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(9 de mayo de 2006)
La ruta infernal al "paraíso"
ORLANDO ORAMAS LEÓN
La odisea comienza bien
lejos de la frontera de Estados Unidos, desde donde se irradian las
bondades del "american way", por el cual "usted sí puede tener un
Buick", o simplemente llegar con las manos vacías y devenir
millonario.
Viajan en vagones cerrados o contenedores, donde muchos mueren asfixiados.
El caldo de cultivo
tiene raíces profundas y extendidas en la pobreza y marginación
que padecen millones de latinoamericanos, en particular
centroamericanos y mexicanos, los más próximos, pero también más
esquilmados por las despiadadas leyes no escritas del
neoliberalismo.
Las fronteras nacionales
se abren en la región a las transnacionales, aquellas que venden el
frijol subsidiado más barato, o la tortilla de maíz precocida,
para dejar en la estacada a familias enteras.
Bajo tales premisas la
emigración se convierte en una necesidad de sobrevivencia, incluso
cuando las ciudades de América Central se pueblan de exiliados
económicos, ejércitos enteros de desempleados o subempleados.
Otra razón más para
soñar el sueño americano, importado con la cultura avasalladora de
timbres, metales, letras, filmes y otras manifestaciones para
apuntalar un imperio hegemonizante, decadente, pero imponente por la
fuerza de sus armas y recursos.
VIA CRUCIS AL "PARAÍSO"
Para mexicanos y
centroamericanos no está vigente, ni mucho menos, la Ley de Ajuste
Cubano, que otorga pasaporte de muerte a quienes se aventuran en las
aguas del estrecho de la Florida, aun cuando decide a "discreción"
entre quienes llegan con pies secos o mojados.
Centroamericanas y mexicanas cada vez se aventuran más a cruzar ríos o desiertos.
Pero al igual que ocurre
con los de la mayor de las Antillas, la ruta hacia Estados Unidos
desde los países del área resulta otra forma de trata humana, en
la que no pocos pierden la vida.
Hace unos días la
agencia EFE trajo la noticia: al menos 10 indocumentados murieron y
otros 13 resultaron heridos en un accidente registrado en una
carretera del sur mexicano.
El percance tuvo lugar a
la altura del puente de Chiapas, al impactar de frente dos camiones
con tráiler, en uno de los cuales viajaban de manera ilegal 85
centroamericanos.
Para la mayoría de
ellos la arrancada tuvo lugar en las terminales de autobuses de San
Salvador, Tegucigalpa, Ciudad Guatemala u otras localidades
fronterizas de la nación del quetzal. Allí contactan a los "polleros"
o "coyotes", a quienes pagan sumas que sobrepasan los 2 000
dólares.
De la mano de los
traficantes están las autoridades policiales, que juegan con la
vida de los indocumentados. Viajan hacinados muchas veces en
contenedores cerrados, en los que permanecen hasta varios días
mientras se última el "negocio" con la policía, autoridades
federales o de inmigración, como denuncia por estos días la propia
prensa mexicana.
El drama es todavía
mayor cuando cada vez más entre los que se arriesgan hay mujeres,
no pocas embarazadas, con sus hijos a cuestas. Ya se hace regla que
ellas tomen píldoras anticonceptivas ante las frecuentas
violaciones y vejámenes de las que son víctimas.
Algunas incluso
consideran la violación como una forma de pagar para cruzar la
frontera, como dijo a AP Teresa Rodríguez, directiva regional del
Fondo de Desarrollo de la ONU para la Mujer.
Antes cruzaban
mayoritariamente los hombres. Luego mujeres para reunirse con sus
maridos. Ahora el refuerzo de los controles y las medidas de
seguridad impuestas por Estados Unidos obligan a que ellas se
aventuren con sus pequeños, en el propósito de conseguirles un
futuro mejor.
Los patrullajes
fronterizos, en los que participan incluso grupos paramilitares, y
el muro levantado por Washington, les dejan pocos resquicios, en
particular en zonas desérticas, por donde deben caminar durante
varios días, muchas veces abandonadas por los guías.
Un tercio de las
deportaciones que Estados Unidos hace a México son mujeres. Eso
quiere decir que el país azteca está perdiendo su potencial
reproductivo y que para muchas de las féminas mexicanas la
situación nacional es asfixiante.
De las deportadas es
elevado el promedio de las que afirman que volverán a intentar la
travesía, incluso bajo el riesgo de ser violadas, maltratadas o
morir. Es la ruta infernal al "Paraíso", donde millones de
indocumentados marcharon el primero de mayo por sus derechos.
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