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(11 de octubre de 2006)
Europa, ¿Primer Mundo?
FREI BETTO
¿Europa Occidental ya alcanzó el techo de su bienestar? ¿Cuál es
el futuro de un viejo continente que ya no produce ciencia y
tecnología y transfiere sus industrias a países pobres en los que la
mano de obra es más barata? La impresión es que Europa se estancó.
Que solo se preocupa por preservar su confort. Que perdió la ilusión
de la utopía, el vigor intelectual, la densidad de la fe. ¿Qué se
hizo de los valores cristianos en esa sociedad que exalta la
competitividad por encima de la solidaridad, y que invierte millones
en biogenética y cosméticos, indiferente al sufrimiento de cuatro
mil millones de seres humanos que, según la ONU, viven por debajo de
la línea de la pobreza?
En
la culta Europa persiste el racismo.
¿Por qué causan tanto miedo los inmigrantes? ¿Son terroristas en
potencia? ¿Quién colonizó sus tierras y chupó sus riquezas minerales
y naturales, dejando tras de sí un rastro de miseria y dolor? ¿Por
qué Europa Occidental mira a América Latina a través de la óptica
del prejuicio? ¿Chávez y Morales no fueron elegidos, como Lula,
democráticamente? ¿Por qué ustedes, los europeos, no se levantan
contra el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba y el uso de la
base naval de Guantánamo como cárcel clandestina de supuestos
terroristas?
¿Por qué los templos católicos europeos parecen acoger más
turistas que fieles? El futuro del cristianismo, ¿estará acaso en
movimientos que exigen al fiel privarse de su conciencia crítica,
abrazar el puritanismo y una espiritualidad típica de fermento fuera
de la masa? ¿Por qué se movilizan tantos europeos contra
enfermedades (SIDA, cáncer), accidentes (de tránsito y de trabajo) y
violencias (terrorismo, guerras, homicidios), pero se muestran
indiferentes ante el principal factor de muerte precoz, el hambre?
¿Por qué los europeos parecen preferir la seguridad a la libertad
y son tan condescendientes con la política agresiva del gobierno de
los Estados Unidos, que busca la paz mediante la imposición por las
armas? ¿Por qué no prefieren la propuesta de Isaías, de construir la
paz como fruto de la justicia (32,17)?
¿Qué futuro desean los cristianos europeos para Europa y para el
mundo? ¿El perfeccionamiento del sistema capitalista u otro mundo
posible? ¿Qué signos se dan hoy de solidaridad efectiva de los
cristianos europeos con los pobres de África, de Asia y de América
Latina?
RAÍCES INDÍGENAS
Es un error considerar a América a partir de los últimos 500
años. Más que los vestigios dejados por la colonización ibérica, es
el pasado de Amerindia lo que mejor traduce nuestra identidad.
Relegar al olvido las raíces indígenas de América es una manera
cínica de tratar de encubrir el genocidio cometido por la empresa
colonizadora. Si hay una realidad trágica en la que cabe emplear
acertadamente el término "holocausto" es en América. Durante el
primer siglo de la colonización fueron asesinados millones de
indígenas. En nombre de la civilización y de la "fe cristiana".
En el mensaje de los obispos del Brasil en ocasión de los 500
años de evangelización, ellos reconocen que "la nación brasileña" no
puede identificarse solo con sus últimos 500 años de historia.
Cuando llegaron aquí, los portugueses encontraron habitantes en
estas tierras, una multiplicidad de pueblos, de orígenes y de
lenguas diversas.
Los pueblos indígenas tuvieron una influencia importante y activa
en la formación del pueblo brasileño, aunque ella sea poco conocida
y reconocida por la mayoría de los brasileños de hoy, que a veces
todavía mantienen una actitud despreciativa hacia los indios. Por el
contrario, queremos recordar y reafirmar: hace ahora 500 años que el
Evangelio de Jesucristo llegó a nuestras tierras. Pero ya había una
presencia del Dios vivo entre los pueblos que habitaban aquí. El
mensaje cristiano iluminó más claramente los signos de la presencia
de Dios en las criaturas y reforzó, por la ley del amor fraterno, la
conciencia moral y las virtudes tradicionales de los pueblos
indígenas.
Mucho más graves que las dificultades que todavía hoy persisten
en lo tocante al reconocimiento de los derechos de los pueblos
indígenas son las violaciones de esos derechos realizadas por los
conquistadores lusitanos, llegando al exterminio de una parte
relevante de dichas poblaciones.
El etnocentrismo europeo, todavía ahora, impide que América sea
reconocida en su identidad, en su cultura, en sus valores. Hubo,
desde luego, excepciones laudables, como Bartolomé de las Casas,
Antonio de Montesinos, Pedro de Córdoba, Padre Vieira y otros. Pero
la postura de estos da la impresión de que es poco comprendida por
los europeos y por aquellos que, en América, tienen una mentalidad
europeizada.
