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(25 de julio de 2006)
Bayamo siempre
RICARDO ALARCÓN DE
QUESADA
Hay
algo en el Informe aprobado por Bush el 10 de julio tan evidente y
reiterativo que no han podido pasarlo por alto ni los medios de
comunicación más obedientes al imperio: el empeño por fabricar,
dirigir y financiar dentro de Cuba a los grupos mercenarios a su
servicio.
Tras recordar, en la
página 14, que esa era una de las directrices principales del Plan
Bush de mayo del 2004 —"dar más apoyo directo del gobierno de
Estados Unidos a esos grupos dentro de la Isla"—, la reafirma
y hasta la califica, como "el sólido cimiento" de las "medidas
adicionales" para "apresurar el fin" de la Revolución cubana.
Entre la página 19 y la
22 el Informe precisa que este año y el próximo dedicarán 80
millones de dólares a ese propósito y se explaya en detalles:
aclara una y otra vez que son recursos del Gobierno norteamericano;
que los entregará directamente a sus destinatarios en Cuba; que no
solo pagará a sus mercenarios sino que además los entrenará y les
suministrará equipos y materiales; y por si fuera poco lo anterior,
menciona a algunos de sus asalariados con nombres y apellidos.
Esto es lo que aparece
en la porción del Informe que han divulgado. No olvidemos lo más
importante, que es la parte secreta, cuya extensión y contenido
nadie conoce, la que incluye otras medidas que se mantienen ocultas "por
razones de seguridad nacional y para su efectiva implementación".
De ese programa secreto lo único que se sabe es que Bush lo aprobó
el 10 de julio del 2006 en una reunión del Consejo de Seguridad
Nacional realizada en horas de la mañana de ese día. Cualquiera
está obligado a suponer lo peor. Basta con recordar la abultada
historia de acciones encubiertas contra Cuba para suponer que sus
planes esconden más terrorismo, sabotajes, asesinatos y operaciones
militares en las cuales, como prueba una experiencia de medio siglo,
piensan utilizar también a mercenarios.
La política
norteamericana hacia Cuba ha sido invariable desde Enero de 1959
hasta hoy. La sustancia no ha cambiado. Siempre ha tenido un rostro
público, cargado de retórica mentirosa que trata de ocultar la
realidad, el sufrimiento y el dolor que premeditadamente, con fría
maldad, causa a nuestro pueblo.
Con el tiempo, lenta y
dificultosamente, los planes secretos trascienden a la luz, al menos
una parte que aunque sea limitada y con ángulos que nunca son
revelados, permite comprender la naturaleza genocida de esa
política.
Hubo que esperar hasta
1991 para conocer documentos oficiales en los que los gobernantes
estadounidenses reconocían que era eso, exactamente, un genocidio,
lo que desataron contra Cuba desde el triunfo de la Revolución.
En un informe interno,
fechado el 22 de junio de 1959, en el que analizaba la supresión de
nuestra cuota azucarera, una de las primeras medidas que adoptaron,
el Departamento de Estado reconocía cuál era su propósito: "la
industria azucarera sufriría rápidamente una caída abrupta y
causaría un desempleo generalizado. Grandes cantidades de personas
quedarían sin trabajo y comenzarían a pasar hambre".
Otro documento, del 6 de
abril de 1960 y que lleva la firma aprobatoria de su jefatura,
reconoce que "la mayoría de los cubanos apoyan a Castro... el
único modo previsible de restarle apoyo interno es a través del
desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y
las dificultades materiales... hay que emplear rápidamente todos
los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba...
negarle dinero y suministros a Cuba para reducirle sus recursos
financieros y los salarios reales, provocar el hambre y la
desesperación y el derrocamiento del Gobierno".
Desde entonces,
sistemáticamente, con ensañamiento, la guerra económica se ha
extendido e intensificado. Una medida tras otra, un Plan agregado al
anterior, hasta culminar con la Ley Helms-Burton, en 1996, que
establece que el bloqueo seguirá hasta que los cubanos hayamos "devuelto"
a quienes las reclaman supuestas propiedades, incluyendo todas las
viviendas, y las tierras y hayamos perdido también la independencia
y soberanía nacionales.
