(6 de junio de 2006)

El infierno en la Florida

JOAQUÍN RIVERY TUR
rivery@granma.cip.cu 

La imagen de un individuo en una calle de la gran urbe de Nueva York, tapado con unos periódicos o cartones en medio de un invierno crudo, donde los altos edificios y las personas que le pasan por el lado son más fríos que el viento cortante procedente del Septentrión, refleja solamente una de las aristas podridas de Estados Unidos.

Por fuera parece una institución aceptable. Dentro reina el infierno.

Lo que sigue, lo acaba de publicar El Nuevo Herald en su versión digital; es un libelo de Miami no muy dado a criticar, pero a veces imposibilitado de ocultar. Ocurrió en la Florida, el estado del sol y las playas, el sitio turístico por excelencia en Estados Unidos. El título: "Califican a hospital de amenaza a la salud".

La noticia eriza los pelos. "Uno de los pacientes murió después que se le colocaron ataduras en los pies y las manos y le dieron varios medicamentos [tranquilizantes] que se usan como `ataduras químicas', aunque el informe del estado no concluyó que esas acciones condujeron a la muerte del paciente".

Era un anciano enfermo mental que estaba atado de pies y manos a la cama. El hospital se denomina Aventura.

No fue posible esconder la situación en la inspección oficial que se hizo al centro porque, además, había otros cuatro ancianos dementes amarrados en condiciones similares.

El jefe del estado de la Florida es Bush, Jeb Bush, el gordito hermanito de George W. Para los dos no debe de haber mucha diferencia entre los ametrallamientos de civiles iraquíes y el corte de los fondos para los servicios médicos que les hacen falta para tratar de tapar un poco el gran hueco del déficit fiscal provocado por dos acciones concretas: la rebaja brutal de los impuestos a los ricos y los gastos de la guerra en Iraq.

En Estados Unidos, los Bush parecen barberos queriendo pelar al cero los gastos sociales, especialmente los dedicados a la salud de la población de menores ingresos. Por tanto, los programas de auxilio médico a la población van a reducirse de todas maneras, aun cuando ya se venían rebajando.

Hace algo más de un año, el reverendo Jesse Jackson revelaba la entraña real del gobierno de Washington al decir: "Durante los últimos cuatro años, en EE.UU., la pobreza ha aumentado en un 14%. Hoy, uno de cada ocho estadounidenses vive en la pobreza; uno de cada cinco niños. El número de norteamericanos sin seguro de enfermedad —más de 45 millones, y en alza— ha batido un nuevo récord. Cada día son más los que pasan hambre.

"Incluso Start, el programa de alfabetización para los niños más necesitados, será eliminado. Se reducirán las ayudas para la calefacción doméstica de los ancianos vulnerables. Los veteranos tendrán que pagar una `cuota de usuario' de 250 dólares, si quieren utilizar la asistencia sanitaria. Los vales para alimentos se reducirán en más de 1 000 millones de dólares en cinco años. La atención médica para los pobres, los discapacitados, los ancianos y los jóvenes —Medicaid— sufrirá un recorte drástico de 44 000 millones de dólares a lo largo de 10 años."

En Miami, encima del desastre del hospital —allí a cada rato surge algún caso de corrupción, de abandono, de violaciones de leyes por los que deben aplicarla— ofrecían esta Aventura por lo más tenebroso de las películas de horror de Hollywood, como si provocaran poco miedo ya los recortes gubernamentales a los planes de salud que atienden a los ancianos.

Imagínese usted que el primer párrafo del artículo comienza así: "Censurándolo por atar a la cama a pacientes ancianos y mentalmente incapacitados, los reguladores estatales ordenaron al Hospital Aventura que no admitiera más pacientes, a no ser de emergencia".

¡Debieran de haberlo cerrado completamente!, pero todavía le permiten recibir a enfermos en estado de emergencia. El informe médico del estado que dirige el hermanito (Jeb Bush), por supuesto, no llegó a la conclusión de que esas acciones llevaron al paciente a la muerte. Así es la medicina de los pobres. Allí van únicamente los de las capas de ingresos más bajas.

Para llegar a deducir que el centro asistencial era un desastre y constituía una amenaza para la salud, la comisión de la Agencia para la Administración de Cuidados para la Salud tuvo que ver a cinco enfermos atados a las camas, ¡y no lo cerró!

   

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