En el siglo 16 Europa ya había asimilado a Aristóteles y, en
efecto, había puesto fundamentos racionales a la teología (Tomás de
Aquino) y a la política (Maquiavelo). Como todo punto de vista es la
vista a partir de un punto, los europeos encararon su actuación en
el Nuevo Continente mediante la óptica del prejuicio. No fueron
capaces de captar la consistencia y la profundidad del saber
indígena, las dimensiones teológica y pastoral de sus creencias, los
avances civilizatorios (comparables a los europeos) de las
comunidades urbanas. Lo diferente apareció como divergente, lo
extraño como amenazador, lo inusitado como maldición. Hasta el punto
de que los teólogos europeos se llegaron a preguntar si los
indígenas tenían alma, para así justificar el genocidio (Ginés de
Sepúlveda), pues se sabía que practicaban el canibalismo.
Ahora bien, en Francia, el día de San Bartolomé de 1572, Jean de
Léry, quien vivió en Brasil entre 1556 y 1558, presenció escenas de
canibalismo que superaban lo que había visto entre nuestros indios.
En su "Histoire un voyage fait en la terre du Brasil", publicado en
1578, describe haber presenciado subastas, en Lyon y en Auxerre,
donde se vendían el sebo humano y el corazón asado a las brasas de
las víctimas protestantes del fundamentalismo católico.
Al menos la antropofagia de los indios era un ritual. Por lo cual
escribe: "Lo que se practica entre nosotros. En buena y sana
conciencia creo que exceden en crueldad a los salvajes. Entre otros
actos de horrenda recordación, ¿no fue el sebo de las víctimas
masacradas en Lyon mucho más bárbaramente que lo que hacían los
salvajes, vendido en pública subasta y adjudicado al mejor postor?
El hígado y el corazón, y otras partes del cuerpo de algunas
personas, ¿no fueron comidos por furiosos asesinos, de lo que se
horrorizan los infiernos? No abominemos mucho, pues, de la crueldad
de los salvajes antropófagos".
¿EUROPA CIVILIZADA?
Se habla del atraso de América Latina, de la pobreza que condena
a una vida indigna a cerca de 200 millones de habitantes, de un
total de 500 millones, de las masacres de campesinos en Guatemala y
de los niños de la calle en Brasil. ¿Pero qué representa eso ante la
mortandad de las dos grandes guerras mundiales, que tuvieron a
Europa como escenario, el lastre de miseria y genocidio dejado por
los europeos en sus antiguas colonias de África, o las actuales
relaciones comerciales injustas entre el Norte y el Sur del mundo?
No hay nadie más culto que otro, enseña Paulo Freire. Existen,
sí, culturas distintas, paralelas y socialmente complementarias. El
saber de un teólogo es un patrimonio tan importante como el de una
cocinera. La diferencia está en que la escolaridad del primero le
otorga una excelencia que el prejuicio social niega a la mujer de la
cocina. Sin embargo, es bueno recordar que ella es capaz de vivir
sin el saber del teólogo, pero este no sobrevive sin la cultura
culinaria de ella.
Hay otro principio pedagógico que Europa no ha sido capaz de
absorber: la cabeza piensa dónde pisan los pies. O sea, el mismo ojo
teológico no enfoca del mismo modo la misma realidad, si mantiene
los pies en el mundo del colonizador o en el mundo del colonizado.
Las Casas quizás no hubiera sido capaz de reconocer la dignidad de
los indígenas si de adolescente no hubiese convivido en Sevilla con
el joven indio que su padre, piloto de Colón, le trajo como regalo
del Caribe.
El eurocentrismo es la enfermedad senil de una cultura que se
apartó de la realidad y, por tanto, cuyo universo está colocado por
encima de la vida real. Fue en la Alemania de Kant, de Beethoven y
Einstein donde Hitler encontró el caldo de cultivo que desembocó en
las atrocidades del nazismo. Portugal tuvo a Salazar, Italia a
Mussolini, España a Franco: todos ellos con las bendiciones
cómplices de la Iglesia Católica. Y hoy, ¿puede decirse que Europa
Occidental es el espacio por excelencia de la democracia? ¿Por qué
Europa mira con tanta suspicacia a Cuba —cuyos avances en salud y en
educación fueron elogiados por Juan Pablo II en su viaje de 1998—,
así como a los gobiernos de Chávez, en Venezuela, y de Morales, en
Bolivia, apoyados por una amplia mayoría de la población? Tony Blair,
con su respaldo a la agresión imperialista de Bush —en Afganistán,
en Iraq y en el Líbano— ¿es ejemplo de democracia? Y la indiferencia
de los gobiernos europeos ante el deterioro de las condiciones
sociales, económicas y políticas de África, ¿es ejemplo de
democracia? ¿Cómo hablar de democracia cuando los extranjeros son
considerados intrusos y los musulmanes terroristas virtuales?
(Tomado de Alai Amlatina) |