero mi arma estaba con el seguro puesto, me di cuenta de lo que estaba haciendo y de que no importa cuán bueno crees que eres, cuando estás allí y el diablo está por dominarte, vas a matar personas".

Anderson regresó de Iraq emocionalmente herido, con un severo estrés postraumático. Cuando su unidad regresó a casa, él escapó a Canadá antes de tener que volver al frente. Permaneció allí hasta que su madre, Anita Dennis, lo recogió en Toronto y lo condujo de regreso al centro-oriental estado de Kentucky. Ella aseguró que fue un viaje difícil.

"En Iraq, él circulaba en vehículos Humvee y tanques, con gente disparándole todo el día", declaró Dennis a IPS. "Así que no se siente bien en esos transportes y definitivamente no duerme en ellos. Los soldados no pueden ir a dormir cuando están patrullando la ciudad en busca de minas antipersonal y artefactos explosivos improvisados".

Dennis agregó que coincide con su hijo en que la guerra de Iraq está mal desde el punto de vista moral.

"Nuestros soldados los están encarcelando", continuó. "Cuando llevamos gente a (la prisión de Bagdad) Abu Ghraib no informamos a sus familias. Darrell relató que ellos se llevaban a hombres y muchachos, y sus esposas y hermanas nunca sabían lo que ocurría durante semanas. Nosotros estaríamos indignados si eso ocurriera en Estados Unidos", dijo Dennis.

Helga Aguayo, mientras tanto, intenta reunir suficiente dinero para volar a Alemania y testificar en el juicio a su esposo. Mientras trabaja, vive en la casa de sus padres, en Los Ángeles, junto a sus mellizas de 10 años.

"No somos una familia rica", dijo. "Nuestros parientes trabajan duramente. Hay un fondo de defensa y también un fondo para ayudar a mi familia con los gastos, y yo espero poder viajar para ver a mi marido y testificar. Me dijeron que eso es crucial".

"Este hombre está defendiendo su conciencia", agregó. "Si su familia no está allí para respaldarlo, será un gran golpe para su defensa". (IPS)

   

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