Perú: Semana por y contra el TLC con Estados Unidos

Las intenciones del presidente Alejandro Toledo de pisar el acelerador para una pronta firma del acuerdo no tienen ni por asomo su mayor lastre en Estados Unidos o Ecuador: son conciudadanos los que, en un carro que no quieren montar, le sirven de freno

Alberto Salazar

Lima, 24 de septiembre (PL).— Las contrapuestas posiciones de la sociedad peruana respecto a la eventual firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, quedaron evidenciadas con singular nitidez en la semana que concluye.

De una parte, el presidente Alejandro Toledo evidenció estar dispuesto a cumplir su consigna de rubricar el acuerdo "sí o sí".

Fue con instrucciones de ese corte que envió un nutrido equipo a la XII Ronda de Negociaciones del TLC, con sede en la ciudad colombiana de Cartagena del 19 al 23 de los corrientes.

Por la otra banda, diversos sectores de la vida nacional traslucieron su decisión de hacer valer su protesta de "TLC, íAsí no!".

Fue con ese ánimo que el jueves 22 efectuaron marchas y actos que constituyeron una contundente protesta de relieve nacional, algo así como su propia Ronda de Anti-Negociaciones del TLC.

De hecho, los designios de Toledo de fijar cuanto antes los términos del acuerdo libre-comercial reencontró en Cartagena un incómodo obstáculo: la posición de Estados Unidos en ciertos temas.

"Inflexible": así calificó el jefe del equipo negociador peruano, Pablo de la Flor, la postura de la delegación norteamericana, en particular en la mesa que trató el delicado tema de la propiedad intelectual.

Los andinos mantuvimos nuestra posición de proteger por tres años los datos de prueba para la protección de medicamentos y agroquímicos, pero Estados Unidos insistió en plazos respectivos de cinco y 10 años, dijo De la Flor.

El tema es de altísima sensibilidad porque según los críticos del TLC, si Washington impone sus pautas el precio de los medicamentos en los países andinos se situará en cotas inalcanzables para grandes masas ciudadanas.

Y agregan que bajo aquellas condiciones Estados Unidos tendría armas más que suficientes para asaltar el inmenso banco biogenético que atesora la nación sudamericana.

Mas no fue sólo la "inflexibilidad" norteamericana lo que de cierto modo frenó el proceso: Ecuador —que junto a Perú y Colombia negocia en bloque el TLC frente a Estados Unidos— fue a Cartagena con menos prisa que la deseada por Toledo.

Los temas de la propiedad intelectual y de la agricultura —junto al declarado rechazo de los ecuatorianos al tratado— han hecho que el presidente Alfredo Palacio piense en ritmos más acompasados que su colega peruano.

Tanto es así, que éste anunció una pronta visita a Quito para "evaluar" con Palacio "la necesidad de acelerar las negociaciones del TLC".

Pero las intenciones de Toledo de pisar el acelerador para una pronta firma del acuerdo no tienen ni por asomo su mayor lastre en Estados Unidos o Ecuador: son conciudadanos los que, en un carro que no quieren montar, le sirven de freno.

En la jornada del 22 de septiembre, miles de peruanos respondieron de forma contundente al "sí o sí" del mandatario.

Las principales plazas de todas las ciudades y pueblos del país fueron escenarios de concentraciones y mítines en los que representantes de diversos sectores expresaron su sentir hacia el TLC.

En Lima, cientos de manifestantes transitaron por varias avenidas portando carteles y gritando consignas contra el acuerdo, hasta desembocar en la Plaza Washington, justo frente a la residencia del embajador norteamericano.

Valiéndose de megáfonos o a viva voz, varios oradores señalaron las nefastas consecuencias económicas y sociales que para el país comportaría la rúbrica del acuerdo.

Entre los oradores, el presidente de la Convención Nacional del Agro Peruano, Luis Zúñiga, acusó de entreguismo al actual gobierno y lo instó a dejar en manos del próximo la negociación del TLC con la seguridad que peor no lo haría.

Juan José Gorriti, secretario general de la Central General de Trabajadores del Perú, subrayó por su parte que en los términos que se plantea el tratado, éste empeorará la ya penosa situación de las clases más desposeídas.

Por lo regular las marchas transcurrieron pacíficamente, salvo en algunas regiones donde la indignación de los manifestantes los llevó a bloquear carreteras o caminos.

Molesto con quienes se empeñan en agotarle los plazos en que aspira a dar curso al TLC —octubre o noviembre de este año para cerrar negociaciones, enero o febrero de 2006 para firmarlo—, Toledo dijo que "se la seguirá jugando entero" al tratado.

De la otra banda, sin dudas, hay muchos que también están dispuestos a jugárselas todas.

 

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