El Plan anexionista del
2004 no hace otra cosa que exponer, hasta el último detalle, cómo
aplicarían esa Ley poniendo énfasis en los desahucios y desalojos,
la privatización completa de la economía, la eliminación de los
sistemas de salud, educación y seguridad social y en describir
puntillosamente el "futuro" régimen de ocupación yanki. El Informe
de julio del 2006 ratifica ese Plan y le agrega algunas medidas
adicionales que he ido analizando para los lectores de Granma.
Otra línea integra la
política de Washington desde el primer día: la creación de una
quinta columna que le sirva de instrumento. A su fabricación,
organización y dirección están dedicados muchos de los documentos
que fueron secretos, pero que ya son de dominio público, donde
aparece bastante información sobre lo que en Washington llaman el
Programa Cuba.
En febrero de 1998 la
CIA desclasificó un informe redactado por el General Kirkpatrick,
quien fuera Inspector General de la Agencia. El propósito de ese
documento era evaluar dicho Programa. Kirkpatrick precisa que el
Programa Cuba fue iniciado en la primavera de 1959 con el propósito
de "fabricar una oposición dentro de Cuba alimentada con
asistencia clandestina externa y organizar una oposición desde el
exterior que sirva de cobertura a las actividades de la Agencia".
Para el General norteamericano esa era la "sustancia principal" de
un Programa que no ha dejado de existir desde entonces, algunos de
cuyos componentes —obviamente los que no son secretos— pueden
encontrarse en los sitios de Internet y en otras publicaciones
oficiales de Estados Unidos.
Al proclamar su Plan
anexionista en el 2004 y referirse a sus esfuerzos para "fabricar"
esa llamada "oposición", Bush los calificó como "la piedra
angular de nuestra política para acelerar y ponerle fin" a la
Revolución. En el Informe de julio del 2006 pisa el acelerador y
ahora habla de "apresurar o precipitar el fin".
Por una parte el "hambre
y la desesperación" se las quieren imponer a un pueblo entero, por
la otra el salario vergonzante y el apoyo material para un puñado
de traidores y algunos farsantes de otros países que también son
pagados por el presupuesto norteamericano.
El Informe que acaban de
divulgar en Washington es en ese sentido, esencialmente, la
continuación de la misma política. Pero esta vez el cinismo
desborda cualquier límite. El cinismo y la indecencia.
Más recursos para sus
agentes, ninguno para el pueblo cubano ni para sus iglesias y sus
asociaciones fraternales; equipos para los traidores que facilitan
su labor genocida, pero no para los hospitales que devuelven la
vista, la salud y la vida; apoyo material para los mercenarios,
amenazas, castigos y hasta la cárcel para quienes busquen el
reencuentro familiar.
Esos son los "sólidos
cimientos" de la política anticubana de Bush. Suponer que con tal
política pueda derrotar a los cubanos implica ser muy ignorante,
sea dicho con el respeto que merecen otros ignorantes.
Los cimientos de la
nación cubana sí son sólidos y profundos. Sobre su base
inconmovible los cubanos hemos levantado una Patria que ningún
mequetrefe, por poderoso que crea ser, podrá destruir jamás. Tiene
raíces muy firmes que calan en lo hondo de la hazaña de varias
generaciones.
Nuestros cimientos, esos
sí verdaderamente sólidos, están allá en la heroica provincia de
Granma donde habremos de celebrar este miércoles el 26 de Julio. Al
hacerlo celebraremos también el 10 de Octubre, el 24 de Febrero y
tantas otras fechas gloriosas que jalonan la historia de un pueblo
que ni se rinde ni se vende.
Donde comenzó a andar
la nación cubana y nació nuestra Revolución, está y estará
siempre Bayamo, ahora más hermosa que nunca, la primera capital,
que los cubanos prefirieron reducir a cenizas antes que entregarla
al enemigo. Mientras alzaban la tea incendiaria, nuestros abuelos
proclamaban ayer, como nosotros hoy y nuestros hijos y nietos
mañana, la consigna que sintetiza la vida de este pueblo:
Independencia o Muerte.
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